#PorLasNiñas: La lección de los niños de las candelas imagen

“Fueron 35 verdad”, me dice otro. De repente me vi rodeada de cuatro niños, el más pequeño tenía cinco años y el mayor once.

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Este país parece ponernos a prueba el corazón. Es viernes por la noche y decido ir al Parque Central de Huehuetenango para ver si las velas que dejaron al mediodía necesitan un poco de fuego, yo también necesito un poco de calor. Las noticias me tienen estrujado el corazón, para ese momento iban 37 niñas muertas que estaban bajo el resguardo de un hogar estatal, la historia ya nos la sabemos, pero el dolor no deja de pasar.

Veo por las redes sociales como mis amigos, conocidos y desconocidos se organizan para sentir juntos un poco de fuerza, solidaridad y empatía y me veo otra vez sola en esta lugar que se convirtió ciudad a la fuerza.

Cuando llego al parque veo que los universitarios dejaron casi medio centenar de candelas, la mayoría de ellas están apagadas y así decido sentarme en el suelo y prenderlas una a una a pesar que el viento las apague de inmediato, perfecta metáfora de cómo nuestro país nos apaga. No podemos deslumbrar un poco de luz porque la realidad nos acorrala como viento fuerte.

“¿Por qué está prendiendo velas?” dijo una pequeña voz. Lo volteo a ver sin dejar de hacer la tarea que yo misma me encomendé: “por que murieron muchas niñas en Guatemala y es algo muy triste”, le dije.

“Fueron 35 verdad”, me dice otro. De repente me vi rodeada de cuatro niños, el más pequeño tenía cinco años y el mayor once. Sus pequeños cuerpos no estaban en la misma proporción que la curiosidad de su edad. Estaban informados, aun así no comprendían pese a que repetían lo que habían escuchado en las noticias.

Me inundaron de preguntas y poco a poco trataba de responderles: “¿quiénes eran los culpables?”  “¿ya los capturaron?” “¿por qué las encerraron?” “¿por qué no hicieron nada?” “¿por qué quemaron los colchones?” “¿por qué no abrieron la puerta?” “¿Por qué?”

Ellos no lo sabían, yo también tenía las mismas preguntas… y ahí estábamos, en medio de decenas de personas, los cinco dedicados a las candelas y luchando contra el viento-la vida.



Las velas del Parque Central de Huehuetenango 

Giovani, Fernando, Antonio y Eduardo se idearon la mejor forma de avivar el fuego jugando con él. Acostaron las candelas en el suelo y unieron las mechas formando un círculo.

Dejaron de lado los cuadernos de la escuela que utilizan por la mañana y los paquetes de galletas que venden por la noche en el parque. Estaban muy pendientes de la hora, no querían perder el último bus que los llevaba a casa.

Hicieron una reverencia frente al fuego y se persignaron antes de retirarse, con la mayor muestra de respeto que he visto en los últimos días. Ellos me dieron una lección, el corazón sigue a prueba.

Relato escrito por:

Maríajosé España

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