Érase una vez una pandemia, el colectivo que contará historias humanas imagen

Un diario colectivo creado por un grupo de jóvenes que buscan inmortalizar las historias de las personas, de cómo están viviendo en este momento la crisis del COVID-19.

Las opiniones e imágenes de este artículo son responsabilidad directa de su autor.

Érase una vez una pandemia es un diario colectivo creado por un grupo de jóvenes que buscan inmortalizar las historias por medio de testimonios y fotografías de las personas, de cómo están viviendo en este momento la crisis del COVID-19, para recordar en cinco o diez años qué fue lo pasaba en ese entonces, cómo se vivió y cómo eran.

El colectivo ha reunido más de cien historias de guatemaltecos. Ha tenido una gran aceptación entre jóvenes y adultos, por ello han decidido llevar a cabo la segunda fase. En esta publicarán un libro con todas estos testimonios, también incluirán la realidad de las personas que se han quedado sin empleo, comida o techo, durante la pandemia.

La elaboración y el proceso del libro tomarán tiempo. Sin embargo, el colectivo hace un llamado a todas aquellas personas, médicos, periodistas, comunicadores y todo aquel que desea contribuir con fotografías que reflejen la realidad de los hospitales y familias afectadas que muy pocos conocen.

La impresión del libro podrá ayudar a las personas que han sido afectadas por el COVID-19. Si deseas contribuir a este proyecto que quedará guardado en la historia de lo que sucedió en Guatemala, pueden escribir al Instagram de @thememory_of_us.gt o al correo [email protected]

Aquí te presentamos algunas de las historias de vida que contendrá el libro:

Valeria Pizzillo, de 18 años:

“Jamás se me pasó por la mente que viviría algo histórico para la humanidad. Sé que hemos vivido cosas históricas, pero jamás algo tan inolvidable como esto. En esta pandemia hemos aprendido a ser: solidarios, pacientes, responsables y agradecidos. Al mismo tiempo, hemos visto llorar a tanta gente que sufre y que han dicho adiós a sus seres queridos”.

Luis Carlos Quintana, de 36 años:

“Una pausa a lo que llamábamos normalidad, es tiempo de agradecer, de reflexionar y de reinventarnos. Es momento de darnos cuenta de las cosas que realmente importan. Hagamos que cada instante de nuestra vida cuente y trabajemos para poder salir adelante”.

Quique Toledo, de 45 años:

“Durante esta pandemia aprendí varias cosas. Me di cuenta que todo lo que antes pensaba que tiene importancia, en realidad no la tiene. Ni mis estudios, ni mis grados académicos, ni los logros que a la fecha yo me sentía satisfecho por haber alcanzado en la vida, tampoco son tan importantes.
La vida se resume a cosas tan sencillas y poco complejas, como el amor a nuestros seres queridos y nuestra paz interior.
Eso no se logra con cosas materiales. Todo pierde absolutamente sentido, cuando no tenemos con quien compartirlo y cuando estamos alejados de los seres que amamos. Aprendí a tratar de llevar una vida más simple y a preocuparme menos de las cosas que no son importantes. A valorar lo que tengo hoy y dándole su debida dimensión en el momento que lo tengo. No antes ni después, que normalmente las cosas se valoran más antes de tenerlas, menos al tenerlas y mucho más al perderlas.
Aprendí que hoy estamos y mañana no sabemos. ¡Aprendí el valor del vivir hoy!”.

Nicté Serra, de 50 años. Es gerente financiera y aprendiz de escritora:

“Tantas historias han sucedido desde el día uno. Con ellas aprendemos pequeñas formas de reinventar la vida. No falta el temor, tampoco la impotencia que llega cuando nada es certero. La pandemia ha tocado muchas vidas. Conforme avanza en su extraño ciclo, la sentimos más cerca y a pesar de sus pasos, procuramos guardar la templanza.
He visto llorar a alguien querido porque el COVID trajo muerte a su familia. También la veo hacer acopio de fuerzas para continuar su propia batalla. Y aprendo. De ella, de mi vulnerabilidad, del silencio implícito en el confinamiento. De quienes buscan formas nuevas de ganarse la vida.
Esta experiencia serpentea entre zozobra y esperanza. Mientras tanto, extrañamos personas, ritos, momentos que antes eran asunto seguro. Han quedado del otro lado y aguardan. Todos aguardamos.
Cuento el tiempo porque cada día que termina simboliza uno menos. Volveremos a abrazarnos”.

Gabi García-Gallont, de 34 años:

“Este tiempo ha sido una montaña rusa emocional. He tenido que enfrentar y aceptar muchas cosas y por fin entendí que mi actitud ante algo que no puedo cambiar, es lo que realmente importa.
Extraño a mis papás, mis abuelos, mis sobrinos, mis hermanas, pero hoy el mayor acto de amor que puedo hacer, es mantenerme lejos y eso es algo que también tengo que aceptar. Y el día que los pueda abrazar, ese día va a ser un gran día.
Es un momento duro para todos, como personas, como profesionales y como país, pero yo quiero pensar que de esta no solo salimos mejores, sino más fuertes”.

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