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Comprar un carro, una casa o cualquier bien de un valor significativamente alto, supone para muchos guatemaltecos tener que solicitar un crédito a alguno de los bancos del sistema. Ya que, para la gran mayoría de las personas, comprar bienes o adquirir servicios de un costo elevado de contado es inviable. 

De manera que, el otorgamiento de préstamos a las personas se convierte en una facilidad imprescindible para la mayoría de los guatemaltecos y hasta para las empresas.

De acuerdo con los datos de la Superintendencia de Bancos (SIB) durante los primeros 7 meses del 2018, los bancos han otorgado más de 3 millones de créditos que, en conjunto, suman más de Q174 mil 500 millones. Aunque los comercios también buscan obtener préstamos de los bancos, quienes piden más créditos a las entidades financieras son personas individuales. De hecho, los préstamos para consumo representan el 92.68 por ciento del total de préstamos concedidos por los bancos.



Fotografía: Sonora

La compra de mobiliario para el hogar, vehículos para uso personal e inmuebles son las principales razones para solicitar préstamos a los bancos. Solo estas tres categorías, en conjunto, representan más de 500 mil préstamos concedidos en los primeros siete meses del 2018. Por otra parte, la compra de utensilios para el hogar, prendas de uso personal y material, mobiliario y equipo de estudio son otras de las categorías de solicitud de créditos.

Sin embargo, la categoría con mayor cantidad de préstamos otorgados son consumos por medio de tarjeta de crédito. Este rubro supone el 36.80 por ciento del total de empréstitos dados durante el primer semestre del 2018.




Además, del total de préstamos el 79.38 por ciento se pagan mensualmente, el 94.48 por ciento son préstamos fiduciarios y el 22.85 por ciento de estos fueron otorgados para un periodo de entre 13 y 24 meses. Finalmente, los préstamos dados para consumo y microcréditos son los que tienen la mayor tasa de interés, misma que puede ascender hasta el 23 por ciento.

En general, los créditos no son malos ni para la economía ni para los deudores. El problema empieza cuando quienes adquieren una responsabilidad y compromiso de pago se atrasan en sus cuotas. Primero, porque la penalización en el interés provoca que los usuarios se endeuden a niveles superiores de lo recomendado y segundo porque estos adquieren un mal récord crediticio, lo que les afecta de forma directa si en algún futuro quieren solicitar algún otro préstamo. 

Fuente: Superintendencia de Bancos (SIB) 

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