Matías el milagro viviente detrás de una historia de violación imagen

Matías es un bálsamo luminoso detrás de una historia de violación. Andrea Palma, fue drogada y decidió seguir adelante con su embarazo y darle la oportunidad a la vida. Esta es su historia.

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Matías es un bebé inquieto y explorador, cada mañana sorprende a su madre, Andrea Palma, con una sonrisa, un gesto y un balbuceo diferente. Con tan solo y mes y dos semanas de vida, este neonato ha enamorado a su abuelita y al resto de la familia. Trajo consigo aires de esperanza y su existencia es un amoroso bálsamo después de una tormenta.

Matías es un ejemplo claro de que historias terribles y perversas pueden tener un final feliz. Él es luz en medio de la penumbra. Este es el relato de un milagro, vuelto vida, uno valiente, que desnuda un problema que aqueja a miles de mujeres.

Y, es que, de acuerdo a la Secretaría contra la Violencia Sexual, Explotación y Trata de Personas –SVET-, de enero a septiembre del año en curso se han practicado 6 mil 273 reconocimientos médicos por violencia sexual, de estos 1 mil 757 registrados en el departamento de Guatemala.

El Ministerio Público –MP- recibió, entre enero y agosto, 7 mil 593 denuncias por violencia sexual, 1 mil 862 en Guatemala.

El embarazo que no planeó

Andrea no planeó tener a Matías, su procreación fue más bien circunstancial, producto de una sociedad machista donde algunos hombres hacen lo que sea para conseguir unos minutos de placer.

Fue una noche de diciembre, cuando ella acudió a un cumpleaños en una discoteca. De pronto una vibración hizo que cogiera el teléfono. Del otro lado una voz amiga que le decía que pronto llegaría al sitio y que podrían conversar unos minutos. Él, a quien conocía de un lustro atrás, le invitó a un trago y lo demás es otra de esas historias de película de suspenso.

Despertó desnuda al lado de un desconocido, alguien que terminó el trabajo empezado por el “amigo”, quien la drogó para aprovecharse de ella, pero que por circunstancias, aun confusas, no logró su cometido, pero lo facilitó a alguien más.

Seis semanas después, tras algunos atrasos Andrea confirmó sus sospechas: estaba en estado de gestación, de un bebé al que no había deseado. Su primer alternativa, desde luego, practicarse un aborto. Tenía poco tiempo para tomar la decisión. “Mis principios religiosos me decían que no lo hiciera, pero por otro lado no quería tener a un hijo bajo estas circunstancias”, explica.

Se permitió unos días para pensarlo, fueron varias noches sin dormir, “por qué a mí, por qué si estoy cerca de Dios, si le he servido”, recuerda que se preguntaba durante interminables madrugadas.

Una de esas noches sintonizó el Canal Arquideocesano, ahí encontró un programa que hablaba sobre el aborto y sus consecuencias. “Después hablaron del aborto y las violaciones y dijeron que se trataba del 1% de los casos, sentí rabia, porque pensé en la mala suerte que tuve”, recuerda.

Pero esa noche finalmente tomó la decisión: Matías vendría a este mundo. “Dios entró en mi vida a través de la razón”, comenta. Andrea interrumpe la conversación, su bebé ha despertado y ha empezado a manifestar señales de hambre, balbucea y se queja con sutileza mientras su madre le calma con su pecho. “Ahora si podemos continuar”, dice.

No fue fácil, se sometió a una terapia psicológica, una tan desgastante emocionalmente que incluso le advirtieron que podría poner en riesgo la vida de su bebé. “A las ocho semanas tomé la decisión de conocerlo y me preparé para escuchar por primera vez su corazón, esperaba ver un renacuajo, pero cuando lo vi me sorprendió su humanidad. Estaba completo, su corazón latía con fuerza. Ahí entendí que era ya una vida y que hubiese cometido un gran error si lo hubiera abortado”.

Andrea tuvo que pasar por un proceso de reconciliación entre su vida personal y su fe. Sentía vergüenza y tenía miedo a ser juzgada. Llegó a tener pensamientos suicidas, incluso después de decidir seguir con su embarazo. Una tarde alguien le dio un número, tras meditarlo un momento llamó y así pudo conversar con Eva Gutiérrez del movimiento 40 días por la vida, el que apoya a madres que quieren abortar a sus hijos.

En ese momento Andrea se dio cuenta que se trataba de la persona del programa de televisión y Eva entre lágrimas le dijo que la vida de Matías había sido puesta en las oraciones del movimiento.

Matías duerme de nuevo tras haberse alimentado. “Decidí amar a Matías cada día de su vida, me encanta verlo sonreír, crecer, me alegra habernos dado está oportunidad, ahora disfruto al conocer su personalidad. Yo pasaría por ese infierno una y otra vez con tal de ver a mi bebé reír y contemplar sus ojos”, termina una Andrea emocionada, que decidió darle una oportunidad a la vida, que comprendió que aunque las circunstancias no fueron ideales, una nueva vida siempre merece la pena. “A pesar de que no tengo trabajo nada me ha faltado”. Matías es luz y esperanza de una vida llena de sorpresas a su lado. 

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Conoce el testimonio de Andrea:



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