Los niños pueden ser astronautas y las niñas a la cocina: ser mujer en un país machista imagen

En el marco del Día de la Niña, conmemorado el viernes pasado, mi esposa y yo hicimos unas reflexiones alrededor de estas aseveraciones sin ningún sustento científico.

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“Las niñas juegan a la cocinita y no al fútbol”, “deben vestir de rosado”. ¿Lo han escuchado? Crecí con la reproducción de estos estereotipos, la asignación de roles desde tempranas edades suele ser una constante en sociedades patriarcales y machistas, como la nuestra.

En el marco del Día de la Niña, conmemorado el viernes pasado, mi esposa y yo hicimos unas reflexiones alrededor de estas aseveraciones sin ningún sustento científico. La sociedad ha normalizado estos comentarios y se ha esforzado para etiquetar a las niñas y a los niños.

En lo que no hemos reparado es en que tanto nuestros hijos como nuestras hijas, pierden mucho en esa designación arbitraria de tareas, juegos y roles.

La sociedad nos ha enseñado mal que hay juegos que son exclusivos de un género. Ellas a la cocinita y ellos a los carritos, qué equivocado me resulta este enfoque, cuando ambos pueden disfrutar de estos y otra variedad de juegos.

Así hemos normalizado que la niña es débil y el niño es fuerte, que ella es vulnerable y que no puede correr tan rápido como él. También, escuchamos decir que “a las niñas no se les pega”, pero lo correcto sería enseñarles a nuestros hijos que la fuerza y la violencia son inadmisibles.

La sobrina de mi esposa con tan solo dos años derrotó a un niño de siete en una competición de carritos “hot wheels”. El animador no lo podía creer. De hecho, el padre de uno de los niños se mostró un tanto avergonzado e incluso le murmuró al oído que no podía dejarse derrotar por una niña. Cuando ella ganó el animador intentó premiarla con un carro rosado, porque “era una niña”, sin preguntarle si ese color era de su agrado.

A mi hija grande le encanta jugar a cocinar, hace algunas navidades le pidió al señor obeso con traje carmesí una estufa de madera. Ha dedicado largas horas de su vida en preparar deliciosos platillos con plastilina, agua pura y juguetes plásticos.

Pablo, uno de sus mejores amigos, también disfruta cocinar, él tiene un mueble parecido y suelen intercambiar recetas y hacerse visitas recíprocas para jugar a lo que ambos les divierte. En una reunión una persona cercana cuestionó el hecho de que el amigo de mi hija tuviese una cocina, porque es un juguete para niñas.

Creo que con el tiempo ha cambiado de parecer y comprendió que niñas y niños pueden compartir juegos sin vincularlos a un tema de género. Mi hija de un año se disfrutó los carritos de mi sobrino en la última visita a su casa.

Como padre de niñas es mi menester enseñarles con amor que ellas son dueñas de sus juegos, de sus colores y de sus fantasías. Solo ellas podrán decidir si juegan a la cocina, al fútbol o los carritos. No debemos permitir que se les etiquete, se les asigne roles arbitrarios, ellas tienen su propia luz y es momento de que brillen. 

¿Usted qué opina? ¿Celeste o rosa?

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