La normalización de la violencia escolar y el discurso trasnochado de ser “machito” imagen

La agresión de un estudiante a otro, dentro del colegio El Roble, ocurrida la semana pasada, pone nuevamente sobre la mesa los temas de: acoso escolar y violencia.

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La agresión de un estudiante a otro, dentro del colegio El Roble, ocurrida la semana pasada, en la Ciudad de Guatemala, pone nuevamente sobre la mesa los temas de: acoso escolar y violencia. En un video que no tardó en hacerse viral se puede observar cómo un joven visiblemente más fornido provoca a un adolescente de complexión más delgada en repetidas ocasiones.

El agresor no se detiene hasta que, sin razón aparente, le golpea brutal y cobardemente en el rostro, ante la mirada indolente de decenas de estudiantes que no hicieron nada para evitar la injusta paliza que recibió el adolescente.

Lejos de intervenir la muchachada incita a golpearlo y empieza a pronunciar palabras obscenas que no merecen ser repetidas en este espacio. La cultura del acoso escolar es longeva y tiene sus raíces en la intolerancia y la falta de respeto entre los estudiantes.

En Guatemala tiene un elemento lamentable y es que va acompañado con el discurso retrograda y falaz relacionado a “la hombría” y al “ser machito”, en contraposición de ser “hueco”, término peyorativo para referirse a los cobardes o a los homosexuales (dependerá del contexto).

Es lamentable como este acontecimiento ocurre en un colegio de “élites”, conservador, donde se supone que acuden muchachos con “principios y valores”, donde la violencia no tiene cabida. Es aún más despreciable leer en grupos de “WhatsApp”, afirmaciones como “eso ha pasado siempre”, es “normal” y eso del bullying son “huecadas” que se arreglan con una “trompada” bien puesta.

“El ser machito”

¿Hasta dónde ha llegado la normalización de la violencia? No señores, no es posible que en pleno siglo XXI haya padres que incentiven la violencia con frases como “no te dejes”, si te pega “devuelve el golpe”, “vos sos machito” y otra retahíla de enunciados trasnochados, cuasi medievales que en un mundo civilizado deberían de ser inadmisibles y haber pasado hace tiempo a la historia.

Esto enmarcado en la cultura de “si te dejás sos hueco”, “los hombres no lloran”, “los hombres arreglan las cosas a golpes” y tantas otras idioteces más que solo ponen en evidencia la podredumbre mental de la sociedad.

Da pena y tristeza ver la indolencia con la que decenas de muchachos fueron cómplices de esa cobarde agresión. Es imperdonable e inadmisible que ningún joven haya intercedido, para evitar la paliza que pudo tener repercusiones graves en la integridad de la víctima. Es realmente sorprendente la falta de empatía y la deshumanización de estos patojos que forman parte de una élite en el país.

La violencia y sus patrones empiezan en casa, así que habrá que analizar el entorno de este joven que se aprovechó de su complexión y fuerza para hacer daño. La postura del centro educativo me pareció reprochable y vomitiva, pues en su comunicado difundido en sus redes sociales, pareció más preocuparles la “reputación” de ese centro escolar, por el hecho de que se haya “difundido” la agresión que la integridad de la víctima. 

Es momento de empezar a discutir con profundidad y seriedad alrededor de esa cultura de violencia que inicia con un “hueco”, o sé “macho”. Es momento de hacerles ver a las juventudes que la hombría nada tiene que ver con la violencia y que agredir y molestar al prójimo es realmente de cobardes. 

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