La historia de Byron parte cuatro imagen

El regreso de este increíble personaje a América, con nuevas aventuras y muchos momentos que forman parte de este increíble legado.

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Durante sus años como abogado/espía en la BP en África, Byron gozaba de una semana de vacaciones, todo pagado, cada seis semanas de trabajo ininterrumpido. Durante esa época, Byron se casó en Nueva York con una mujer americana llamada Linda y tuvo a dos hijos varones, Byron y Wayne. Linda nunca quiso mudarse a África con Byron, y Byron no podía renunciar y volverse a Nueva York, porque su papel en el Servicio Secreto requería que estuviera allí períodos prolongados de tiempo. Por lo que esta situación fue el principio del fin de este matrimonio; la distancia y las aventuras de Byron fueron alejándolo de su familia. Fue en esta época que Byron conoció al, hasta entonces, amor de su vida; una suiza llamada Sisi, de la que se enamoró perdidamente.

Cada vez más vacaciones lo llevaban a Europa en vez de América, poco a poco su matrimonio se desmoronaba sin esperanza de salvación. Eventualmente, Linda desapareció con sus hijos y Byron no supo de ellos por varios meses. Esto le partió el corazón y usando todas sus influencias del Servicio Secreto, él logró dar con el paradero de Linda y sus hijos, en una calle recóndita de Paris. Voló hasta Francia e identificó la vivienda de su todavía esposa, a quien le pidió explicaciones. Ella le dijo que no quería saber nada más de él y que le sacaría mucho dinero en el divorcio. Byron entendió su enojo y le pidió poder llevarse a sus hijos hasta el hotel donde se hospedaba. Linda le dijo que nunca más le daría a sus hijos y que volvería a desaparecer. Entonces nuestro personaje decidió actuar para evitar que esto sucediera. Contrató a un colega abogado, francés y le dictó un contrato poco usual, en el cuál ofrecía un divorcio económicamente muy conveniente para Linda, más una importante suma monetaria, a cambio de “comprar” a sus hijos y asegurarse la patria potestad de ambos hasta su mayoría de edad. Contra el pronóstico del abogado francés, Linda aceptó los términos, y Byron regresó al África con sus dos hijos pequeños en donde los tres vivieron por tres años más.



Foto por Viajes callejeros

En África, Byron tuvo que comprar un pequeño avión y aprender a pilotearlo, ya que no existían carreteras, el ferrocarril inglés se descomponía con frecuencia, y durante estos paros, los leones devoraban a los pasajeros menos afortunados. Luego de varios años, Byron renunció a su trabajo en BP y regresó a Nueva York a trabajar como abogado de migración. Encubierto, mantenía su trabajo de espía, pero esta nueva profesión permitió que viajara por Latinoamérica para seguir con sus misiones secretas en este nuevo territorio. En esta época, le consiguió la visa de trabajo a Victoria Cardenas, conocida artísticamente como Vicky Carr.



Foto por Getty Images

Al mismo tiempo, Byron decidió emprender su negocio petrolero con el Petromin number que le había dado el hijo del jeque rescatado en África. Con este, Byron empezó a comprar y vender petróleo, ganaba una centésima de centavo por barril, pero compraba y vendía tanto que llegó a controlar el 25% del petróleo de Japón. Se le ocurrió la brillante idea de comprar un supertanquero viejo y llenarlo de petróleo, encallándolo en las Islas Maldivas. Esto le permitió contar con un inventario que evitaba que las especulaciones de precio lo afectaran negativamente. Tenía muchos clientes importantes que lo agasajaban con viajes exóticos a distintos países. Recuerdo que me contó que un año lo invitaron a él y a sus hijos a recorrer el Amazonas en barco, a recorrer África en globo y muchas otras aventuras que vivió este chapín exitoso, como tycoon del negocio petrolero.

Una de sus misiones del Servicio Secreto de este tiempo, fue un proyecto llamado Peter Pan. Este proyecto nació en la década de los 60, cuando miles de cubanos querían sacar a sus hijos de la isla, pues ya eran predecibles las terribles consecuencias del estricto régimen comunista que quería imponer Fidel Castro. Así que se puso en marcha una operación arriesgada y encubierta que consistía en salvar a estos niños de la muerte. Byron fue “contratado” por un exitoso comerciante azucarero cubano, como supervisor de la carga y la descarga de azúcar y melaza en los puertos cubanos, para exportación a Estados Unidos. Sin embargo, lo que las autoridades cubanas no sabían era que, entre los tanques de melaza, había compartimientos secretos donde niños viajaban encubiertos hacia la libertad, para ser adoptados por familiares o voluntarios americanos, en un esfuerzo por asegurarse un futuro fuera del comunismo. Byron logró salvar a decenas de niños y llevarlos a salvo a nuevas oportunidades en Estados Unidos. Todavía a día de hoy, Byron recibe tarjetas navideñas de los que algún día fueron los niños de la operación Peter Pan, quienes ya adultos, recuerdan con agradecimiento al hombre que los sacó de Cuba y les dio una nueva esperanza de vida. 

Lo que él ha logrado en estos años que le han dado la vida, ha cambiado la vida de miles de personas, incluyendo la mía, que siempre lo he visto como la máxima inspiración de que en la vida se debe aspirar alto y vivir al máximo. Pues al final lo que vale es cuánto hicimos con el tiempo que se nos dio.

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