¿Invisibles? imagen

Antes de 1965, que es cuando aparece Juannio, ¿era la artista visual una profesional invisible? Monsanto reflexiona sobre el tema.

Las opiniones e imágenes de este artículo son responsabilidad directa de su autor.

Por motivos relacionados con mi trabajo docente me surgió la oportunidad de investigar la presencia femenina en las artes de Guatemala. Ocho charlas que se adentran en diversos momentos de la historia de nuestro país, sus protagonistas destacadas y los logros alcanzados. Tengo que reconocer que ha sido una experiencia aleccionadora, cuyos resultados me tienen reflexionando desde el día que comencé a preparar las presentaciones.

Rina Lazo, óleo sobre tela, sin título conocido.

En mi inocencia y con el material que manejo en el Centro de Documentación, asumí que el trabajo sería pan comido. La realidad resultó muy distinta. La invisibilidad de la mayoría me refirió a documentos dispersos en los que, con suerte, había pistas que me condujeron a otros papeles. Incluso, en los casos de quienes asumí como las más conocidas, hubo que escarbar en investigaciones muy específicas que no están al alcance de todas las manos. Los supervivientes fueron de mediano apoyo, también, muchos ya no recuerdan las razones por las que sus familiares son catalogadas como “famosas”. De no hacer algo urgente, sus nombres podrían desaparecer junto con su obra, de la memoria de los tiempos.

Rosa María Pascual de Gámez. Óleo sobre tela.

En las artes visuales me sorprendió que, hasta 1965 (que es cuando inicia Juannio), casi no hay autoras reconocidas en las colecciones nacionales. Rastreé, incluso, la Escuela de Artes Plásticas y descubrí que entre 1920 y 1965, solo habían dado clases en sus aulas Carmen Neutze, Josefina Alonso de Rodríguez y Edna Rodas de Núñez, las tres impartieron la cátedra de Historia del Arte. Las directoras tardarían en llegar a dirigir la entidad 80 años. En las pinacotecas del Banco de Guatemala, el Museo de Arte Moderno y el Kilómetro 0, hay faltantes notables, uno de ellos, el trabajo de Antonia Matos. Y si se exploran las autoras indígenas, prácticamente están borradas del mapa.

Nan Cuz, Transformaciones, circa 1983.

Por curiosidad indagué el panorama universitario. De no ser por algunas tesis universitarias, complementadas por la hemeroteca de la galería El Attico, muchas de las profesionales pasarían desapercibidas. Lo que más me llamó la atención es que de niño fui testigo de las actividades de la Casa de la Cultura de la Mujer Universitaria y fue doloroso ver que muchas de sus fundadoras, entre ellas mi abuela, se esfumaron de la historia. Me pasé al teatro y prácticamente encontré en el limbo a artistas como Samara de Córdova, Mildred Chávez, Ligia Bernal, Reyna Luz Payeras y Consuelo Miranda, entre otras 50 actrices de las que ya no hay datos en circulación. Lo más curioso entre lo hurgado, son los textos creados por otras féminas que se niegan a dejar en el olvido la labor de todas las pioneras.

Antonia Matos, autorretrato. Circa 1920.

Decía al principio, esta serie de conferencias me aterrizaron en el territorio de la reflexión. Hay mucho trabajo que hacer. La historia del arte de Guatemala no está completa debido a la infinidad de omisiones. Nos toca, ahora, reconocer aportes, escisiones y logros. De otro modo, solo estaremos estudiando contenidos incompletos y carentes de veracidad.

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