Diario del relacionista público imaginario de “Tres Quiebres” imagen

Si se atreven, los invito a contemplar en sí la pieza: una composición fecal sólida, propia de alguien que lleva una dieta (y una vida) en anhelado balance.

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7:11: Planeaba dormir hasta las 8 pero el calor fustiga. Desde la regadera oigo al loro del hotel repetir “¡Goyo, Goyo! ¡Pelales el cuete, Goyo!”.

Llevo 13 horas en Ipala.

7:23: Pongo la tele para distraerme. Es inútil. Con los pies entalcados me siento en la cama y repaso—otra vez—mi carrera profesional, desde que recién salido de un prestigioso colegio en Guate me enrolé en la Rowan University de New Jersey a estudiar
Relaciones Públicas, mi pasantía allá en un distribuidor de llantas y finalmente mi regreso.

Trato de enfocarme en el programa “Buscando Estrellas de Ipalavisión” y así evitar pensar en mis ilusiones lejanas… aquello de ser estratega de comunicación y manejo de crisis en Hollywood… No vayás allí, Ranferí Pontaza, me digo, solo te trae miseria.
Ahora trabajás para el alcalde. Esduin Javier “Tres Quiebres” te paga bien y es un trabajo respetable.

7:24: “EL ALCALDE DEFECÓ EN VIVO” dice el mensaje, “SE GRABÓ DEFECANDO EN EL PURO MONTE Y COMPARTIÓ EL VIDEO”.

Estoy confundido. ¿Por qué? ¿Por qué hizo eso, cuando es tan sencillo defecar sin grabarse defecando?

7:37: Paro de llorar. Enciendo mi láptop y comienzo a redactar un comunicado—NO, no pensés en Oprah y en cómo, si fuera tu cliente, nunca tendrías que explicar por qué cagó en vivo —.

9:52: tres botellas de agua, un huevo duro, un segundo baño y un nuevo episodio de llanto más tarde, termino el comunicado, que dice:

¿Qué nos revela el video de Esduin Javier Javier? Que es una persona vulgar, dirán algunos. Y sí, quizá lo que hizo fue vulgar. Pero hemos visto políticos ser cosas mucho peores que “vulgares”. Los reto a mirar más allá del shock, les aseguro que hallarán
a un hombre sin miedo a descubrirse expuesto, y sin el miedo que otros, que se refugian en lo material, en el elitismo académico o en la tan manoseada retórica política, sienten hacia lo esencial, hacia la naturaleza.

Si se atreven, los invito a contemplar en sí la pieza: una composición fecal sólida, propia de alguien que lleva una dieta (y una vida) en anhelado balance. ¿Qué más podríamos pedir de un servidor público? Es más, sugiero que el video debe leerse como
un acto simbólico, en el que nuestro alcalde, tras nutrirse como se ha nutrido de la confianza de los ipaltecos, devuelve a la tierra lo que ha recibido… Abonando el futuro de nuestro municipio.

9:53: “Send”. Recibo una llamada. Es de nuevo el asistente del alcalde. “El comunicado está calidá” me dice, “Pero vamos a necesitar otro porque hay otro video”. “¿Qué hizo ahora?” pregunto alarmado. Me lo envía.

9:54: Le doy “play”. Otra vez, el alcalde está en el campo. Viste nada más que calzoncillo, botas y sombrero. A continuación, pela un plátano. Lo arroja al suelo y se queda sosteniendo la cáscara. Ahora baja su calzoncillo y exclama “Hola, mis amigos.
Aquí recordando nuestros viejos tiempos. Como cuando nosotros no teníamos Kleenex en Ipal…”.

Abatido, al centro de la habitación, vuelvo a escuchar al loro.

“¡Goyo, Goyo! ¡Pelales el cuete, Goyo!”.

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