Cambios corporales y cómo la mente se adapta imagen

Hoy, lo que está de moda es cambiar nuestro cuerpo: tatuajes, cortes de pelo, operaciones estéticas, piercings y maquillaje. ¿Qué repercusiones tienen estos para nuestra mente?

Las opiniones e imágenes de este artículo son responsabilidad directa de su autor.

Cada modificación y cambio corporal conlleva un desafío para nuestra mente, sin embargo, muchas veces no tomamos en cuenta lo que implica esta transformación. Cada cambio de nuestra imagen externa representa un proceso desestabilizador interno que hace que nuestra mente tenga la necesidad de ir incorporándolo para actualizar la imagen corporal. Esta es la representación del cuerpo que cada persona construye en su mente, la forma en la que vivimos internamente el físico. 

Cuando somos niños, nuestra mente posee una flexibilidad increíble para poder ir agregando los cambios rápidamente a esta imagen. Sin embargo, en la adolescencia el cambio se vuelve más abrupto y genera confusión que provoca que los adolescentes sientan la incomodidad característica de la época, respecto a sus cuerpos. Cada modificación física es una alteración tanto cognitiva, como afectiva, por lo que las emociones, sentimientos e ideas que tengamos respecto al cambio tienen una repercusión directa en cuanto a lo que vamos adoptando. 

Por ejemplo, si empezamos a sentirnos muy bien luego de perder mucho peso, nuestra mente adopta estos sentimientos positivos relacionados a la nueva imagen y si esta vuelve a cambiar, puede ser que experimentemos tristeza y decepción por la ligazón que generamos respecto a la imagen anterior y la felicidad. Solemos ser sumamente rígidos en cuanto a esta imagen con el paso de los años. Por esta razón, cuando vamos envejeciendo, inconscientemente luchamos con fervor por permanecer iguales a lo que nuestra mente se acostumbró que es la imagen de nosotros mismos. Teñimos nuestro cabello, utilizamos crema antiarrugas e intentamos seguir teniendo un cuerpo joven y fuerte.

El reto con el que nos enfrentamos hoy es que el cambio corporal es mucho más accesible y rápido de lo que era hace unos años. Anteriormente, la única forma de cambiar nuestro cuerpo era tras un largo régimen de ejercicio, con procedimientos largos, peligrosos y dolorosos o con el paso de varios años. Hoy tenemos la disponibilidad de meternos a retos físicos extremos, en los que en un mes logramos modificaciones enormes, podemos hacerle todo tipo de cambios al físico por un costo menor y un riesgo relativamente bajo. Sin embargo, muchas veces no le damos a la mente la oportunidad de adaptarse a dichos cambios y es así como en la actualidad han surgido los trastornos de la imagen corporal. Estos suceden cuando la preocupación e insatisfacción con el cuerpo no se adecúan a la realidad, ocupan la mente de forma intensa y frecuente; generando malestar e interfiriendo de forma grave en la vida cotidiana. Estas son las personas que luego de una experiencia o cambio drástico no dejan de pensar en su cuerpo, cómo mantenerlo, cómo seguirlo modificando y lo que no les gusta. 

El cambio es tan abrupto que la mente de forma inconsciente permanece insatisfecha o desfasada con el cuerpo, generando el sentimiento constante de que algo no está bien con nuestro cuerpo. De allí, se deriva la dismorfia muscular, que se caracteriza por una obsesión por un cuerpo musculoso, que conduce a la persona a hacer ejercicio de manera enfermiza, consumir hormonas, suplementos dietéticos y esteroides para conseguir cada vez más músculo, sin tener éxito en llegar a un tope de satisfacción. De igual forma y en la misma rama, cada vez se han vuelto más comunes los trastornos de la alimentación relacionados con la insatisfacción de la imagen corporal.

Nuestro verdadero reto con respecto a este tema recae en la simple frase “acéptate a ti mismo”, pero va mucho más allá de esta aceptación. Tiene que ver con prepararnos mentalmente para cualquier modificación física, asegurarnos que hemos aceptado la imagen actual antes de cambiarla y darle el tiempo necesario a nuestro organismo para integrar sus partes externas con sus esquemas internos. Así como antes nuestro cuerpo necesitaba más tiempo para cambiar, hoy, la confusión mental inconsciente provoca que sintamos una insatisfacción personal que no hemos llegado a comprender del todo.

“La relación más importante que tenemos, es la relación con nosotros mismos”.

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