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Una feria que era la envidia de los 339 municipios de Guatemala y un sistema de seguridad infalible, son solo el recuerdo de su época dorada. Hoy, la muerte, asaltos y una celebración a San José, sin fanfarria, es todo lo que le queda a Morales.

A puro banano y cocaína forjó su historia. Su nombre se lo debe al exministro de Guerra y Fomento, Próspero Morales, durante el gobierno de José María Reina Barrios y su notoriedad a una bananera y, más recientemente, a un apellido. Pero hoy los vecinos de Morales, Izabal, solo extrañan una cosa: a la familia de la letra “M”.

Cinco años han pasado desde que los problemas se hicieran más grandes para los patriarcas. Los señalamientos desde el norte y un gobierno que decidió entregarlos dejaron huella en los habitantes de un pueblo, nueve aldeas y 108 caseríos. Eran conocidos por tener la mecha corta y no andarse con rodeos. Si querían algo, lo tenían y nada se les interponía; hasta se les llegó a conocer como “la familia más sanguinaria de Guatemala”.

“Pero como quitaban también daban”, recuerda Danilo, vecino de la localidad. Y es en estas fechas que a los señores de la letra “M” más se les extraña, pues a pocos días de celebrarse la fiesta patronal del municipio los recuerdos de la época dorada aún pesan en la memoria de sus habitantes.

“Está por llegar el 19 de marzo y en Morales, la feria poco o nada de ilusión da ya”, asegura el poblador. Antes, cuando ellos estaban, era otra cosa. Como la fanfarria de la feria de Morales no había otra igual; ni siquiera la de los del sur, que era patrocinada por los Lorenzana, se le comparaba.

“Cualquier cosa que los Lorenzana hicieran, los de la letra ‘M’ lo hacían al doble”, resalta Danilo.

La feria patronal, que regularmente dura del 16 al 19 de marzo, era un derroche de dinero. Todo era financiado por ellos, los grandes caciques del municipio y sus billeteras, que parecían no tener fondo. Las parrillas se llenaban con la carne de hasta ocho becerros que encontraban su fin por órdenes de los grandes señores. Los de la letra “M” no solo cumplían con darle comida a los asistentes, también les compartían cómo quitar la sed. “Había cerveza, licor y lo que uno quisiera para celebrar a San José”, otro poblador, sostiene Efraín.

Mientras tanto, los salones del pueblo recibían a las bandas gruperas más celebradas del momento: Los Tigres, Capaz, y cualquiera que sonara estarían allí. Corridos, rancheras y gruperas hacían brincar a los asistentes, quienes con sonrisa y botella en mano sabían a quiénes le debían su alegría. El espectáculo no se regía por la luz del Sol o el frío de la noche, eran las ganas de fiesta de sus asistentes las que marcaban el paso. Esvin, vecino, recuerda que más de alguna vez alguien perdió la conciencia una noche y la recobró la tarde del siguiente día, pero la música nunca se detuvo y todo gracias a los señores.

Los desfiles hípicos no eran un menor espectáculo. Equinos de las mejores razas caminaban por las calles del pueblo y sobre ellos los caciques engalanados con sus mejores trapos. Ellos, los grandes señores, eran el centro del espectáculo y la feria, un recordatorio de lo grandes que eran. Las hebillas más brillantes, con baño de oro y a veces hasta incrustaciones de piedras preciosas, completaban el look de los jinetes. Mientras que monturas personalizadas, que podían llegar a costar hasta US$10 mil, abrazaban el cuerpo de los caballos que en un mal día podían valer hasta US$300 mil.

Para quienes no tenían corcel, pero sí muchas ganas de figurar en el evento más importante de la feria, los señores de la letra “M” tenían una solución. “Si alguien no tenía caballo para la feria, ellos le prestaban uno y con un poco de suerte por Q500 le daban uno para salir; eso sí, ninguno de los de ellos porque esos eran prohibidos”, afirma Danilo.

Hoy, la sombra de la desgracia y el miedo se cierne sobre Morales, Izabal. Los habitantes le atribuyen la ola de asaltos, asesinatos y hechos delictivos a los exsicarios de los “M”, quienes ya no tienen trabajo y ahora se dedican a delinquir.

“Antes, usted podía dejar su carro arrancado porque nada le pasaba; pero ahora, son extrabajadores de los de la letra “M” los que andan causando perjuicio”, asegura Mynor, otro vecino de Morales.

Cada día, la violencia es un fiel recordatorio de cómo la ausencia de los de grandes señores se siente en el municipio. “A los hijos no les interesa nada, ellos solo ven por sus cosas y tienen al pueblo abandonado”, reclama Rosario, una septuagenaria de la localidad.

Y para muestra un botón, pues el pasado jueves fue el clímax de una racha violenta. Esa mañana acribillaron al piloto de un camión cargado con ganado y 24 horas antes dos sujetos, con armas de grueso calibre, asaltaron el restaurante Kalusha, en la localidad.

Morales pareciera ya no tener esperanza. Se fueron todos, se fue la UFCO, los de la letra “M” y hasta las ganas de celebrar a San José. Hoy, solo el recuerdo de una época en que la seguridad, una buena fiesta y un apellido bastaban para llenar de orgullo a la tierra del exministro de Guerra y Fomento. 

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