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Corría el 2011, cuando a la salida de una misa por los 11 años del fallecimiento de su madre, cuatro de los cinco hermanos se fotografiaron juntos por última vez. Fue la última imagen de los cuatro juntos, ya que un años después uno de ellos estaría muerto. La bala que cortó su vida, salió de un arma empuñada por su propio hijo. Hoy, la mujer en la fotografía, se niega a dejar que el crimen de su hermano quede impune, y este ha enfrentado a una tía con su sobrino.

El matrimonio de más de veinte años, ya no era igual. Las desavenencias entre la pareja los habían llevado a dormir en cuartos separados y el problema ya no se podía esconder. Ante la mirada de sus hijos, la unión se caía a pedazos. Para septiembre de 2011, la relación no dio más. Una se llevó sus cosas y él se quedó en la casa donde todo había comenzado.

Para salvaguardar sus bienes, Rafael Menéndez confió en su hermana Laura y le sugirió trasladar sus propiedades a su nombre. Pero “el gasto era tan oneroso y por eso mi hermano no lo hizo”. Y el proceso siguió de una manera amigable. “Ellos mantuvieron una actitud cordial durante la separación y acordaron repartir sus bienes de forma muy civilizada”, recuerda Laura.

Del menaje de casa, la entonces esposa se llevó los suyo y Rafael debió amueblar de nuevo el otrora hogar. Su confidente, Laura, le acompañó durante el proceso de enterrar un matrimonio y comenzar de nuevo. “Mi hermano estaba muy dolido, no le dolía por ella, le dolía por sus hijos pues pensaba que iba a perderlos”, asegura. Él le llamaba a diario, pues desde que comenzó su separación la relación entre hermanos se volvió más estrecha. Al punto de que en una oportunidad le pidió que se mudara a vivir a su casa y que le ayudara con algunos negocios, recuerda Laura.

“No me pase a vivir con él, sino hubiera estado en la casa el día que lo mataron, pero seguí acompañándolo en el proceso de separación y apoyándole con sus negocios”. Laura.

La mañana del 21 de marzo de 2012, ella estaba en el banco cuando su frijolito sonó. Del otro lado estaba su hermano Ricardo, fue quién le dio la noticia, “le dispararon a Rafael”, el más pequeño de los cinco hermanos”, recuerda. Minutos después el dispositivo volvió a sonar y era Leonel, el segundo de los cinco, quien le dio la peor noticia. Laura se movilizó desde San Cristóbal a la zona 15, para ver que había sucedido. Pero antes de llegar, la comunicación de Leonel, fue fulminante. “Rafael no está herido, esta muerto”, recuerda le dijo su hermano.

Incrédula llegó a San Lázaro (zona 15), pero la presencia de la policía, el Ministerio Público y un plástico que cubría algo a un costado de los botes de basura le destanteo. Era Rafael, quien minutos antes había sufrido una emboscada y su vida terminó con dos disparos. No le dejaron ver el cuerpo y fue llevada al interior de la vivienda.  

“En ese momento pedí un vaso con agua y una vela”, Laura Menéndez.

Así identificaron al hoy presunto asesino

Las investigaciones del MP iniciaron de inmediato. Los encargados del caso, comenzaron a pedir las grabaciones de las cámaras de seguridad de las casas vecinas. Algunas apuntaban a la calle, pero no todas lograron captar el ángulo donde se cometió el crimen. Las que sí lo lograron, estaban a una distancia considerable y son las que fueron utilizadas como evidencia en el juicio contra Alfonso Menéndez, el hijo mayor del fallecido.

“Mire dentro de todo lo raro es que dos horas después de la muerte de mi hermano se hizo una compra por US$2 mil con la tarjeta de Rafael, tarjeta a la cual Alfonso tenía acceso”, Laura Méndez.

Videos de lo ocurrido, testimonios y evidencias fueron aportadas para determinar que había sucedido. Dentro de la investigación se develó que Alfonso habría contactado a un agente de seguridad de una iglesia cercana con una propuesta poco usual. El agente, quién se convirtió en testigo protegido, declaró que Alfonso habría intentado comprarle un arma antes del crimen.

Código Pena, Artículo 131. “Parricidio. Quién, conociendo el vinculo, matare a cualquier ascendiente o descendiente, a su cónyuge o a la persona con quien hace vida marital, será castigado como parricida con prisión de 25 a 50 años. 

Además de los videos de las vecindades, registros telefónicos y el testimonio del agente de seguridad, las investigaciones del MP determinaron que el móvil para el asesinato fue el cobro de un seguro de vida que tenia el fallecido. Los videos fueron una parte vital para la condena de 29 años de cárcel que recibiera Alfonso Menéndez en 2013. Pero su defensa busca desestimar, hoy, esta prueba y pone en duda una de las piezas clave de la fiscalía. Y es en este segundo juicio, luego de que en 2015 fuera anulado el primero, que los abogados aducen que es difícil identificar en las imágenes al asesino.

“Lo peor es tener que repetir el juicio. Tengo que revivir lo que paso, ver videos y escuchar los audios de cuando mataron a mi hermano.” Laura Menéndez.

Hoy a cuatro audiencias para que termine el nuevo juicio, Laura está confiada en que nuevamente Alfonso será condenado. “Mi sobrino es un tipo peligroso, hasta nos ofrecieron protección (el MP), los investigadores nos dijeron que la primera vez que se mata, duele, después ya no, y este (Alfonso) conoce mi casa”, asegura Laura.

“No hay derecho, dos juicios es suficiente para que no quede impune la muerte de mi hermano, a mi me duele revivir los últimos minutos de vida de mi hermano y sobre todo la amenaza de que me vengan a matar a mí”, Laura Menéndez.

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