A pocos días de que comience el mayor evento de fútbol del planeta, una sólida mayoría de empresas en México y Centroamérica anticipa un impacto económico y reputacional positivo, impulsado por el aumento en ventas y la aceleración de su transformación digital.
Detrás de los escaparates decorados con banderas y las pantallas gigantes listas para encenderse, se escondía una maquinaria silenciosa impulsada por datos duros: el Sondeo del Mundial 2026 elaborado por KPMG, un estudio que puso números al entusiasmo colectivo de más de 300 líderes empresariales encuestados entre abril y mayo.

Para los tomadores de decisiones, el torneo dejó de ser un simple espectáculo de 90 minutos para convertirse en un tablero de ajedrez comercial. Los datos revelaron una verdad ineludible: 66% de las organizaciones en México y 56% en Centroamérica anticipan un impacto marcadamente positivo en sus respectivas industrias. No se trata de un optimismo ciego, sino de una respuesta táctica a una masa de aficionados hambrienta de consumo. De hecho, el reporte expuso que 60% de los espectadores del Mundial 2026 planea abastecerse de bebidas, botanas y dulces para disfrutar de los encuentros, mientras que un vibrante 62% preferirá la comodidad del hogar para sintonizar los partidos, transformando la sala de estar en el nuevo epicentro del mercado minorista.
El Mundial 2026 un éxito comercial híbrido
En la primera línea de esta ofensiva comercial se encuentran las estrategias de mercado. Las empresas han entendido que el consumidor del 2026 es híbrido, exigente y está hiperconectado. Por ello, 85% de las organizaciones centrará sus esfuerzos en consolidar su presencia de marca en medios digitales, mientras que un sólido 49% apostará de lleno por optimizar plataformas digitales como el comercio electrónico (e-commerce), asistentes virtuales (chatbots), sistemas CRM y marketplaces. El objetivo es claro: capturar el interés del usuario en el instante preciso en que su selección anote un gol.

Sin embargo, el campo de juego no es completamente homogéneo y las diferencias geográficas se hicieron notar en los presupuestos. En México, el fervor mundialista se tradujo en una billetera abierta: casi 80% de las empresas ya realizó o planea realizar inversiones directamente asociadas al torneo. Al cruzar la frontera sur, la cautela se apodera del terreno. En Centroamérica, solo 52% de las organizaciones tiene proyectado destinar capital específico para esta coyuntura, una disparidad que refleja las distintas realidades de mercado, pero que no frena la expectativa de beneficios indirectos en la región.
El verdadero trofeo que buscan las marcas va mucho más allá de un pico temporal en la facturación del mes de junio. Los directivos identificaron que los mayores dividendos se verán reflejados en tres pilares intangibles pero vitales: el incremento en la reputación o presencia de marca (58%), una mayor oferta y diversificación de productos y servicios (55%), y el impulso definitivo a las ventas netas (55%). El Mundial se perfila, de este modo, como el pretexto perfecto para justificar y acelerar proyectos internos de digitalización que en otras condiciones habrían tardado años en aprobarse.
Movilidad y seguridad la clave
Por supuesto, un despliegue de esta magnitud no está exento de temores logísticos. Al ser consultados sobre los desafíos prioritarios para maximizar el valor del evento, los ejecutivos no dudaron en señalar tres palabras clave: movilidad, logística y seguridad integral. La infraestructura urbana y digital de las ciudades sede estará bajo la lupa del mundo, y cualquier interrupción en las cadenas de suministro o en la conectividad podría transformar una campaña millonaria de relaciones públicas en una pesadilla operativa.

Mientras tanto, en las salas de descanso y los pasillos de las empresas, la conversación inevitablemente se desvía hacia lo deportivo. El sondeo de KPMG también capturó el lado más humano y apasionado de los participantes corporativos al preguntarles por sus pronósticos para la gran final. Curiosamente, el optimismo local desafía cualquier lógica histórica en las encuestas en México, donde un impresionante 43% de los consultados visualiza a su selección en el partido definitivo, seguido de cerca por potencias tradicionales como España (40%) y Francia (37%). En Centroamérica, el panorama es más pragmático, situando a Francia con 53% y a España con 40% como los favoritos indiscutibles para levantar la copa.
Al final del día, cuando las luces de las oficinas se apaguen y las pantallas se enciendan para ver rodar el balón, la suerte empresarial ya estará echada. El Mundial de 2026 quedará registrado en los archivos de la economía regional no solo como una fiesta de goles, sino como el catalizador estratégico que obligó a las empresas de México y Centroamérica a madurar digitalmente, demostrando que en el ecosistema corporativo moderno, la improvisación pierde por goleada y solo los que juegan con base en datos logran alcanzar el éxito sostenible.
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