Dejar el hogar siendo apenas una adolescente para mudarse a otro continente es un reto que pocos asumen, pero para Isabel Pazos, fue el primer paso de una odisea artística. Entre el dominio técnico de la animación y el llamado irresistible de los escenarios, Isabel ha logrado destacar en festivales de cine y trabajar bajo la dirección de leyendas de la industria.
Isabel creció en Guatemala como una niña introvertida y callada, siempre refugiada en su inclinación por las artes. Al graduarse del colegio a los 18 años, decidió que su futuro estaba en Inglaterra, un país que siempre la había fascinado, aunque eso significara cruzar el Atlántico completamente sola.

Sus primeros días en el Reino Unido fueron una prueba de fuego. Tras despedirse de sus padres, el peso de la soledad la llevó al llanto en su habitación universitaria, cuestionándose si realmente podría lograrlo. Además del choque cultural, se enfrentó a la barrera del acento británico, que difería drásticamente del inglés estadounidense que había aprendido en el colegio.
“Lo más importante es tener las ganas de hacerlo”, Isabel Pazos
Con el tiempo, la necesidad de convivir con sus compañeros en áreas comunes la obligó a dejar atrás su timidez y volverse más extrovertida. Académicamente, brilló con luz propia al estudiar Animación en 3D y se graduó con honores y distinción, demostrando un dominio excepcional de las herramientas digitales.
Sin embargo, a mitad de su carrera, una frustración interna empezó a crecer. Aunque amaba la animación, en el fondo de su corazón siempre había deseado ser actriz, una opción que en Guatemala no veía como una carrera factible. Fue entonces cuando decidió que debía, al menos, intentar seguir ese llamado artístico antes de descartarlo para siempre.
Para mantener su estatus legal mientras exploraba la actuación, decidió cursar una maestría en efectos especiales y motion capture. Durante el día se sumergía en los puntos y sensores de la captura de movimiento, y por las tardes corría a academias de actuación para formarse formalmente en el arte dramático.
La llegada de la pandemia de COVID-19 detuvo sus planes en Inglaterra, pero le abrió una nueva puerta en los Estados Unidos. Se mudó a Savannah, Georgia, para realizar una maestría enfocada 100 por ciento en la actuación, dejando atrás el que se había convertido en su segundo hogar británico para perseguir una oportunidad en una nueva frontera.

Desde muy pequeña aprendió marimba, instrumento emblemático de Guatemala; alcanzó un alto nivel en violonchelo; y dominó tanto la guitarra española como la guitarra eléctrica. En danza, desarrolló destreza en baile español y hip-hop.
Su debut en un set profesional fue como extra en la película Juror 2, dirigida por Clint Eastwood. A pesar de los nervios de su primera vez y de las estrictas reglas de etiqueta del set, disfrutó cada noche de rodaje, viendo de cerca cómo funcionaba la maquinaria del cine de alto nivel.
La satisfacción de verse en la pantalla grande, aunque fuera como un punto borroso en el fondo, fue el combustible que necesitaba. No pasó mucho tiempo antes de que su talento fuera reconocido de forma más directa, logrando una nominación como Mejor Actriz de Reparto en el Savannah 48-Hour Film Festival por la película “To Go Box”.
En ese proyecto, Isabel no solo actuó, sino que también asumió el reto de la coproducción, ayudando a organizar al equipo bajo la presión del reloj. Ser seleccionada entre decenas de actrices para la nominación le confirmó que su decisión de cambiar el rumbo de su vida había sido la correcta.
Hoy, Isabel Pazos es un ejemplo de que el éxito no es un camino lineal. Trabaja en un teatro de Savannah en donde no solo maneja la taquilla sino que ha actuado y ha sido asistente de producción de obras destacadas como Annie o Hairspray. Desde su infancia introvertida en Guatemala hasta los escenarios de Georgia, su historia demuestra que la disciplina técnica y la pasión interpretativa pueden unirse para crear una trayectoria digna de ser contada.
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