Ana Luisa López tiene 33 años; vive junto a su esposo, dos hijas y sus padres en Quetzaltenango, de donde es originaria. Es maestra pedagoga y aficionada a Xelajú MC desde que tenía 10 años. Ahora también se sumó al interminable listado de mujeres víctimas de violencia.

Foto tomada de RunRun.es

Lectora empedernida, disfruta la poesía y es actriz en algunas obras de teatro locales; también modera eventos. Es una mujer apasionada por su trabajo, risueña, humilde y poco problemática. Pertenece a grupos culturales y religiosos. Su sueño es fundar una organización que le permita a personas con diferentes discapacidades o alteraciones genéticas, jugar fútbol.

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“No quiero que manchen mi nombre” repite una y otra vez. Recuerda con ilusión, agradecimiento y emoción cada detalle, los aromas y la fiesta de su primera cobertura; un partido en el Mario Camposeco contra Cobán.

Cuando comenzó la ilusión de un nuevo trabajo en noviembre del 2017 no imaginó que su nombre rebotaría en la prensa luego de ser golpeada por un futbolista. Sintió mucha vergüenza y tuvo que explicar una y otra vez lo sucedido. Su decisión fue poner punto y final a la historia, por miedo a represalias.

Foto tomada de Aegi formación

El año pasado fue contratada en Locos por Xelajú. Contribuiría en el programa radial del mismo nombre y cubriendo los partidos desde la cancha con publicaciones y fotografías, en la cuenta de twitter. Desde su primer día en el proyecto acordó no hacer entrevistas para evitar el contacto directo con los futbolistas.

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En cada visita al estadio, Ana Luisa acostumbra a salir antes del pitazo final. No encuentra alboroto en la puerta y se traslada tranquila a casa, pero en la fecha 21 del Clausura 2018 no logró hacerlo y terminó como la protagonista de un video que generó indignación y molestia.

Foto tomada de Twitter

Comunicaciones visitó a Xelajú en el partido de la penúltima jornada. Los locales ganaron y el ambiente estaba tranquilo; la afición en los graderíos coreaba porras a favor de “los chivos” y algunos insultos a los rivales, que increparon al árbitro Mario Ramírez.

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López intentó entregar el chaleco que la identifica como miembro de la prensa, pero la persona encargada no la pudo atender; este buscaba ayuda para que la cuarteta de réferis saliese del campo sin novedades. Mientras esto sucedía, Ana se ubicó en la zona mixta, cerca del camerino de visita y con la mirada hacia el campo.




Los jugadores cremas comenzaron a pasar. Altos, delgados, morenos, bajos... caminaron sin pena ni gloria. Ana Luisa no los identifica con facilidad y se desentendió de lo que hacían. De pronto, sintió un severo golpe en la espalda, se volteó y reclamó, pero el jugador Jorge Aparicio nunca se detuvo.

Ana se acercó a la puerta del vestidor esperando una respuesta; molesta, impotente y humillada. Aún así recibió insultos y gestos obscenos desde adentro.

Imagen tomada de Mujer Ecuador Quito Empoderamiento

López logró salir del recinto con lágrimas que rodaban por todo su rostro, llenas de vergüenza, rabia y asombro. Hasta la fecha no encuentra justificación y teme por un próximo conflicto con Aparicio, sus compañeros o la afición. Recibió llamadas de la Unidad Fiscal de Delitos contra Periodistas del Ministerio Público, de la Procuraduría de los Derechos Humanos y algunos colegas, pero decidió no interponer una denuncia formal.

Foto tomada de Futbol Guatemala

Su rutina en el estadio dará un giro importante.

“A este señor Aparicio no quiero verlo nunca más. Lo vi en Facebook y me dio miedo. Decidí que si sigo trabajando en el estadio lo haré desde el Palco, lejos de personas problemáticas”.

Relato consultó a Liga Nacional si intervendrían en el caso, sin embargo nunca se recibió respuesta. El club no se pronunció al respecto y Aparicio decidió dar vuelta a la página sin resquemor.




Para la publicación de esta nota, se acordó con la entrevistada no utilizar fotografías personales o familiares de la víctima. 

Fotografía de portada tomada de LIT - CI. 


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