Soñador, amante de los deportes y los viernes tipo tranquilo. Soy Guido Abdalla, un joven atleta a punto de dar un gran salto en mi carrera. Apegado a mi familia y comprometido con el futuro. Apasionado por la filosofía japonesa y de corazón sensible cuando se trata de causas sociales.

Soy seleccionado de Karate Do y próximamente me retiraré para continuar con mi carrera como entrenador. De hecho, ya tuve mi primera experiencia en el Panamericano Juvenil en 2016 donde dirigí a la Selección. También me acredité como entrenador con la Federación Panamericana de la disciplina.

Hace algunos meses viajé a Dubái y obtuve un certificado y acreditación como entrenador nivel uno de la Federación Mundial de Karate Do y estoy comenzando a dejar el campo listo para los nuevos atletas, mientras me alisto para otras aventuras.

Además estoy terminando mi maestría en Entrenamiento y Gestión Deportiva.

El Karate es una pasión familiar. Me dediqué a este deporte porque mi papá siempre ha sido mi mayor ejemplo. Es mi Sensei, mi héroe. Lo vi competir y soñé con ser como él. Toda la historia comenzó a los cinco años, cuando me dijo que lo haría para toda la vida porque no me permitiría abandonar el deporte y así ha sido.

Quiero seguir los pasos de mi papá y el tiempo 

nos hizo dedicarnos a lo mismo. 

Nunca imaginé ser maestro de Karate. 

Tenemos zapatos muy grandes qué llenar.

Soy una persona dedicada y gracias a ello he podido ganar varios títulos. El primero fue el tercer lugar panamericano de nuestro estilo. Hacemos Shito-Ryu y con 6 o 7 años obtuve mi primer logro importante.

Luego con la Selección Mayor competimos en juegos del Ciclo Olímpico. Por ejemplo, en Mayagüez gané medalla de plata y bronce. Luego en los Centroamericanos de San José gané oro, plata y bronce.

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En Veracruz sumé a mi lista dos preseas de bronce y la que más me llena de satisfacción es la medalla que gané cuando fui campeón mundial de nuestro estilo. Fue una medalla histórica para Guatemala y la más reciente para mí porque fue en octubre de 2016, sonrío con orgullo cuando la recuerdo.

Actualmente me estoy capacitando para dejar de competir. La vida tiene ciclos y el mío está por finalizar. Las prioridades y las ambiciones son otras. Quiero competir en los Centroamericanos de diciembre de este año y con ello pasar de página. Recién me operaron de un hombro y estoy esperando en julio poder volver al fogueo.

La primera decisión difícil

Hace algunos años fui seleccionado de Futsal. En 2003-2004 tuve que tomar una dura decisión. ¿A qué deporte me dedicaría? Mi última palabra sorprendió a varios porque siempre me fascinó el fútbol. No lo voy a negar fui egoísta. Siempre me ha gustado trascender y sabía que en el fútbol dependía del equipo mientras que en el Karate dependía solo de mí.




Cambiaré los papeles y tendré que decir adiós a las competencias como atleta. Es nostálgico porque me he dedicado por muchísimo tiempo a esto, pero es el momento de dar ese paso tan importante en la vida de todo deportista.

El entreno es mejor en familia

Mi papá es el Director Técnico de las siete academias que tenemos. Cinco están en la capital, una en Xela y otra en Palín, Escuintla. Yo me encargo del gimnasio ubicado en Carretera a El Salvador; tengo entre 50 y 60 niños. ¡Me encanta trabajar con niños!

Me motivan a hacer cosas nuevas igual que mi hermano Alejandro. Además, tengo un hermanito que no es de sangre, Christian Wever que entrenamos juntos desde que él tenía 7 años.

Como les dije antes, mi papá fue atleta y es mi gran ejemplo. Ahora no solamente es maestro del deporte sino que además siguió una carrera como juez. Es uno de los más reconocidos y por ello no puede estar con nosotros en las competencias internacionales. Debido a esto yo me involucré. ¡Sé que juntos podremos hacer historia!

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Ellos siempre han estado conmigo. Muchas personas no ven las frustraciones, sacrificios de un atleta o lo duro que puede ser para uno lesionarse. Por ejemplo, a mí me operaron y no he podido entrenar. Eso me mata.

Cuando tenía 20 años me lesioné la rodilla, pensé que se había acabado mi carrera pero me di cuenta que era momento de volver a levantarme, de renacer. Cuando terminé mi proceso de recuperación encontré un proverbio que se hizo parte de mi vida.

Si te caes siete veces, te levantas ocho

Me gusta mucho lo que simboliza el ave fénix que renace de sus cenizas. Después de tanta lesión toca volver a luchar. He modificado mi estilo de vida, tengo muchos proyectos que tratan de informar sobre una vida saludable y me gusta predicar con el ejemplo.

Hace tiempo visité la Fundación para Niños Quemados de Guatemala. Me sorprendió ver a tantos pequeños con su piel quemadita y sonriendo en todo momento. Uno se queja por tonterías y ver esa realidad me motiva para seguir apoyando a muchas organizaciones que ayudan a la gente. 


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