Después de dos años de casados, Andrea y Mario finalmente recibieron la noticia por la que esperaron todo este tiempo: serían padres.

Los médicos no habían podido responder por qué para la pareja era tan difícil concebir un hijo, sin embargo, lo lograron para sorpresa de sus familiares y amigos.

“Teníamos un listado de nombres para hombre. También habíamos comenzado a comprar cosas de color azul”, comentó Andrea, quien quiso saber el sexo del bebé desde el primer momento.

El embarazo transcurrió con normalidad. Incluso, Andrea no tuvo malestares característicos como la náusea o mareos. La pareja estaba emocionada por lo que se venía.

A los nueve meses exactos, Andrea dio a luz a un pequeño, a quien nombraron Ángel. “Su nombre tenía un gran significado para nosotros, pero no sabíamos que luego tendría mucha más importancia”, agregó Andrea.

En casa, todo estaba listo para recibir a la familia. Por las mañanas, Mario iba a trabajar, pero regresaba a cuidar de su hijo por las noches.

Trabajaban en equipo durante las primeras semanas. Todo iba de maravilla. Las visitas no paraban y el bebé parecía estar saludable.

Me emocionaba, porque ser padre era y es una experiencia que siempre quise vivir. Teníamos todo el amor y motivación para tener un hijo, pero lo logramos”, resaltó Mario.

Los nuevos padres nunca se imaginaron que una mañana tendrían que enfrentarse a uno de los escenarios más inesperados y dolorosos que les ha tocado vivir.

La noche anterior, Ángel dormía tranquilamente en su cuna. Al día siguiente, Andrea notó que el pequeño no respiraba. Entró en desesperación y llamó de inmediato a su esposo.

“No respira, no respira”, repetía entre lágrimas, Andrea. Llamaron de inmediato a los bomberos, quienes confirmaron que Ángel había fallecido. Acababa de cumplir un mes de haber nacido.

¿Qué había pasado? ¿Había sufrido? Su expresión de tranquilidad decía que no había sentido nada. Los bomberos dijeron que había muerto por el Síndrome de Muerte Súbita del Lactante (SMSL).

El médico lo confirmó sorprendido. “Es algo que nadie se espera. Me sentía tan impotente e inútil, a pesar de que sabía que era imposible evitar su muerte”, contó Andrea.

Para la pareja, los meses siguientes fueron los “más tristes de su vida”. Guardaron todas las cosas de Ángel en un cuarto, con la esperanza de volver a tener un hijo.

“Por ahora, no creo que emocionalmente esté preparado. La muerte de Ángel fue un corte brusco a la emoción que estaba viviendo”, refirió Mario.

Han pasado ocho meses desde la tragedia. Ambos han avanzado con ayuda de una psicóloga e involucrándose más en la iglesia a donde asisten.




“Logramos aguantar esto gracias a nuestra fe en Dios. Sin ella, no creo que habría avanzado tanto. Ahora entendemos por qué Dios quiso que lo nombráramos Ángel”, manifestó Andrea.

A través de esta experiencia, ambos se han dedicado a hacer conciencia sobre la seguridad en bebés, así como fortalecer su espiritualidad.

“Todo pasa por algo. Espero que nuestro futuro sea lleno de felicidad. Aprendimos de esta experiencia y siempre seremos una familia. Hablaremos de Ángel a sus hermanos, de la felicidad que nos trajo durante el tiempo que estuvo junto a nosotros”, aseguró Mario.

¿Qué es el SMSL?

El síndrome de muerte súbita es la muerte sin causa aparente en un bebé saludable. Se conoce también como “muerte de cuna”, ya que los pequeños mueren al dormir.

Sucede durante el primer y cuarto mes de vida. Aunque la causa no se tiene clara, los médicos concuerdan que existen factores físicos y ambientales que pueden aumentar el riesgo.

El principal factor físico es un defecto cerebral. La parte que controla la respiración, el sueño y el estado de vigilia no madura lo suficiente para funcionar adecuadamente. De ahí que los niños no puedan despertarse.

Esto es principalmente provocado por partos prematuros, enfermedades respiratorias, bajo peso al nacer o embarazos múltiples.

En 2014, una investigación del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos reveló que el 40 por ciento de bebés fallecidos tenía esta anomalía cerebral.

El SMSL puede afectar a cualquier bebé, pero investigaciones concluyen que la mayoría de víctimas comparten características similares como:

  • Sexo: los bebés hombres son más propensos a fallecer súbitamente.
  • Edad: los primeros meses son los más peligrosos.
  • Raza: los bebés pertenecientes a razas blancas o caucásicas tienen mayor incidencia.
  • Familia: si algún hermano o primo del bebé falleció súbitamente, las posibilidades aumentan.
  • Fumador pasivo: los bebés que viven con fumadores tienen más riesgo.

En cuanto a las madres, muchos casos se dan en mujeres menores de 20 años, que consumen drogas o alcohol, que fuma o no lleva un control prenatal adecuado y ordenado.

En todo el mundo, se calcula que el SMSL afecta a uno de cada 2 mil bebés, según la Clínica Mayo.

¿Cómo evitarlo?

Aunque no se puede evitar al 100 por ciento, hay maneras de reducir el riesgo de que un bebé muera súbitamente.

  • No fumar, beber alcohol o consumir drogas antes, durante y luego del embarazo.
  • Colocar al bebé piel a piel con su madre para fortalecer el vínculo entre los dos, pero siempre bajo la vigilancia de otro adulto, por si ella se duerme.
  • Amamantar al bebé lo más que se pueda: al hacerlo, el riesgo de muerte disminuye entre 50 y 70 por ciento. Al mamar, los bebés coordinan el proceso de succión, respiración y deglución.
  • Poner al bebé boca arriba para dormir y facilitar la respiración.
  • Utilizar colchones firmes para evitar que el bebé se sofoque.
  • Evitar que el bebé pase demasiado calor. Esto dificulta su respiración y agotarlo. Los padres deben vigilar si el bebé suda demasiado para refrescarlo de inmediato.
  • Darle un pepe para dormir. Los bebés no duermen tan profundamente con algo en la boca, ya que eventualmente se despiertan para succionar.
  • No fumar cerca del bebé ni dormir con él si algún padre es fumador. Esto aumenta nueve veces el riesgo, ya que el humo congestiona sus vías respiratorias.
  • Dormir en la misma habitación del bebé para controlar sus movimientos.
  • No utilizar monitores o productos que aseguren evitar el SMSL. Los padres pueden confiarse de ellos y olvidar las demás recomendaciones.

¿Qué hacer si tu hijo falleció?

  • Buscar apoyo emocional, psicológico o espiritual de inmediato.
  • Buscar un amigo o familiar a quien puedas contarle lo que sientes.
  • Apoya a tu pareja, el dolor es de ambos.
  • Busca grupos de padres que hayan vivido lo mismo.
  • Tómate tu tiempo, recuperarse de una pérdida no es sencillo.

El SMSL es un síndrome que arrebata vidas en flor, pero puedes evitar que suceda llevando siempre el control de tu embarazo y desarrollo de tu bebé. Acude al médico de inmediato si notas algo extraño en tu bebé. Recuerda, siempre es mejor prevenir que lamentar.

Fotos: Unsplash.com, Parents.com


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