El Puente Belice, inaugurado en 1958 como una proeza de ingeniería, hoy se tambalea bajo una carga vehicular
100 veces mayor a la que fue diseñada. De soportar apenas 1,500 vehículos diarios, ahora resiste unos 150 mil, incluyendo transporte pesado que ha fracturado su estructura. Las inspecciones más recientes del CIV y Conred confirman que los daños en juntas, estribos y losas son críticos, sumando el colapso de sistemas de drenaje y corrosión severa. A pesar de ser una vía vital que une zonas clave de la Ciudad de Guatemala con la carretera al Atlántico, la estructura no ha recibido atención integral en décadas.

Evidencias técnicas ignoradas
En 2024, la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred) confirmó que el puente “presenta daños en las juntas y estribos por el contacto entre la estructura metálica y las bases de concreto, agravado por la alta carga vehicular”. A esto se suma “la obstrucción total de las cajas recolectoras de agua pluvial por arena y basura”. Según Juan Laureano, vocero de Conred, “las últimas intervenciones consistieron en agregar aisladores sísmicos y neopreno, pero el nivel de riesgo estructural sigue siendo alto”. El Ministerio de Comunicaciones, a través de Félix Alvarado, admitió: “Recibimos una infraestructura abandonada por al menos una década y con una institucionalidad debilitada por el latrocinio”.
Debajo del puente, en el asentamiento Jesús de la Buena Esperanza, unas 140 familias viven entre el miedo y el estruendo. Daniel Pérez, vecino desde hace 20 años, afirma: “Las casas tiemblan, los estribos truenan y hay rajaduras. Ya reportamos, pero nadie hace nada”. Beatriz López, de 58 años, vive con la incertidumbre de que el puente se desplome.
Roberto Alvarado agrega: “Por las madrugadas se siente como si temblara. Da miedo”. Incluso hay hundimientos tapados con cemento que, en época de lluvia, podrían convertirse en un riesgo mortal.

Puente Belice II: ¿solución o promesa incumplida?
La esperanza de una solución integral surgió en 2022 con el anuncio del proyecto Puente Belice II, adjudicado a Grupo Muratori por Q1,785 millones. El nuevo viaducto tendría dos niveles, incluiría cuatro carriles y transporte público masivo. Pero el proyecto fue suspendido en 2023 por incumplimientos técnicos y falta de liberación del derecho de vía. Juan Carlos Zapata, director ejecutivo de Fundesa, lamentó: “El puente actual ya no soporta más. Si no se construyen los puentes Belice II y el de zona 6 a Mixco, el metro de la ciudad será inviable”. La Corte de Constitucionalidad ya ordenó reactivarlo, pero el CIV aún no retoma la obra.

¿Prevención o tragedia anunciada
El puente vibra, pero no despierta a las autoridades
Ericka Esperanza, otra vecina, señala: “El puente lo vienen a chapear, pero no arreglan nada. Caen pedazos de cemento, necesitamos un muro por las lluvias”. La Municipalidad ha realizado trabajos de emergencia, como el cierre de un carril en enero de 2023, pero solo se repararon “uniones y banquetas no estructurales”, según indicó el viceministro Max García. Mientras tanto, las vibraciones y grietas persisten. El último cierre parcial de carril ocurrió por la aparición de un agujero en junio de 2024.
Deben actuar antes de lamentar
Desde 2018, se han invertido Q44 millones en mantenimientos paliativos. Sin embargo, expertos como el ingeniero Sigfrido Arrivillaga han advertido que el puente “ya superó su vida útil y su carga original”, y que la única salida real es una intervención estructural profunda o una nueva construcción.
El Puente Belice se ha convertido en una bomba de tiempo. Las autoridades tienen ante sí una decisión crucial: prevenir una tragedia o cargar con su consecuencia. Las voces de los técnicos, las cifras oficiales y los testimonios coinciden en algo: el colapso no es una posibilidad remota, sino una amenaza latente. Cada día que pasa sin una acción firme es un día en que más de 150 mil vidas están en juego.