La convergencia de una población que envejece rápidamente y una alarmante tasa de obesidad del 30% en adultos está acelerando la aparición de la osteoartritis en Guatemala, una enfermedad que ya afecta la movilidad de millones de personas y que amenaza con saturar los sistemas de salud en las próximas décadas.
En América Latina, el panorama del dolor crónico es crítico; se estima que entre el 29,7% y el 52,8% de la población padece alguna condición de dolor persistente por más de tres meses, afectando de manera desproporcionada a las mujeres y a los adultos mayores. Dentro de este espectro, la osteoartritis, también conocida como artrosis, destaca como una de las patologías más incapacitantes al provocar el deterioro progresivo del cartílago articular.

“El cartílago que protege los extremos de los huesos se va desgastando y genera dolor, inflamación, rigidez y sensación de fricción”, explica el doctor Pedro Salvador Rivera, Gerente médico de Oste-dolor en Adium. Según el especialista, aunque las caderas y las rodillas son las zonas más impactadas, la enfermedad también está apareciendo en edades más tempranas debido a trabajos físicamente exigentes, deportes de alto impacto y, fundamentalmente, a la obesidad.
Un desafío de peso para Guatemala
Las estadísticas locales revelan un escenario complejo: el 30% de los adultos guatemaltecos vive con obesidad, un factor que genera una carga mecánica adicional sobre las articulaciones2…. A esto se suma que el segmento de personas de 60 años o más representa el 5,6% de la población nacional, un grupo que crece de manera constante y que es biológicamente más vulnerable al desgaste articular.
A nivel global, la Organización Mundial de la Salud señala que más de 500 millones de personas ya padecen esta enfermedad56. Sin embargo, las proyecciones para el futuro cercano son aún más preocupantes: se estima que en 25 años los casos de osteoartritis de rodilla aumentarán en un 74,9%, duplicando prácticamente la cifra actual de afectados.

Prevención: la única ruta ante la falta de cura
Dado que la osteoartritis no tiene una cura definitiva, el enfoque médico se ha centrado en el control de síntomas y la modificación de estilos de vida. El doctor Rivera enfatiza que el desafío actual es establecer estrategias de prevención enfocadas en riesgos modificables
Entre las recomendaciones para mejorar la calidad de vida y retrasar la progresión de la osteoartritis se encuentran:
• Mantener una alimentación saludable y un peso adecuado para reducir la presión articular.
• Realizar ejercicio físico diario para fortalecer la musculatura de soporte.
• Adaptar el entorno del hogar y utilizar dispositivos de apoyo para facilitar las tareas cotidianas.
• Evitar movimientos repetitivos y proteger las articulaciones de lesiones.
En casos donde la prevención ya no es suficiente, los tratamientos pueden variar desde la viscosuplementación en etapas moderadas hasta cirugías de reemplazo articular en cuadros graves. La clave, según los expertos, radica en un diagnóstico temprano que permita mitigar el impacto de esta condición en la autonomía y productividad de los pacientes guatemaltecos
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