Luis viaja 45 minutos todos los días para impartir sus asignaturas en la escuela primaria de una de las aldeas de Tacaná, San Marcos. Desde hace más de 10 años se dedica a la docencia. “Fue una vocación que me heredó mi mamá”, cuenta.

Este año tenía asignado el grado de cuarto primaria conformado por aproximadamente 20 estudiantes, muchos de ellos de escasos recursos, quienes además de estudiar se dedican a las actividades agrícolas, para apoyar a sus familias. El 13 de marzo fue el último día que Luis pudo compartir con ellos. A partir de esa fecha todo ha sido incierto para él y los niños. 

A raíz de la crisis sanitaria provocada por el COVID-19 varias actividades, entre ellas las escolares fueron suspendidas. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), 850 millones de niños y jóvenes dejaron de asistir a clases debido al coronavirus.

El Ministerio de Educación (Mineduc) puso en marcha medidas para evitar que los escolares interrumpieran su aprendizaje. Pero, otro de los desafíos de la cartera era la alimentación escolar, ya que muchos estudiantes asisten a clases con la motivación de recibir comida, en algunos casos la única que tienen durante el día. 

El otro reto mayor se encuentra en las áreas rurales, donde muchos aún viven sin energía eléctrica.


Medidas de aprendizaje

El Mineduc transmite clases de matemática y comunicación y lenguaje a través de los medios de comunicación masivos, que se distribuyen según la edad y grado que cursan. En su momento, la ministra de Educación, Claudia Ruiz, dijo: “Tenemos que ser creativos para llegar a los niños de la manera que podamos y que el sistema educativo no se quede parado. A la vez, estamos trabajando cápsulas con apoyo psicosocial para las familias”.

Ante la pandemia, el Ministerio de Educación presentó el Plan integral de prevención, respuesta y recuperación, que se compone de tres fases. La primera era promover la importancia de la cuarentena en casa acompañada de las medidas de prevención como el lavado de manos y uso de la mascarilla. Además de la estrategia de entrega de alimentos no perecederos a las familias de los escolares, como una ayuda en esta etapa en la cual muchos padres y madres no han podido desempeñarse laboralmente.

La segunda fase es la estrategia #AprendoEnCasa que su objetivo es que los estudiantes continúen su formación desde el hogar. Para ello, se contemplaron acciones para llegar a los ámbitos, urbano y rural, que incluyen programas de televisión y radio, guías de autoaprendizaje impresas, así como la habilitación de una biblioteca digital escolar. Todo esto para poner a disposición de los alumnos y catedráticos recursos digitales para apoyar el desarrollo de las destrezas. 

La tercera fase implica el retorno a clases, que aún es incierto.

Colegios privados han implementado dar clases por medio de aplicaciones como Zoom, Hangouts o por plataformas propias de los colegios. Sin embargo, para el área rural el reto es aún mayor “porque no todos tienen las posibilidades. Muchos de mis alumnos apenas tienen para comer y para lo básico en sus hogares”, comenta Luis.






Reto en el área rural

En el área rural el acceso a los medios de comunicación es limitado. “No tenemos otra forma de llegar a ellos, lamentablemente somos un país con muchos desafíos respecto al tema de la tecnología, con la electricidad, pero trataremos de llegar a la mayor cantidad de niños”, dice Ruiz.

De esa cuenta, los niños que están en comunidades alejadas tendrán que ser atendidos cuando se incorporen de nuevo a las aulas.

Los catedráticos se las han ingeniado para poder dar clases a sus alumnos. Como el caso de un profesor en Santa Cruz del Quiché, quien tuvo la iniciativa de salir a impartirlas hasta los hogares de sus estudiantes en un triciclo.

Un video de la página de periodistas del interior, Mi Gente CA, mostró cómo una profesora repartió las hojas de trabajo de casa en casa a los menores. Para Luis la historia no es distinta. “Quizás los alumnos que viven en el centro tengan más posibilidades de ver los programas del Mineduc, pero para mis estudiantes eso es más difícil”, relata.

Una vez por semana visita a cada uno de sus estudiantes para poder ayudarles a resolver dudas y ponerlos al día con sus materias. “En la medida que se pueda”, comenta Luis.

Con el segundo semestre por comenzar y luego de las vacaciones de medio año, que algunas instituciones han dado, el retorno a clases es cada vez más lejano y el reto del Ministerio de Educación se acrecienta. Impartir las cátedras a través de los medios de comunicación funciona para algunos, pero para el área rural no es factible del todo. Cuando los recursos escasean los educadores utilizan su ingenio para continuar.



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