El caso de la cancelación del programa de Jimmy Kimmel ha despertado comentarios de diversa índole. Para quienes no estén al tanto, el comediante realizó comentarios fuera de lugar sobre el asesinato de Charlie Kirk en un programa de la cadena ABC, literalmente dijo: “Este fin de semana llegamos a nuevos niveles bajos con la pandilla MAGA, que desesperadamente intenta caracterizar a este chico que asesinó a Charlie Kirk como cualquier cosa menos uno de ellos, y hacen todo lo posible por sacar puntos políticos de ello”.
El comentario impreciso
Kimmel básicamente acusó al movimiento MAGA de tratar de distanciarse del asesino de Kirk cuando, según él, el atacante era “uno de ellos”. Esto generó la controversia que pudo haberse acabado con una disculpa, porque podría haber sido un comentario prematuro, que luego de la aprehensión del supuesto asesino, podría haber reconocido su error. Sin embargo, su negativa a disculparse públicamente propició la suspensión indefinida de su programa ante la presión de grupos de derecha.
Los comentarios más frecuentes que ha despertado esta decisión de la cadena vienen de tendencias de izquierda que se han ofendido, encasillando el tema como censura a la libertad de expresión. Por otro lado, están quienes aplauden la medida porque consideran una irresponsabilidad que un influenciador sea tan impreciso en sus comentarios, además aplauden que Disney esté cambiando su discurso ideológico que se alimentó durante el gobierno demócrata.
Este caso muestra un punto de inflexión en Estados Unidos, donde se evidencia un esfuerzo renovado por que los valores fundamentales regresen a guiar el comportamiento social, esa iniciativa ha tenido eco en miles de familias dentro y fuera de ese país.
Como apasionada de la comunicación, me parece que hay una pequeña línea, muy delgada, que estamos pasando por alto. Esta línea separa dos conceptos fundamentales que a menudo confundimos: la libertad de expresión como derecho y la libertad de expresión como privilegio laboral.
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Derecho vs. privilegio laboral
La opinión personal es eso, personal, cuando la expreso en mis propios canales. Tengo el derecho constitucional de decir lo que pienso en mis redes sociales, en mi blog o en conversaciones privadas. Pero si una empresa me contrata, mi opinión queda sujeta a las directrices y valores de la empresa que me paga.
Esta distinción no es censura, es realidad contractual. Cuando Jimmy Kimmel habla en su programa, no está hablando como Jimmy Kimmel ciudadano, sino como Jimmy Kimmel empleado de Disney. La empresa tiene todo el derecho de decidir qué tipo de contenido quiere asociar con su marca, especialmente cuando enfrenta presiones de afiliadas importantes y autoridades reguladoras.

Lecciones para las empresas
Este caso es un ejemplo de esas indiscreciones que una persona puede llegar a cometer en cualquier ámbito y debemos entender la diferencia entre el derecho a la libre expresión y el privilegio de tener una plataforma masiva financiada por otros. Toda empresa tiene la libertad de balancear la libertad de expresión de sus empleados con la responsabilidad hacia sus accionistas, audiencias y socios comerciales.
En esta era de polarización, esa delgada línea entre libertad y responsabilidad profesional adquiere gran relevancia. Porque al final del día, la verdadera libertad de expresión no está en poder decir lo que se me antoja en cualquier plataforma, sino en entender las consecuencias y responsabilidades que conlleva cada una de nuestras palabras.
Pensar antes de actuar
La próxima vez que veas a alguien defendiendo su “derecho” a decir lo que quiera en el trabajo, o criticando a una empresa por distanciarse de comentarios controversiales, pregúntate: ¿estamos confundiendo libertad con licencia? ¿Es realmente censura cuando las consecuencias llegan por las decisiones que tomamos sobre dónde y cómo expresamos nuestras opiniones? Pero más importante aún, este caso nos deja preguntas fundamentales para las organizaciones: ¿Tienen protocolos claros sobre cómo actuar cuando un colaborador hace declaraciones que contradicen los valores corporativos? ¿Saben sus empleados dónde están los límites?
Antes de tomar partido en estas situaciones vale la pena recordar que la coherencia en la comunicación se aplica para toda persona o empresa. En esta era digital, cada comentario puede convertirse en una crisis que lleve a una suspensión y a un despido.
Sobre MAGA
MAGA es el acrónimo de “Make America Great Again” (“Hagamos grande a Estados Unidos nuevamente”), el eslogan de la campaña del presidente Donald Trump desde su primera campaña presidencial en 2016. El término se ha convertido en un movimiento político que engloba a los seguidores del mandatario y sus políticas conservadoras.
Comentario inapropiado de #JimmyKimmel https://edition.cnn.com/2025/09/17/media/jimmy-kimmel-charlie-kirk-trump-fcc-brendan-carr