La Antigua Guatemala se prepara para florecer nuevamente con la 10ª edición del Festival de las Flores, una celebración cultural y artística que ha transformado la ciudad en un jardín viviente desde su nacimiento en 2017. Este evento, que cada noviembre reúne a miles de visitantes nacionales e internacionales, se ha consolidado como una de las plataformas culturales más emblemáticas de Centroamérica.
Durante diez años, el Festival ha llenado calles, balcones y plazas con millones de flores, convirtiendo a La Antigua en una galería al aire libre que conecta arte, identidad y comunidad. Más de 4,000 artistas, 200 talleres, 50 exposiciones y múltiples intercambios culturales han dado vida a un movimiento que trasciende fronteras y que, en 2019, fue reconocido oficialmente con la declaración del Mes de las Flores por Acuerdo Municipal.

La edición 2026, bajo el concepto “Ciudad Floreciente”, reafirma el compromiso del Festival con la cultura, la sostenibilidad y el patrimonio. La programación incluye intervenciones florales, exposiciones de arte, instalaciones inmersivas, talleres, gastronomía, música y experiencias culturales para toda la familia. Además, se fortalecerán iniciativas ambientales mediante programas de reutilización y compostaje de flores, demostrando que el florecimiento también puede ser sostenible.
El Festival cuenta con el apoyo de Banco Industrial, institución que ha acompañado esta primera década de historia y que reconoce en la cultura y el arte motores de identidad y desarrollo para Guatemala. “Nos enorgullece acompañar iniciativas como el Festival de las Flores, que durante diez años ha impulsado el talento, promovido el turismo cultural y generado oportunidades para miles de personas”, expresó María Lilian Franco, representante de la entidad.

La Antigua Guatemala no necesita que la decoren: ella sola sabe florecer. Sus calles, mercados, volcanes y rincones son la raíz de un Festival que celebra la creatividad y la memoria colectiva. Este noviembre, la ciudad volverá a florecer para recordar que la belleza también puede convertirse en patrimonio vivo.