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La procrastinación no es solo un problema de pereza laboral; es un patrón que se origina en la vida personal al posponer momentos incómodos como enfrentar una situación sentimental o familiar. Esta práctica erosiona la vida emocional porque cada pendiente se carga como tensión emocional, llevando a la persona a verse como incapaz o indisciplinada y minando su confianza. Conoce lo que el experto Carlos Hurtarte te cuenta para encontrar la solución.

Las opiniones e imágenes de este artículo son responsabilidad directa de su autor.

Dejar las cosas para después es una práctica que sin que se den cuenta se hace diariamente. El paradigma es que esto se hace en el trabajo, pero si vamos al origen, viene de la vida personal, por ejemplo, retrasamos esos momentos incómodos de enfrentar una situación familiar, sentimental, una llamada incómoda, un encuentro difícil. Realmente estamos dejando cosas para después desde la vida personal y lo que hacemos es trasladarlas a la vida de trabajo. El proceso para llegar a procrastinar no es una decisión y recuerdo que un hombre en una cena dijo que luego de trabajar se distraía procrastinando (obviamente no tenía ni idea de lo que estaba hablando) porque esta práctica nos lleva a erosionar silenciosamente la vida personal y emocional. Cada vez que posponemos algo importante, no dejamos ese asunto “en pausa” lo cargamos encima, y esa carga se convierte en tensión emocional.

Procrastinar

Cuando alguien posterga repetidamente, empieza a verse a sí mismo  como “incapaz” o “indisciplinado”. Esa narrativa interna descasta la confianza y hace que la persona dude de su capacidad de cumplir lo que promete. Donde inicia la procrastinación, el primer paso es dejar actividades o cosas a medias un día, esas se unen a las que van saliendo el día siguiente, al ver la cantidad de esas actividades a medias que se llaman “pendientes” vienen a ser tantos que sin pensarlo escogemos que hacemos primero y que después, normalmente escogemos hacer lo que mas nos gusta y dejamos pendiente lo que menos nos gusta. Esto hace una cadena de actividades o tareas sin resolver. Luego viene la presión de la acumulación de pendientes e ingresamos al multitasking y así una cadena interminable de malas prácticas que nos hacen perder de vista el propósito de nuestra vida incluso, porque nos pasamos el día apagando incendios.

Para evitar caer en esta práctica muy menudo diaria, he diseñado 3 herramientas que ven en una agenda la primera es (VD) verificar el plan del día, las tareas, citas y compromisos antes de iniciar el día labora, luego (RRD) revisión de resultados del día donde paso a paso vemos el cumplimiento que tuvimos al terminar el día, enterramos lo que no se le debe de dar seguimiento, programamos lo que si se le debe de dar y lo que no se pido hacer (esto se programa para otro día) si esa actividad se vuelve a cambiar estamos inevitablemente procrastinando. (RIT) retorno de inversión del tiempo allí revisamos el desenvolvimiento de la semana, tareas, citas, seguimientos y planificamos la semana que viene.

Procrastinar

Déjenme ponerle este caso: Laura es gerente de operaciones. Trabaja bajo presión, pero esa habilidad le había pasado factura: atendiendo urgencias, postergaba lo importante y al final del día sentía que no avanzaba. Su mayor frase era “mañana lo hago”, pero esa mañana nunca llegaba. Su agenda estaba vacía, confiaba en su memoria y en su energía del momento, por eso terminaba reaccionando a lo que los demás pedían,, no a lo que ella había decidido. El resultado de atrasos, la sensación de que soy trabajo “ya no dependía de ella”. Luego, aplico los puntos de agenda que expliqué anteriormente (VD) (RRD) (RIT).

Se dio cuenta de que lo que procrastinaba no era por flojera, sino por saturación mental. La agenda le quitó el ruido y le dio orden.

En 30 días luego de tener una agenda productiva, enfocada y con sentido redujo sus horas extra en un 40%, pudo entregar proyecto antes de tiempo, recuperó horas tranquilas sin culpa. El orden, la organización y la agenda le devolvieron la capacidad de confiar en sí misma.

La procrastinación se evita eliminando pendientes, teniendo una agenda que tiene enfoque, con controles diarios hacia un objetivo y metas específicas.

Carlos Hurtarte

Carlos Hurtarte es escritor del libro manejo del tiempo y dejé de procrastinar a lanzarse en el 2026 experto y mentor en el manejo del tiempo, conferencista internacional con más de 10,000 horas de estar impartiendo el tema. Fuer director de RRHH en Convergence Communications.

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