Hace no mucho tiempo, los videojuegos eran vistos por los padres como un simple entretenimiento, una actividad inofensiva que sus hijos disfrutaban en solitario o con amigos que conocían. Pero el mundo digital ha evolucionado, y lo que alguna vez fue un juego solitario se ha transformado en un ecosistema de comunidades en línea, chats y mensajería instantánea. Hoy, una experta de ESET, Martina López, security reserchear, explica que esta nueva realidad trae consigo dos preocupaciones principales para los padres: el contenido inapropiado y el contacto con personas desconocidas.
López resalta la importancia de que los padres se involucren activamente en el mundo de sus hijos. No basta con alejarse y pensar que, como los niños son nativos digitales, “se las arreglarán”. Es crucial que los padres investiguen las edades recomendadas para los videojuegos y el tipo de contenido que contienen. Además, deben entender por qué sus hijos quieren jugar a determinados títulos.

El mayor riesgo, sin embargo, es el contacto con extraños. A diferencia de un club o la escuela, donde los niños interactúan con personas de su mismo círculo social, los videojuegos los agrupan con desconocidos. Estos extraños pueden no ser quienes dicen ser, y en ocasiones, se aprovechan de la inocencia de los menores. López advierte que la falta de diálogo puede llevar a los niños a compartir información privada como su dirección o dónde estudian. También existen casos de robos de tarjetas de crédito, donde los ciberatacantes engañan a los niños para que revelen datos financieros de sus padres a cambio de supuestas monedas o coleccionables dentro del juego.
Para abordar estos desafíos, ESET ha lanzado la iniciativa Digipadres, que divulga contenido sobre seguridad informática y control parental. El objetivo no es prohibir los videojuegos, sino fomentar un diálogo abierto y honesto. López sugiere que los padres pueden pedir a sus hijos que les enseñen sobre los juegos y preguntarles con quién están jugando, si los conocen en la vida real y qué tipo de información comparten. El punto es proteger a los niños en su desarrollo natural, no castigarlos por lo que hagan, sino informarles sobre los peligros para que puedan navegar de manera segura
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