Recibir un teléfono sentenció la vida de mi papá, por eso ya no está conmigo

Una vez en las manos, 30 segundos bastarán para tomar la decisión que cambie sus vidas. Para un piloto de bus recibir un teléfono móvil es sinónimo de muerte anunciada. En el “frijolito” entregado la llamada amenazante, no tarda en llegar.

¡Vivo te quiero! Si no te querés palmar o que le pase algo a tu familia, poné atención.

Me tenés que pagar lo que te pida y tenés una semana.

¡Pero mi patrón ya pagó!

Te dije que pusieras atención.

A mí me la pela que el dueño del bus esté pagando, vos me vas a pagar las varas que yo te pida sino te vas a ir momia. Entendé que si no pagás te vas a ir shuco con un par de pintas que te voy mandar. 

Bajo esas circunstancias, los términos de negociación en el cobro de extorsión a los pilotos de buses son escasos. Si bien le va a los que la pagan, los cobradores serán flexibles en los días para entregar lo acordado. De eso dependerá la tranquilidad en el trabajo y que la familia no sea afectada, por las secuelas de un mortal ataque.

Ser piloto de bus es una ocupación muy peligrosa en Guatemala. Foto: Erick Girón

¿Dónde está mi papá?

El 27 de septiembre de 2016, como todos los días, Rolando Ruiz, se levantó cuando aún no se veía la luz del día. Después de bañarse y cambiarse, salió a “calentar el bus” que manejaba desde ocho meses atrás, mientras su esposa le preparaba un pachón con mosh y unos panes para el desayuno.

El humo blanco que emanaba de la camioneta se mezclaba con la bruma, de una madrugada fría y lluviosa, presagio de un día gris. Revisar frenos, llantas, niveles de agua y aceite de motor era parte de la rutina bien aprendida y puesta en práctica durante 10 años trabajando como piloto.

Después de acuñar, con trozos de madera, las llantas de la camioneta de la ruta 66 que manejaba, entró a su casa, cariñosamente se despidió de sus pequeños hijos, Emely y Antuan (nació de 5 meses, con problemas de audición y aprendizaje) que dormían profundamente y le dijo a su esposa, Vilma López ¡me da mi bendición ya me voy!

Durante toda la mañana, Vilma sintió una profunda necesidad de abrazar a Rolando, sus sentimientos encontrados de amor y nostalgia eran una mezcla de vacío en el vientre y millones de mariposas aleteando por toda su cavidad abdominal.

Al mediodía cuando Vilma iba por Antuan, a Centro de Comunicación Total para Niños Sordos, Doctor Carlos Alfonso Castellanos Molina, recibió una llamada que la desconcertó.

-¿Usted es la esposa de don Rolando?- le dijo una voz femenina.

-¡Sí!- Contestó ella.

Le llamo porque él sufrió un accidente en la camioneta y lo llevamos a la emergencia del San Juan de Dios.

Como pudo bajó del bus donde viajaba y abordó un taxi directo al Hospital General. Sin saber qué hacer se plantó frente a la entrada preguntándose ¿qué le habrá pasado?

Habían pasado 15 minutos que sintió eternos, cuando una puerta de metal se abrió y una mujer de mediana edad, con apariencia de enfermera dijo ¿familiares del señor Rolando Ruiz?

- Soy su esposa- respondió ella de inmediato.

Al ingresar al hospital sintió que nada en su entorno existía, su vista se agudizó y se enfocó solo en la figura de un médico que al verla bajó la cabeza. En ese momento cualquier palabra estaba de más, Rolando había muerto por las heridas del ataque que fue víctima, en la zona 16, cerca del hospital militar.

Rolando Ruiz fue piloto de bus por 10 años, dejó dos hijos en orfandad. Foto: Familia Ruiz López  


Día del padre, sin papá

Rolando tenía poco menos de un año de trabajar en la ruta 66, porque en la 65 le fueron a dejar un teléfono para extorsionarlo. “Me daba miedo que saliera a manejar, pero él no podía hacer otra cosa porque sus estudios no los terminó. Todos los días eran de angustia y de pedirle a Dios de que regresara", refiere Vilma.

“La ruta 66 de la empresa Unión, es de la que más extorsionan”, dice Edgar Guerra, titular de la Defensoría de Usuarios del Transporte Público, de la Procuraduría de Derechos Humanos.

La muerte de Rolando cambió la vida de la familia Ruiz López. Su cónyuge buscó empleo como impulsadora y ya no pudo seguir llevando a Antuan al establecimiento que le ofrece la educación que necesita. El niño estudia en la misma escuela a la que va su hermana, Emely.

En esta semana los días han sido grises, como aquel 27 de septiembre cuando murió Rolando porque en la escuela donde estudian sus hijos hicieron recuerdos para que los niños se los dieran a sus progenitores.

“Ellos los elaboraron y contentos dicen que se los van a dar a su papá, todavía esperan a que él regrese a la casa. Solo escuchan el ruido de una camioneta y me preguntan si su papá está llegando”, dice con mucha nostalgia Vilma.

En vida, Rolando disfrutaba mucho El Día del Padre con su familia. Foto: Familia Ruiz López.

A pesar que ha cambiado de fiscalía, la muerte de Rolando Ruiz sigue en investigación por las autoridades, así como los 2 mil asesinatos de pilotos ocurridos de 2006 a la fecha. Según los registros de la Asociación de Viudas de Pilotos, estos hechos de violencia han dejado 3 mil 500 huérfanos, al igual que a los hijos de Rolando.


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