El taxi de las prostitutas

En una esquina, con cabellera larga y tacones de aguja estaba Naty esperando. Daniel sin pensarlo, paró; el travesti subió al carro, sin saber que en ese momento se convertiría en un cliente frecuente de él que, sin duda alguna, lo llevaría a crear un gran negocio.

Daniel es un taxista “pirata” como muchos le llaman. Tiene pocos clientes, pero hay días en los que no lograba tener ingresos.

“Cuando me le acercaba a la gente y les decía 'taxi seño', se alejaban bien rápido como con miedo, porque piensan que les voy a hacer algo”, expresó el joven.

Tampoco podía servir de Uber, porque según Daniel “es un gran relajo esa cosa”.

Cada día que salía a las calles se sentía triste y desanimado porque no lograba taxear. Rara vez lograba hacer una que otra carrera, pero realmente no era suficiente, ya que tenía que pagar gasolina e incluso poner de su dinero porque no le alcanzaba.

Dar vueltas y vueltas solamente eran gastos extras que no podía darse. Incluso, lograba quedarse un poco después de las 6 p.m., por la Reforma o zona 9 para conseguir clientela y no siempre la gente se alejaba por el miedo.

Para su mala suerte, tuvo problemas con el carro. Lo llevó al taller y pagó con un pequeño ahorro que tenía. El resultado de eso fue que a las calles salía solo algunas horas pico para evitar gastar más gasolina de lo normal... Era en vano.

Daniel, realmente estaba desesperado, abatido y muy decepcionado porque no tenía los ingresos que esperaba y en las entrevistas de las empresas siempre le decían “espere nuestra llamada”, la cual nunca llegaba.

Una tarde, decidió quedarse más noche “a ver qué pasa”. Rondaba por la zona 1 y vio a un travesti pidiendo taxi a eso de las 9 p.m.; Daniel dudó un poco pero agarrándose de valor, paró frente a él: “Taxi seño”, le dijo al travesti…

Subió rápidamente, “gracias guapo, voy para zona 10, me llamo Naty”, le dijo; Daniel le sonrió y se encaminaron a la dirección que Naty le había dado al joven.

Al llegar, Naty se sintió tan cómoda con Daniel que le pidió su número para que fuera su taxista personal, le entregó un billete de Q200.00 junto con un beso y se fue.

“Fue la cosa más loca que pasé, no había tanto tráfico e iba a cobrarle como 60 o 70 pesos, pero sin preguntarme nada me dio uno de Q.200.00 y estaba bien feliz por eso”, comentó Daniel.

Pasó así taxéandole unas dos semanas a Naty, cuando recibió varias llamadas pidiéndole carreras nocturnas. Algunas voces eran de hombres y otras de mujeres, pero todos decían que Naty les había dado el número porque era de confianza.

Así Daniel comenzó a taxear de noche y no se daba abasto y le iba muy bien. Llegó a un punto en el que pensó que necesitaba ayuda, que solo él era insuficiente por lo que contrató a un su amigo.

Pronto, las carreras aumentaban y nuevamente no se daban abasto…

Poco a poco comenzó a contratar más y más gente, además con los ingresos que tenía ya no era necesario que él trabajara, salvo que existiera una emergencia.

“Y aunque no me crean, tengo muchísimos clientes, no se pueden imaginar cuántos”, indicó Daniel.

Pronto modificó los carros, les puso una pequeña televisión, un mejor sonido y hasta compró algunas camionetas para los VIP, donde el servicio es más personalizado; les ofrece bebidas.

“Los VIP son muy delicados, por eso compré las camionetas, para que se sintieran a gusto con un servicio de calidad”, comentó el joven.

Su nuevo proyecto está en proceso, tiene pocos clientes, pero él cree que puede llegar a crecer más. Hace pequeños préstamos y cobra una pequeña tasa de interés por ellos.

“Soy como un banco, pero menos burocrático o como un Chepe te presta, pero más de a huevo”, indicó.

Daniel, ahora tiene buenos ingresos económicos, quiere hacer crecer su nuevo proyecto, pero todo se lo agradece a Naty, porque gracias a ella, tuvo un crecimiento enorme.

Así fue como las prostitutas y los travesti se convirtieron en su principal crecimiento monetario y el cual asegura, seguirá funcionando por un largo tiempo.


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