Dejó su esquina para ser mi esposa

Manuel solo buscaba calmar su ansiedad y excitación que, aseguró el joven, su novia no podía apaciguar hace ya mucho tiempo. Esto, lo llevó a aventurarse en la zona 1 para buscar satisfacer sus más profundos deseos carnales. El camino lo condujo hacia una mujer con tacones altos, medias y un mini vestido, de nombre Claudia y quien lo convirtió en su cliente.
Todo fue lujuria y pasión hasta que el amor comenzó a aparecerse y los sentimientos fueron más fuertes. Manuel, se lo confesó de una manera inesperada.


Tres años y seis meses era lo que Manuel llevaba siendo novio de Katy. Ambos estaban enamorados, pero, como en toda relación, no siempre todo es color de rosa. El problema que esta pareja tenía era que ella residía en Puerto Barrios y casi nunca lograban concretar un día para verse. Ambos trabajaban duro y la joven estudiaba en la Universidad. Si bien les iba, lograban salir juntos un domingo al mes, incluso pasaban casi 3 meses de no poder verse.

“Yo necesitaba más, no hablo solo de amor. De verdad, que siempre es necesario el sexo. Habían veces en los que realmente no lograba quitarme las ganas y la única opción era la masturbación”, comentó Manuel.

Katy ya casi no tenía tiempo para hablar con él y su comportamiento había cambiado drásticamente.

Una discusión surgió por la noche, Manuel le comentó la molestia que tenía a Katy, pero ella lo tomó como un reclamo. El tono por teléfono se intensificó y la calma colapsó; comenzaron los gritos y maltratadas por ambos.

“¡Sabés que! Mejor terminemos esta cochinada ya, me aburrí de que vos siempre me alegás por la misma babosada y de verdad que ya me harté. Mirá vos qué hacés para quitarte esa calentura culera que te agarró”, la novia cortó la llamada.

El joven no sabía si sentirse enojado, alegre o desesperado, por lo que se subió a su carro y comenzó a manejar adentrándose en la silenciosa zona 1.

La noche carnal

Manuel estaba confundido, aunque sabía a lo que se enfrentaría al solicitar los servicios de las promiscuas mujeres (y hombres) de esta zona.

A lo lejos vio a una mujer, rubia oxigenada, delgada, de tez blanca y con ojos de gato; supo entonces que a ella debía acercarse.

El joven se detuvo frente a ella, tardó un poco en que reaccionara, pero accedió.

“Me llamo Claudia” y Manuel le dio gracias a Dios que fuera una mujer.

Fueron a un hotel cerca de donde ella se encontraba; finalmente pudo satisfacer su deseo como nunca antes, por lo que a la siguiente semana, solicitaba los servicios de Claudia casi todos los días.


Del sexo al amor

Siempre la encontraba en el mismo lugar, pero Manuel sentía que algo más pasaba, comenzaba a divertirse con ella de una forma que no lo había hecho con Katy y por ello se hizo su amigo. Discretamente iban al cine de vez en cuando, a comer o a alguna feria.

“Empecé a enamorarme, no sé si era por el buen sexo o porque no me sentía tan bien con alguien hace mucho tiempo, pero percibía que teníamos química y algo me decía que ella sentía también algo por mí”, expresó el joven.

Meses habían transcurrido, casi un año y el sentimiento se hacía cada vez más fuerte. Manuel no pudo contenerse más y le confesó lo que sentía, sin embargo, no fue una confesión común y corriente.

“Claudia, la amo. No sé qué me pasó, pero siento algo muy profundo hacia usted y creo que pedirle ser mi novia no es suficiente para mí. No me lo tome a mal, nunca había conocido a alguien tan diferente, bonita y que haga contraste conmigo… ¿Se quiere casar conmigo?", le propuso Manuel.

La prostituta no reaccionó de inmediato, se levantó de la cama, se vistió, le sonrió y se fue.

El joven estaba realmente triste pensando que no había resultado cómo lo planeó, pero decidió no llamarla o insistirle.

En la noche siguiente, Manuel recibió la llamada que esperaba: “Salga, estoy afuera de su casa”, dijo Claudia.

El joven se preparó dispuesto a ser rechazado, pero, para su sorpresa, la chica le llevaba un regalo. “Quiero darle esto, porque yo también lo amo y sí quiero casarme con usted”. Manuel abrió la pequeña caja y era una pulsera de plata con el nombre de Claudia, ella también cargaba una con el nombre de él.

“Son 6 años que llevo casado con esta maravillosa mujer, tenemos un hijo de 3 años, Kevin, y estoy muy feliz. Nunca pensé estar así de feliz y completo en esta vida”, relató Manuel.

Claudia dejó su trabajo de prostituta y ahora se dedica a manejar su propio salón de belleza, pero sobre todo, le dedica tiempo y amor a su hijo y esposo.

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