Me chingué la rodilla
Juan Oquendo
Fanático de Chef's Table y Master Chef. Soy panadero comercial, gourmet y galletero egresado del Intecap. Tipo de buen diente, aficionado a la cocina. El hijo tropical de Anton Ego y Julia Child.
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Yo no tomaba tanta chela, pero me lastimé la rodilla. El Día del Padre estuve dando una larga explicación a mi sedentarismo crónico con esta frase. Cada vez que pasa el tiempo se alargan y complican mis afecciones hacia un inevitable fin: tengo que ir con el doctor a verme la maldita rodilla. Con eso de mis aventuras de hacer los meal prep, una noche estaba de lo más feliz dando vueltas en la cocina, revisando el horno, picando un chile morrón, abriendo y cerrando gavetas, hasta que no sé qué giro hice hacia la derecha y sentí cómo se me trabó la rodilla diestra.

Me senté y pensé con alivio que al menos no me había pasado como a una mi tía que cuando se le traba la rodilla le duele tanto que no puede parar de gritar como desquiciada. Intenté flexionar la pierna pero no podía del dolor. Así que renqueando me paré a terminar el almuerzo de los próximos días y me fui a tirar a la cama. Pasé del dolor perenne que tenía desde hace dos años, soportable claro, a uno que en verdad me estaba quitando el sueño.

Maldito insanity

Todo comenzó cuando estaba yendo al gimnasio. Ya vieron, es en serio eso de: “y me chingué la rodilla”. Aunque algunos juran que fue en el sauna que me tropecé y así me jodí la rodilla, todo lo contrario. Conforme fui avanzando en la rutina, fui metiendo más peso a las máquinas, hacía más spinning, me metía a las clases de zumba y a las de bootcamp y a las de insanity. En una de tantas, con mal calentamiento, algo se arruinó entre los huesos y el cartílago.

Dejé de ir un mes al gimnasio, quizá solo haciendo reposo iba a estar bien. Pero el dolor persistía y como afiliado al IGSS decidí ir y ser paciente. Me mandaron a hacer una resonancia magnética, la evaluó una doctora y me mandaron un mes al centro de rehabilitación. Les juro, si conocen el Irtra, es algo así. En el cerro de pamplona se esconde uno de los recursos del instituto más curiosos de toda Guatemala. Piscinas climatizadas, jacuzzis, saunas, bocinas con música new age en todos los pasillos. Un orden preciso, como de reloj suizo.

Durante ese mes estuve en el spa del IGSS muy a mi gusto. La mayoría, me atrevo a decir que unos nueve de cada diez, estaba ahí porque tuvo un accidente de tránsito, casi todos en motos o camiones repartidores. Yo era de los pocos que estaba ahí por algo tan azaroso como una lesión de gimnasio. Pero lo gocé, y sí, me sentía mejor de la rodilla. Se acabó el mes de la terapia y me fui. Pero el dolor regresó a las semanas y lo dejé estar ahí como una sombra extra.

¿Y si me operan?

Ante el aumento del dolor mi única solución fue comprar unos tenis para pronador. Me aliviaron y lo siguen haciendo a la fecha, unos zapatos blancos, grandotes, predispuestos a ensuciarse, imposibles de combinar y con tiras reflectantes por todas partes y un taconote de duroport. Pero la noche de los meal prep estaba con mis chancletas planas y todo se acumuló hasta que se me trabó la rodilla. Hice cita con un doctor famoso por reparar articulaciones y rodillas chingadas.

Me mandó a hacer una resonancia magnética y justo hoy, me espera en su consultorio para ver los resultados. De todo dos cosas me asustan: no tengo seguro médico, y que tengan que operarme. Hijo de doctores, toda la vida le he tenido un miedo particular a los pasillos apestosos a medicina con luces blancas, a las pastillas, a las inyecciones, a la sala de operaciones. Aunque la mejor cuajada de mi vida ha sido cuando me anestesiaron para quitarme el apéndice. Desperté como si hubiera dormido un siglo entre las nubes. En cualquier caso, me gustaría saber si a alguno de ustedes lo han operado de la rodilla y cómo les ha ido en lo que me entero sobre mi situación. 

Las opiniones e imágenes de este artículo son responsabilidad directa de su autor.
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Junio 18, 2017
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