Dieron la orden de matarla, ella busca arrebatarle esas almas al diablo

La vida de Jaqueline no es como la de cualquiera.

A los 6 días de nacida, sus padres la regalaron a su bisabuela. A los 7, sus parientes más cercanos la abusaron sexualmente, y a los 9 años optó por salir de casa y refugiarse en un grupo de niños igual que ella, maltratados.

Pegamento, marihuana y cocaína eran parte de su vida junto a 15 chicos más de su misma edad.

A los 11 años, Jaquie ingresó por primera vez al correccional de menores, allí conoció a otros jóvenes que la llevaron a involucrarse en las pandillas.

De ahí en adelante su historial evidenciaría 36 ingresos a Santa Teresa, con apenas 25 años.

Fue pandillera y participó en ataques, intimidaciones, asaltos y actos delincuenciales. Su sector de operaciones fue la zona 18.

Cuando se integró a las pandillas, Jaquie era una niña sola, maltratada, abusada, y sintió que dentro de ese grupo tenía poder, que el miedo que siempre la había acompañado se convertía en valor.

Era apenas una niña cuando su bautizo fue, ir a tirar con arma a un sector. Pero era eso o seguir en el hogar donde la abusaron, ella escogió lo que le daba el poder, la pertenencia.

Hoy, ella reconoce que se convirtió en la pesadilla de las personas de ese barrio donde vivía y públicamente les pidió perdón por todo lo que hizo.

Llegó a tener tanto poder que dirigió una clica. Empezó a ver que su vida iba con respeto y que nada la intimidaba.

Pero tarde o temprano el poder, como la vida, se terminan dentro de la pandilla y a Jaquie le había llegado la hora.

Su error fue haber hecho y visto mucho, así que un día le dijeron que habían dado luz verde para matarla y que mejor huyera.

Para entonces ella ya había comenzado a conocer la palabra de Dios. En la cárcel, le hablaban de él, y la hicieron recapacitar un poco, pero en realidad cuando aceptó salir de la pandilla, fue cuando le advirtieron.




Todas las personas con las que Jaquie se juntaba estaban muertas y ella no sería la excepción.

Jaquie aprendió que las pandillas ofrecen una amistad de carnales, mientras le sean útiles, pero cuando se sabe mucho, ellos toman la decisión de eliminarlos.

"Decidí apartarme de las pandillas, pero veo que hay niño de 9 y 10 años que están reclutando", comenta.

Y los pequeños no saben que las pandillas son una muerte segura. Jaquie dice que muchas niñas que conoció las han matado, otras están siendo contactadas por Facebook y atrapadas van como buey al matadero.

"Ellos saben que yo no estoy muerta". Y que el Señor ahora mismo la está restaurando, la está preparando.

Dice que no les tiene miedo, y si está para ayudar a las personas lo hará, "yo le arrebataré todas esas almas al diablo".

Jaquie está dispuesta que lo que vivió llegue a oídos de los niños para que se den cuenta.

Esa gente se aprovecha de los problemas que hay en los hogares de los niños dolidos de su corazón por el maltrato, les dan regalitos, mientras los agarran y luego los usan.

Los niños son el blanco de las pandillas, porque hacen el trabajo sucio de ellos.

Foto Porttada, DDCesare, El País


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