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La vida desde su concepción, es toda una celebración. Antes que la tecnología lo permitiera, se sabía que un ser estaba por llegar al mundo cuando un vientre crecido era muy evidente, la ausencia del periodo menstrual llevaba varias semanas y la manifestación de otros síntomas, propios del embarazo.

Ultrasonidos en 4D para ver su formación, rostro, hasta para notar expresiones y comportamiento (es muy serio, se mueve mucho, no va a haber quién lo aguante), como el uso de un doppler fetal para monitorear el ritmo cardiaco, es algo común, en la actualidad.

Lo cierto es que, sin importar la época y los recursos tecnológicos, los seres humanos estamos tan acostumbrados a celebrar la vida y los logros que se puedan alcanzar, para todo siempre hay un festejo, motivos para celebraciones sobran, a diario.

Reír, trabajar, disfrutar, comer bien, viajar, tener pertenecías de poco o mucho valor, alcanzar metas, compartir, sembrar un árbol, tener un hijo y escribir un libro, es vivir bien, o saber vivir para muchos.

Esas costumbres, sin las que no podríamos existir, nos hacen indiferentes o que no le demos la cara, a una realidad que hasta puede incomodar cuando alguien toca el tema “no seas exagerado no te va a pasar nada”, son expresiones que no faltan.

En países como Guatemala, uno se habitúa a la muerte rápido, ya sea por hechos violentos, accidentes de tránsito o casos personales, y pocos son previsores para tomarse en serio lo que conlleva el fallecimiento de un familiar, un amigo o un ser querido.

Con la muerte, lo primero que llega es la sorpresa. ¡Se murió fulanito!, ¡no chingués, si lo acabo de ver, tan bien que estaba!

En el fallecimiento de una persona, además de ser una mala noticia, en muchos casos, el arrepentimiento, remordimientos y hasta sorpresas van de la mano, por repartición de herencias, aparición de otros hijos y hasta deudas, por mencionar ejemplos comunes.



Foto: Pixabay

Hortensia Velásquez, exempleada de una funeraria, manifiesta que “la gente solo piensa en vivir y no le da prioridad a la muerte, por temor o por razonamientos culturales y no ven que es una primera necesidad no aceptada”.

Las palabras que tienen sentido cuando la muerte sorprende y se concluye en que “todos necesitamos un servicio funerario y tener una propiedad en el cementerio” sino son clavos seguros para la familia.

Por muy doloroso y frío que parezca el tema, el fallecimiento de alguien es algo que tarde o temprano nos toca vivir, nadie se salva.

“Es mejor prevenir que lamentar”, refiere el dicho popular, por eso cuando se presenta un imprevisto de este tipo, no faltan las “cooperachas” en el trabajo, donde se estudia y con los vecinos, para apoyar con algo.

Para Abraham Salazar, fabricante de ataúdes, “planificar bien el futuro, para no llegar a los 50 años o más, solo y pensar ¿qué pasa si me muero?”, es tarea de todos. Hay que tomar conciencia de la muerte para no poner en apuros o que se endeuden los más cercanos.

Morirse cuesta pisto

Un servicio sencillo y básico, de funeraria como las que están enfrente o en los alrededores de los hospitales se puede conseguir hasta en Q15 mil.

Este paquete incluye: mobiliario para velación en la casa, el ataúd y los trámites (Renap, PNC y Sanidad Pública), que hace gente pilas (en un próximo relato les presentaremos un perfil de ellos), son bien chispudos.

A esto hay que sumarle, los gastos del altar, las flores, coronas, pan, café, trago, tamales o lo que la gente acostumbre a dar en el velorio (lo que se pierde en el póker es por cuenta propia), de barrio o de pueblo, más los gastos administrativos si el sepelio es en un cementerio público, total aproximado entre Q10 y Q12 mil.

En una funeraria de renombre, que ofrece desde embalsamamiento hasta un servicio de lujo, se gasta aproximadamente de Q6 mil, el servicio más económico, hasta los Q40 mil, el más caro. Esto sin contar los Q15 mil o hasta Q500 mil que puede costar una propiedad en un camposanto.



Foto: Pixabay

Sin importar, que para los que viven de esto y han hecho de la muerte o del dolor ajeno un negocio muy rentable, tarde o temprano no queda de otra que hacerle frente a esta dura realidad.

¿Ya estás preparado para una emergencia de vida o muerte?

Espera en el próximo relato “El último gusto es lo que te llevas puesto”

*Foto de portada: Pixabay

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