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Conquistarte de vuelta fue un trabajo arduo, tuve muchas dificultades olvidando lo que había sucedido entre nosotros. Sé que yo tuve la culpa de mucho de lo que pasó. Sí, fue mi culpa haberlos presentado, pero realmente en ese momento no lograba comprender lo que dentro de mí estaba empezando. Fue un error de mi parte permanecer junto a ti en ese momento, debí haberme ido cuando aún podía dejarlos a ambos.

Sin embargo me quedé a su lado, poco a poco fui engañando una parte de mí para permanecer a tu lado, fingiendo preocupación por tu relación. Había procurado estar a tu lado cada vez que tenían una pelea y resultabas enojado. Nunca perdí la esperanza de encontrar una sola oportunidad contigo en cada una de esas peleas, incluso hubo un momento en que sus peleas eran mi único consuelo.

Deseaba tanto darles motivos para pelear… Pero al final solamente era la persona que los animaba a resolver sus discusiones, te animaba a diario y te proporcionaba uno que otro consejo para reconquistar a mi “amiga”. Yo la conocía bastante bien y no sé en qué momento ese afecto que sentía por mi amiga se fue volviendo una especie de rencor y envidia.

Simplemente no podía soportarlo. Llegué a detestar tanto tu relación que tan solo el hecho de saber que estaban peleando me hacía sentir bien. Pero las cosas simplemente volvían a como eran. No recuerdo en qué momento la idea de separarlos invadió mi mente y simplemente no iba a descansar hasta verla mal. Esa relación debía terminar por mi propio bien. Lo siento si suena frío, pero sé que ahora me entiendes.

Te conocí mucho antes que ella. Gracias a mí ella ahora disfrutaba de lo que yo simplemente no podía. Ella sonreía, ella era feliz, pero, ¿dónde quedaba yo? Ella no merecía tener lo que yo había querido tanto. La llegué a despreciar tanto, imagina lo loca que estoy por ti. Pero es que eres como una parte que ha sabido complementar mi vida.

Siempre me encantaron tus hoyuelos y esa forma pícara que forman cuando sonríes. Yo siempre había querido ser esa mujer en la cual tus enormes ojos marrones se fijarían. Recuerdo cuando sostuve tu mano por primera vez, estaba tan tibia que mi mano comenzó a derretirse inmediatamente. O qué tal esa vez que me abrazaste luego de haber peleado con ella. Mi corazón latía muy fuerte, mis ojos casi se salían de sus órbitas al sentir cómo me abrazabas. En ese momento fui extremadamente feliz.

Todo se arruinó el día que se conocieron… No lograba entender por qué tus ojos brillaban tanto cada vez que te veías con ella y por qué ella sonreía con más brillo que yo. ¿Por qué no lograba llamar tu atención, por qué no prestabas atención a los cambios que iba haciendo en mí?

El brillo labial que había encargado por ese catálogo de productos que mi tía me había mostrado, la loción por la que tanto ahorré, los accesorios y los cambios constantes en mi cabello… nunca te percataste de ellos por ti mismo. Solo gracias a otros lograbas notar uno que otro detalle en mi apariencia.

Sufría cuando te percatabas en el más insignificante cambio de ella. Me dolía el corazón cada vez que derrochabas alagos en ella, y aun cuando nunca cambió el estilo de su cabello tú siempre elogiaste su forma ondulada y algo alocada. Me limitaba a sufrir en silencio cada vez que te escuchaba decir cómo sus ojos te atraían tanto. ¿Es que acaso mis ojos no tenían su propio encanto? Muchas veces mi abuela me encontró llorando sola; ella en el fondo sabía que mis lágrimas no eran por un simple capricho temporal.

Recuerdo muy bien el día en el que mi corazón se estrelló junto a mis ilusiones contigo. Ella estaba junto con las otras hablando muy alegremente, me sentí intrigada y bueno, como se dice: “la curiosidad mato al gato”. En este caso la curiosidad destruyo mi corazón.

Ella muy tímidamente me dijo que ahora tú y ella compartían un lazo más estrecho, que ahora un poco de ella siempre te acompañaría. No entendí de qué me estaba hablando, hasta que una de ellas dijo que no eran más un par de vírgenes sin saber qué hacer. Mi rostro se sintió sumamente caliente y mi estómago un vacío se tragó un sorbo de amargo dolor. Estúpidamente me reí y oculte todo lo que en ese momento pasaba por mi mente.

Pero hoy por fin estás aquí junto a mí. Hoy por fin te entregaré todo mi amor, toda mi alma. Mi cuerpo será tuyo, por favor haz de mí lo que hiciste para que ella te considerara de su propiedad. Hazme hoy de tu propiedad, complementa mi vida y llénate de placer con mis sentimientos.

***

Aun cuando dices todas estas cosas, sería incapaz de tomar tal cosa de ti. Siento un inmenso desagrado por ti. Sería incapaz de poner un dedo sobre tu pervertida forma. Si he llegado hasta este momento no ha sido por que por alguna extraña razón hayas conquistado mis sentimientos. Para mí es completamente claro que no voy a dejarla, aun cuando en este momento no esté junto a mí. Estoy completamente seguro de que lleva una parte de mí en su interior.

Mejor dicho, no es que no haya notado todos esos absurdos sentimientos que afloraban poco a poco en ti. Simplemente ignoraba tus cambios poco admirables. NO eran de mi interés. Si lograba alargarlos era únicamente por que ella me obligaba, después de todo eras su apreciada amiga.

Muchas veces discutimos por tus estúpidos sentimientos, nunca dejó que yo te hablara sobre esos sentimientos de los que tanto te enorgulleces. Para mí únicamente eran un estorbo entre nuestra relación, jamás dije nada y simplemente te mostré una máscara bastante amable. Pero basta ya de eso.

Detesto lo que haz hecho y aborrezco la entromisión de tu vida en la nuestra… No estoy aquí para aceptar tus sentimientos ni para entregarte los míos. Y siento lástima por ti, pues nuevamente has confundido las cosas…

No siento nada más que lástima. Permite que me vaya, puesto que lo único que he encontrado aquí es una historia deprimente.

Relato escrito por:

Isaí Mejía

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