Mi historia con ómicron imagen

No importa la variante que sea. ¡Todo va a salir bien! Hay que hacer lo que corresponde, sin dejar de confiar que Dios es quien nos saca adelante.

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El ómicron se llevó mi invicto. Mi trabajo ha sido desarrollar escenarios en tiempos de crisis, así que cuando empezó la pandemia creé los necesarios en la familia, es decir qué medidas tomaríamos si en caso mi esposo o una de mis hijas resultaba positiva.

Ya saben, esas conversaciones incómodas que tarde o temprano hay que establecer: quién y dónde nos trataríamos, con o sin seguro… En fin, esos detalles que se ven mejor antes que llegue la emergencia.

Fueron pasando los meses y nuestros escenarios cambiaron. Tomamos medidas de precaución generales, sobre todo porque había que salir a la calle para seguir con la vida laboral. Además, eso del confinamiento no es algo que se me dé con facilidad.

En el 2019 y 2020 terminamos invictos. En el 2021 nos vacunamos. Supimos que las vacunas serían un motor para restringir algunas libertades que para nosotros son importantes, así que no lo dudamos.

En el 2021 llegué a pensar que quizás ya me había dado. Pensé hacerme la prueba de anticuerpos y resolver la duda, pero el deseo no motivaba el gasto. Aunque admito que pasé un par de sustos que terminaron en pruebas negativas.

Poco a poco reacomodamos los escenarios. Y tal como los memes dicen, mi expectativa era una y la realidad fue otra. Siempre pensé que si me daba, mi esposo dejaría la habitación completita para mí, tendría Netflix, Apple TV y todas las plataformas para ver las series románticas y cursis posibles. Dormiría hasta tarde, me tocarían la puerta para llevarme la sopita o el antojo del día. Catorce días después saldría sin virus bien actualizada con noticias de cine, del acontecer mundial y estaría lista para seguir mi vida.

El 2 de enero de 2022, después de una noche con un fuerte malestar que me provocó dolor intenso de cuerpo y de cabeza – clásicos síntomas de catarro fuerte– me hice la prueba. Para ser sincera, más que por los síntomas, mi motivación para “salir de dudas” fue que mi mamá se recuperaba en mi casa de un proceso que puso en riesgo su salud. Por otro lado, el lunes debía acudir a una reunión muy formal de trabajo y no quise llegar mocosa con la duda de si era o no el bicho. Se me hizo irresponsable no tener la certeza.

Me fui de espaldas cuando leí: POSITIVO. Sí, en buen chapín me aguadé. Se acabó el invicto. Hay tantas noticias negativas del famoso virus que no pude evitar marearme imaginando los peores escenarios. Esa campaña de asustamiento, sí funciona, contagia de miedo e incertidumbre. Reaccioné y decidí enfocarme en los datos, esos que no replican tanto, es decir los casos de éxito de las personas que terminan superando el Covid-19. Me llené de fe para compartir la noticia con la familia y activar el protocolo.

Nadie me creía… Pensaron que era una broma, pero luego se convencieron y nos pusimos en acción. Llamé al doctor y le pregunté si era necesario hacerme una prueba en otro laboratorio para confirmar –reflejo de negación–. Me dijo que no. La siguiente pregunta fue la que cambió los planes. ¿Le hago la prueba a todos en mi casa? Su respuesta me dejó fría: por los síntomas que tienen ¡todos están contagiados! Efectivamente, ellos habían manifestado leves síntomas de gripe.

Entonces, de un instante a otro se esfumó mi plan de aislamiento para disfrutar de mi espacio… Pasamos más juntos que nunca porque no podíamos salir a ningún lado. Y lejos de que me cocinaran y me atendieran, había que cocinar y hacer tareas en la casa ya que mi querida asistente personal se fue de vacaciones. Literalmente mi expectativa quedó en un bonito plan.

En familia nos organizamos para hacer súper en línea, por primera vez –siempre me ha parecido impersonal– y con el respeto de los ecologistas, compré desechables porque no tenía ganas de lavar y no me escapé de las ollas ni los sartenes.

Lo mejor es que según el médico nos dio ómicron, una variante que no ataca los pulmones, solo la nariz y la garganta, sus síntomas son como de una gripe común.

Por cierto ¡qué buen negocio resulta eso de las pruebas! En USA son gratuitas hasta para los turistas y aquí debemos pagar Q295.00 o más si se hace la PCR. Entiendo que haya mucha gente que no acude al laboratorio para salir de dudas porque quién quiere regalar así el pisto. Me tocó regresar al laboratorio para recibir la buena notica que ya estaba libre de virus.

En conclusión, ni el escenario pesimista ni romántico se cumplió ¡gracias a Dios! Pero aprendí que la oración es una herramienta que reconforta. Muchas personas me incluyeron en sus oraciones y con franqueza me sentí acompañada. Otras me ofrecieron su ayuda y me recordaron la hermosa bendición que implican las amistades.

No importa la variante que sea. ¡Todo va a salir bien! Hay que hacer lo que corresponde, sin dejar de confiar que Dios es quien nos saca adelante.

“Dejamos de temer aquello que se ha aprendido a entender”.

Marie Curie.

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