Debo hacer una confesión, yo también tuve la tentación de hacer la cola en el Colegio Austríaco para que mi hija optara a la posibilidad de estudiar allí.

Después de leer y escuchar las historias las horas que se pasan afuera del colegio desistí de la idea. Una conocida hizo una cadena de apoyo para lograrlo, turnos de 6 horas entre sus hermanos y logró tener el preciado número para que en un futuro su hijo optara al examen de admisión.

En una sobremesa escuché a una pareja que decía que se habían decepcionado del colegio porque en el parqueo no habían carros del año, y no era deseable que su hijo estudiara allí.

Meses después me arrepentí de no haber hecho la cola, había salido el ranking de colegios y yo sentía que las oportunidades académicas para mi pequeña de 1 año se acababan.

Una tarde de enero mientras leía en un foro de mamás la competencia entre si tal colegio era mejor que el otro me vi en el espejo, lo que veía era una ama de casa que había renunciado a su trabajo para cuidar de su hija. Vivíamos de un solo salario, pensar en pagar un colegio que no estaba entre mis posibilidades era ridículo. Es más me veía ridícula estar pensando en eso cuando mi hija ni siquiera caminaba.

Desistí de la idea de pensar en un colegio por un buen tiempo, mientras en las reuniones sociales siempre salía la pregunta: ¿Ya tienen colegio para la nena?. Es inevitable no sentir la presión.




En estos cuatro años he ido madurando la idea que tengo de la educación. A veces es necesario volverse a ver al espejo y poner mis ojos y mis pies a mi realidad.

En Guatemala los colegios se miden por precio, mientras más caros son mejores. Y no dudo que esa sea la tendencia pero ¿Qué es una buena educación?.

Hace unos meses mi primo vino a la capital a hacerse el examen de admisión a la universidad, un patojo graduado de un colegio “X” de la provincia. Fue de los mejores promedios en el examen específico. El catedrático sorprendido le preguntó de qué colegio se había graduado y no era ni del más caro ni del más famoso.

Sin embargo, no por eso quiero que mi hija opte a una educación como la que yo tuve. Quiero algo mejor, por supuesto. 

Quiero una educación respetuosa e incluyente. Y más que eso digna de mi bolsillo y del bienestar económico de mi familia. 


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