Relatos de la joven Guate
María Libertad Domínguez González
Escritora por pasión, tratando de enajenarme de todo y a la vez de nada.
Mi libertad de expresión como factor indeleble.
Tiempo de lectura: 3:14 Min
Agosto 12, 2017

Hay cosas que él realiza y casi nadie sabe. Sueños que dejó y a nadie parece importarle. Metas que alcanza, las cuales solo sirven si las ven reflejadas en el cheque de la quincena. Errores que comete que no basta con una llamada de atención para que esté más atento, sino que tienen que descontarle Q1000.00 en su paga, para cerciorarse que no lo vuelva a hacer. 

Estrictos horarios a los que debe acoplarse e incluso para ir al baño, eso sí, sin reproche alguno para que no lo tachen de bochinchero e inconforme y esté en la mira para un posible despido por su conducta. Tiene la responsabilidad de un gran presupuesto familiar, que a su corta edad debe cubrir, porque de lo contrario su familia no come y estarán sin dinero para los pañales de su bebé. 

También, carreras universitarias botadas al segundo semestre porque los del Call Center le quitaron su day-off del sábado (era el único día que podía estudiar). Son muchas situaciones a las cuales se enfrenta cada día. Pero, lo más duro es saber que si mañana renuncia o lo despiden, su única alternativa sería buscar chance en otro de estos lugares, ya que en este país no hay otra oportunidad de trabajo que le permita ganar lo mismo.

Así son los días, semanas, meses, años, esa es la vida de quien trabaja en un  Call Center ganando Q5,000.00 si bien le va, Q7,000.00 o incluso hasta Q10,000.00 si se esclaviza haciendo horas extras porque su bebé se enfermó. Además, debe pagar lo que le prestó a su cuate para llevarlo al doctor y comprarle medicina; pero todo vale la pena si al final del día su hijo ya no tiene fiebre, cuando se siente en paz y tranquilo junto a su novia. También, gracias a tanto tiempo laborado pueden hacer la despensa tranquilamente, solo se atormenta si piensa que en algún momento el bebé se vuelve a enfermar o al llegar el momento de que ingrese al preescolar “eso ya va a estar más grueso mano”.


Pero aun así, con un cigarro en la mano, que está a punto de terminar, mientras prepara otro para encenderlo enseguida, es en ese momento que veo en su rostro la nostalgia de no poder hacer más o dar a los suyos. Intuyo el anhelo de querer ser todo, lo que en la secundaria soñó que sería cuando tuviera 23 años, (un exitoso futbolista, un gran arquitecto, un médico honorable, el mejor abogado, un músico triunfador, un artista incomparable o el más famoso gamer que el mundo haya conocido jamás). Miro en sus jóvenes ojos el cansancio, la impotencia y frustración que trata de no evidenciar con su sonrisa de medio lado, acompañado de su típica frase “Todo está bien chava, no te ahuevés, ¿y vos qué tal?"

De mi parte, no me queda más que seguirlos admirando y agradeciendo por el coraje que día tras día corre por sus venas, por ponerle tantas ganas a lo que hacen, aunque realmente lo odien. Gracias por llevar el sustento a miles de familias de nuestro país, incluyendo a la mía. Les agradecemos jóvenes callcenteros por ser tan huevudos y ponerle garra a lo que hacen. Gratitud a Flaco, Kia, Tavo, Carlos, Christian, Nájera, Sharon, a ti chavo callcentero que me estás leyendo, a los miles de jóvenes que ejercen esta profesión en nuestro país. Y solo deseo que hoy la vida les permita celebrar su juventud de una u otra manera, porque eso es de las pocas cosas que en el chance no les pueden renegar, SU JUVENTUD.


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Agosto 12, 2017
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