Relatos de la joven Guate

Todos los jóvenes pasan por una etapa en la cual les falta identidad, no saben quiénes son y tampoco qué hacer.

A Jimena Rivera le pasó. Ella, tenía problemas familiares y de identidad, en esa etapa tan difícil de aceptar un buen consejo que te ayude.

Así, comenzó su historia dentro de la religión y su participación en un grupo juvenil.

Jimena estaba cumpliendo 15 años, cuando le hicieron su misa de celebración, allí un grupo del coro de la iglesia llegó a cantar y ella quería pertenecer a él. 

Sus primos eran los que participaban y un día la invitaron para que se integrara.  Ella muy emocionada llegó y empezó a cantar para Dios, en las misas dominicales.

Pronto asistió a la primera reunión de su grupo en donde inició como todos, desde oveja que necesitaba ser encaminada por las rutas de la vida.

Al estar en el grupo, ella se sentía parte de algo, que era importante para alguien, que pertenecía a una agrupación en donde se notaba su presencia y cuando no asistía, la llamaban para saber por qué no estaba y si necesitaba ayuda.

Jimena cuenta que, si ella no hubiera estado en esos grupos, hubiera buscado ser parte en otro lugar, pero tal vez su historia hubiera sido diferente.

Pasaron varios años en el grupo, de pronto un día su papá falleció, el dolor en su corazón era grande, pero tenía una comunidad que la apoyaba y le daba el abrigo que necesitaba. En el funeral, había 70 jóvenes que únicamente llegaron por ella, para que no estuviera sola y pudiera enfrentar el dolor en compañía.

Ellos, le daban seguridad, amor, comprensión y afecto. Lo que muchos jóvenes a esa edad buscan y no tienen.

A los 22 años, Jimena logró ser coordinadora de su grupo juvenil, en el que tenía a su cargo a más de 2 mil jóvenes.

En ese lugar, se buscaba que los jóvenes fueran parte de una comunidad, que sintieran que alguien se preocupaba por ellos, y los guiara en la etapa de la pubertad.

Seguridad era lo que más sentía Jimena al llegar a su grupo y a la iglesia.

La cita bíblica que más la representa es:
“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4,13) 
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