Las cuatro personalidades de Carol

Bárbara no sabía si lidiaba con Carol 1, 2, 3 o 4. Desde pequeñas, Carol tenía problemas mentales y muchas personalidades que, con el tiempo, se volvieron más intensas haciendo la infancia de Bárbara una tormentosa experiencia.

Bárbara y Carol han sido muy unidas: desde pequeñas jugaban y comían juntas, incluso se compartían sus juguetes favoritos. Ninguna hacía algo sin la otra y, por ello, crearon un lazo de hermandad muy fuerte.

La diferencia de edad no era mucho, Bárbara es la hermana pequeña y Carol le lleva 4 años por adelantado, pero eso no impedía que se llevaran de maravilla.

Carol, pronto cumpliría 13 años y Bárbara quería darle un regalo sorpresa a su hermana, por lo que comenzó a distanciarse un poco de ella. Esto, por alguna razón hizo que Carol se enfadara mucho y dejó de hablarle. Jugaba y comía sola, aunque Bárbara pasaba mucho tiempo armando su regalo, su hermana siempre la rechazaba.

Bárbara ya muy decepcionada del comportamiento de Carol, destruyó el regalo.

Su madre, Mariela, era ama de casa y siempre estaba pendientes de ellas, por lo que se dio cuenta del extraño comportamiento de Carol hacia su hermana y en pocos días, cambió completamente.

“A veces me daba miedo porque se me quedaba viendo muy intensa e incluso sentía que me odiaba”, comentó Bárbara.

Lo más extraño era que, con el pasar de los días, Carol regresaba a su estado normal, volvía a ser amable, cariñosa con su hermana y sus padres. Otros días, lloraba todo el día en su cuarto.

"Recuerdo una vez que estábamos cenando en la mesa y mi hermana no quería comer, lloraba mucho, le decían que se calmara hasta que mi papá se hartó y le gritó que dejara de estar haciendo berrinches y esas estupideces porque ya estaba bastante grandecita. Mi hermana le gritó de regreso y solo le decía: “Volveme a gritar pues, atrévete, no sos nada en esta casa porque ni te mantenés aquí” y se reía”, indicó Bárbara.

Mariela creyó que su hija necesitaba más atención por parte de ella y su esposo. Trataron la manera de estar con ella, pero siempre actuaba diferente y con el tiempo comenzó a volverse más violenta… Maltrataba a su hermana, retaba a sus padres, se cortaba las venas, lloraba de la felicidad o le arrojaba las cosas a su hermana bastante fuerte.

“Una vez entré a su cuarto porque dejé en la mesita de noche un vaso con gaseosa, pero ella estaba en su mood de nadie me chingue, entonces le dije que iba a entrar por él. Ni me di cuenta cuando agarró el cristal y me lo tiró; me pusieron 10 puntos en la cabeza”, relató la hermana menor.

Carol ya no bajaba a cenar, no hacía su tarea, era violenta en el colegio, pasaba llorando en los pasillos o en el baño; o saltaba por todo el patio gritando que estaba feliz.

Los padres comenzaron a buscar ayuda psicológica y al principio no detectaron nada, por lo que se les hizo un gasto innecesario, ya que Carol comenzaba a comportarse como era antes: normal y tranquila, siempre responsable en sus tareas.

“Eso nos duró como 4 meses, mi hermana ya no se volvía loca, volvió a ser cariñosa, pero siempre me daba miedo o estaba alerta por cualquier cosa”, comentó Bárbara.

La familia se dio cuenta que Carol estaba mal nuevamente con una señal: su diario.

Bárbara se dio cuenta que escribía muy extraño y diferente cada día, por lo que se lo entregó a la mamá. En la noche, Mariela intentó hablar con Carol, aunque su comportamiento era nuevamente explosivo y pensó que era alguna faceta de adolescente rebelde, algo que según ella, era muy normal a su edad.

Desesperados, los padres la llevaron con otro psicólogo, luego que intentó matar a un gato, ir con la vecina llorando desesperadamente y riéndose sola por toda la casa, por casi dos horas.

La psicóloga comentó a los padres que la situación de Carol era muy delicada. Preguntó a su madre si su hija era zurda o diestra; Mariela le comentó que era diestra, pero no era lo que la psicóloga había visto. La adolescente escribía con ambas manos de una manera muy correcta y sin complicaciones.

Los padres no sabían cómo reaccionar. También les comentó que era muy dramática y que su voz era más aguda a tal punto que no se reconocía. Y eso no era lo peor… Carol reaccionaba de manera muy intensa y recia, era demasiado exagerada, lo hacía sobreactuado.

La psicóloga determinó que era Síndrome de Personalidad Múltiple o Trastorno de Identidad Disociativo. Una enfermedad mental con diferentes identidades o personalidades, que cada uno tiene un patrón diferente de percibir. Esto le pasaba a Carol, y aunque no tenían nombres las identidades, conforme las fue creando en su mente, así las desarrolló. Nunca se vistió diferente, sin embargo, el comportamiento era muy distinto.

Mi hermana sigue con tratamiento, a pesar de que ya estamos grandes. Nunca nos supieron decir cuál fue la raíz de este desorden mental, pero da miedo que deje de tomar su medicamento… Una vez vi una película, se llama Fragmentado y me pareció que se asociaba mucho a lo que le pasó a mi hermana y a veces mi imaginación vuela y me convenzo que la mente es tan poderosa que alguien puede llegar a ser como el tipo”, indicó Bárbara.

Esto le quitó gran parte de la infancia a Bárbara, quien vivió por este caso durante años, hasta que Carol logró medicarse. A pesar de que ya pasó bastante tiempo, el medicamento de la joven ha logrado mantenerla tranquila, pero siguen con el miedo que olvide tomarse las pastillas.

Ver Comentarios
Valoración
0