El Sombrerón

El Sombreron por Javier Laparra

Imagen de portada por Javier Laparra.


Una de las leyendas mas populares de Guatemala es el Sombrerón, conocido como el Duende, Diego o el Tzitzimite. Es representado como un enano que viste de negro, porta un enorme sombrero y lleva a sus espaldas una guitarra que usa para dar serenatas a las muchachas que le gustan. Se dice que vive en las cuevas de los barrancos, se dedica a molestar a las familias tirando piedras en los techos de las casas, escondiendo o cambiando de lugar las cosas, inclusive tiene cierta fascinación por volver locos a los caballo pero nada le gusta más que las mujeres de pelo negro largo y ojos grandes.

Según la tradición hay varias maneras vencerlo si en caso se encuentra hostigando a una familia o a una muchacha. Una de las maneras mas populares es hacerlo cantar una serenata que mencione a dios ya que este personaje no soporta escuchar la mención de tal palabra, otra de las formas que hay si en caso se encuentra acosando a una muchacha es entregarle un pedazo de tela negra y un jabón para pedirle que lo lleve al río mas cercano y lavarlo hasta dejarlo blanco, ya que la tela es negra nunca regresará.



Mi abuela contaba una historia que fue popular en el barrio de la zona uno hace muchos años, se contaba que a principios de siglo en el "Callejón del Carrocero" lo que hoy se le conoce como la 10ma y 11va ave sur de la zona uno, el Sombrerón llegó a encariñarse con una muchacha llamada Celia, quien tenia el cabello largo y negro como la noche y unos hermosos y grandes ojos. Se dice que los padres vieron que la muchacha correspondía al misterioso ente con salir todas las noches a escuchar las serenatas, hasta que decidieron mejor internarla en un convento para evitar las presencia del espectral enamorado. Celia sufrió una gran depresión por la falta de su visitante nocturno a tal extremo que dejo de comer, esto la llevó a enfermarse hasta que murió. Las tristes noticias llegaron a los oídos del Sombrerón quien llegó una última vez al balcón del cuarto de Celia, ahora vacío, a entonar una serenata de despedida, una canción tan triste que conmovió a todos los que la escucharon en la casa y sin mas que decir, se marchó llorando tristemente. Se dice que el Sombrerón nunca olvida a las mujeres que ha querido.

Así como esta pequeña historia hay muchas y también sobran las historias en las cuales este mítico personaje obra mal llevándose niños o cosas así, recuerdo que una vez a mi mamá le aparecieron unos nuditos en uno de sus cabellos y yo estaba seguro que el Sombrerón había llegado a molestarla. En estos tiempos, la ciudad ha crecido tanto, con tanto ruido, que estos personajes ya no salen a relucir, la Llorona no se escucha por el bullicio de tanto carro, el Cadejo ya no cuida a los bolos por que no puede caminar en el asfalto, a la Siguanaba le da miedo salir de noche por la inseguridad y el Sombrerón ya no tiene patojas para cantarles serenatas por que salen con jóvenes delincuentes. 


Imagen del relato sacada del libro de Celso Lara Figueroa.

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