Así me ahogué hace ya muchos años
María Libertad Domínguez González
Escritora por pasión, tratando de enajenarme de todo y a la vez de nada.
Mi libertad de expresión como factor indeleble.
Tiempo de lectura: 3:15 Min

Recuerdo era una Semana Santa y junto con mi familia nos dispusimos a realizar un viaje, lo teníamos merecido. Era una semana para descansar y divertirse. Siendo el mayor de los primos sabía que tenía que cuidar de mis primas y hermanas.


El lugar al que fuimos a dar no era el más lujoso, pues tampoco había plata para eso, pero era lo que necesitábamos, un rancho con cocina, comedor, baños, algunos catres y hamacas. Lo mejor, el mar a menos de 150 metros. Fui mi paraíso, mi último para ser sincero.

Mis padres y tíos sabían a lo que iban, ¡a beber!, el licor no podía faltar, ojalá no hubiera sido así. Y nosotros los más jóvenes lo único que necesitábamos para disfrutar de esos días era el mar y lo teníamos. Obviamente, por más precavidos que fuéramos, había momentos de descuidos, cada vez más nos adentrábamos en el mar, algunos sin saber nadar. ¡Qué ilusos fuimos! Aún recuerdo esa tarde, era un escenario perfecto, todos nos divertíamos, nuestros padres y los primos. Pero fue el exceso de alcohol de nuestros papás y la impertinencia de nosotros, lo que hizo de ese atardecer el escenario perfecto para mi muerte.


Era el primo mayor, debían hacerme caso, pero no lo hicieron, le pedí a mi padre que ya no siguiera bebiendo por si se llegara a presentar alguna situación que necesitara de su cordura. Le pedí a mis primas que no se adentraran tanto en el mar, porque era el único que sabía nadar y no podía ayudarlas a todas si algo llegase a ocurrir. Pero nadie me escuchó.


Todo ocurrió en menos de dos minutos, por una ola extraña tres de mis primas comenzaron a ahogarse, era el primo mayor, algo tenía que hacer y lo hice. Le dije al resto de mis primas que fueran a llamar a nuestros padres inmediatamente pues necesitábamos ayuda. Mientras tanto, me metí al mar y me dispuse a sacarlas de donde estaban, con mucha dificultad y angustia ya que ellas en su afán me estaban ahogando, les pedí calma para poderlas ayudar. Y sí, las salvé, no sé cómo, pero logré que las tres salieran, ya cuando estaba por terminar veía que el resto de la familia estaba recibiéndolas en la orilla. Mi padre venía nadando hacia mí, vi en sus ojos la más terrible angustia y miedo a perderme porque él observaba en mi rostro y cuerpo que ya no tenía fuerza para salir. Me tiraron un salvavidas para que tratara de agarrarlo, pero una ola más hizo de ese momento el último instante en el que intenté aferrarme a la vida. Ya no pude sujetarlo, mi padre ya no alcanzó, lo intentó, lo intenté. Pero no pudimos.


Tardaron más de 15 días en encontrarme, fue el mar quien decidió darme al menos la oportunidad de que mis familiares pudieran enterrarme. Fueron 15 días en los cuales mis familiares por buscarme incansablemente de playa en playa sufrieron quemaduras de segundo grado. Al encontrarme, mi estado era casi irreconocible, gracias a una marca de nacimiento y mi playera azul favorita mis padres supieron que era yo. Para poder velarme tuvieron que meterme en una caja de madera, luego en una caja de lámina y por último en un féretro común, mi estado ya no era el más adecuado para ese escenario, pero merecía una despedida.

No sé quién tuvo la culpa, nada se ha ganado con tratar de averiguarlo. Pero mis tres primas están vivas y eso es lo que me quedó. Al igual que aquel último paraíso que mis ojos disfrutaron.


Con mucho respeto y amor.


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Junio 18, 2017
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