Tres horas perdido en la niebla del Acatenango

Volcán Acatenango.

Hoy sabemos que seis personas murieron el fin de semana pasado tras su intento de escalar el volcán Acatenango, en una jornada en la que la niebla fue un factor determinante. Para la mañana de ayer se confirmaron los decesos de Josselin Yajaira Roldán Velásquez (21 años), Lucía Yire Sánchez (20) y Francisco Javier Velásquez González, quienes fallecieron el domingo, según publica el sitio de Emisoras Unidas. Finalmente, ayer también se encontraron los restos de Bany Magdiel Marroquín (35); Linsy Ibania Marroquín (19); y el médico de 46 años, Axel Carranza.

Antonio Jerez también se extravió, y este es el Relato de las tres horas que pasó perdido en la niebla.

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Antonio Jerez, protagonista de este Relato. Las imágenes las capturó el sábado 7 de enero al inicio del viaje. Todas las fotografías son de su autoría. 


Luego de dos años de escalar uno de sus volcanes favoritos, Antonio Jerez se vio de pronto en medio de una densa niebla. Quizá la fortuna estaba por darle una lección, o quizá dios quiso darle una segunda oportunidad, como él asegura. La práctica hace al maestro, eso es lo que muchos creemos y tras dos años, cualquiera puede sentirse seguro; pero después de todo esto, después de lo que sucedió el fin de semana, la opinión de Antonio es otra.

Todo comenzó el sábado 7 de enero, con un grupo de trabajo que lo invitó al viaje. Pero esta vez no sería como todas las oportunidades anteriores en las que escaló el Acatenango. Era un día en el que el frío los recibió desde la falda del volcán y con él, la niebla que los abrasaría durante toda la jornada. A ratos estaba despejado y por otros no, sin embargo, no dejaron de subir y ya adentrados en la expedición fue cuando todo cambió, cuando el grupo se separó.

Eran 29 personas, dos guías y el resto expedicionarios que escalaban por primera vez. El papel de Jerez como guía era el de cerrar grupo, ir a la cola y encontrar a su paso a los excursionistas que se quedaban rezagados. Entre más avanzaba, más turistas que por cansancio, quizá agobio o por instinto, querían regresar sobre sus pasos y no avanzar más.

Expedición en la que Antonio era uno de los guías.

El sábado fueron varios grupos los que escalaron, además de la comisión en la que iba Jerez. Antonio continúa el Relato y explica que cuando llegó a una parte a la que llaman El Conejo fue en donde su grupo se separó. Él se quedó con quienes decidieron regresar, para indicarles el camino que debían tomar. Esa fue la decisión que definiría su vida por el resto de su existencia. Mientras el grupo B volvió por el camino, el grupo A había sacado 20 minutos de ventaja, a él solo le tocaba alcanzarlos. Solo.

Pero Antonio tomó una segunda decisión que le complicaría más el viaje. Mientras el grupo A rodeaba el caminó, él, con la meta de alcanzarlos, tomó la Ruta de las Marías, que según explica, es más directa y así salirles al paso. Fue entonces que la neblina, según sus palabras, se empezó a sentir fea. Siguió subiendo, pero en las cumbres de Yepocapa fue cuando la situación se salió de control. Un viento muy fuerte y una niebla espesa lo encontraron. Luego de dar dos pasos y percatarse de que no podía observar el camino, su entorno, inclusos sus pies o sus manos, se detuvo.

Imagen capturada por Antonio Jerez al momento en el que se encontraba perdido.


La opción era acostarse debido a la espesura de la niebla y el viento. No había otra opción más que esperar por un descampado, pero ante la situación, la esperanza parecía fútil.  El Acatenango amenazaba con no ceder, pero tras 20 minutos se despejó un poco y se encontró en una bajada. Con 17 años de vida y dos de ellos dedicados a este tipo de expediciones, Antonio Jerez asegura que conoce todas las rutas del volcán, y por eso sabía que debía caminar en línea recta y descender. Y así lo hizo.

Avanzó sin duda. Paso a paso, con seguridad, Antonio tenía la certeza de que lo hacía bien, que caminaba en línea recta, que su descenso era el adecuado. No pasó mucho tiempo para que la niebla del Acatenango lo volviera a abrazar y hacerle ver en su blancura que estaba en el fondo de un barranco. No sé percató de en qué momento se desorientó, todo gracias a la niebla. A ella se lo debe.

Volvamos por un momento al principio de la historia, cuando la expedición arrancaba, o al menos no había presagio de que las cosas salieran mal. Antonio recuerda que de las personas que fallecieron, él conocía a una, pero no eran parte de su expedición.

De vuelta al barranco al que había llegado Antonio. Solo había una opción, subir y volver. Era una decisión extrema, dice, pues al intentar regresar al camino el riesgo de desorientarse más era alto, superior a lo que él imaginaba, recuerda. Pero luego, al percatarse de que tenía señal celular, decidió hablar por teléfono.

“[SIC] El día de ayer yo subí al Acatenango iba de asalto, les confieso que este es mi volcán favorito ya que este fue mi primer volcán en el cual yo empece en el montañismo <3 y pues iba subiendo todo bien y al llegar a Yepocapa una gran neblina bien espesa me atrapo cosa que jamas pero jamas me había pasado, yo caminaba y no veía ni mis propios pies me quede parado casi 20 minutos a que pasara la neblina en eso hubo un momento donde a lo lejos vi la bajada y empece a bajar pero la neblina era mas fuerte y había bastante frió que aun que yo conozco muuuuy bien todas las rutas de este volcán la fuerte neblina hizo que me desorientara agarre por un barranco, estuve desorientado por casi 4 horas, a pesar de todo realmente estaba tranquilo y pues le pedí ayuda a dos grandes amigos míos de montaña los llame por celular y me dieron indicaciones y después de casi 4 horas me volví a orientar y pude volver a la cumbre de yepocapa y buscar el verdadero camino para abajo pero el clima, la neblina y la llovizna no me permitieron hacer cumbre :'(

Ahora veo esto y pienso... pude haber sido yo apesar de mi capacidad :/ todo puede pasar de un segundo para otro pero sin duda aun no ha terminado mi tiempo Dios es un Dios de misericordia, Jossimar Monasterio Aicerg Zyl Arinay enserio que son una bendicion muchachos se les quiere un monton y gracias por todo, una experiencia dura pero ahora a seguir adelante y a darle con la mejor actitud

#AmoLaMontaña❤ #NadaMeDetendra?

Que Dios les de fortaleza y mi mas sentido pesame para las familias de los jovenes fallecidos”, es el estado que Antonio Jerez tiene publicado en Facebook.

En la primera llamada le indicaron que no se moviera; en la segunda, la realizada a Grecia, una de sus amigas con las que practica el montañismo, esta a le avisó a Jossimar, un miembro de los equipos de socorro. Él lo llamó; le dio indicaciones. La instrucción era avanzar en línea recta hacia arriba para salir del barranco, y pese al cansancio, la adrenalina lo hizo ignorar su condición y subir. ¿Pero, qué pensaba? Lo primero, más que lo obvio respecto de sentirse perdido, era estar extraviado en su volcán favorito. Lo había subido varias veces, pero en cuestión de segundos fue que se desorientó. Todo indica que en el casino universal, la naturaleza siempre gana.

Después de todo, las referencias a las letras o al cine no están tan perdidas, quizá exageradas, pero no perdidas, pues también hay momento para los remordimientos y Antonio lo confirma. A sus 17 años, ya hay lugar para pensar en errores del pasado, entre otras cosas.

Comenzó a subir y fue el momento de pedirle a dios por una señal, por fuerzas, apelar a la voluntad de dios para suplicar entereza. Para entonces ya eran la 15:00 horas. Subió a través del barranco, con las piernas débiles, empapado y solo con una chumpa impermeable y guantes. Mientras subía, oraba, y se aferró a ello. Fue un milagro lograrlo, dice, pues regresó al camino por el cual comenzó a bajar por error en aquel barranco.

Continuó, su meta era llegar a la cima. Para cuando lo logró, eran las 16:00 horas. Estaba solo, sin equipo. La intención del viaje era "hacer un salto", que en el slang del montañismo significa subir y bajar el mismo día. En el bolsón solo llevaba un suero, agua pura y unas barras de chocolate. Si se hubiera perdido por completo, la falta de alimentos habría sido otro factor para la desgracia. Al llegar al área de campamento, y aún con lo vivido, pensó en "hacer cumbre", mas el clima de nuevo le recordó que no debía hacerlo. El clima volvió a empeorar y entendió que era momento de descender.

Al contar su historia, Antonio repite que para ese momento su plan era llegar a la cumbre, pero el cansancio, la niebla y el frío no se lo permitieron –sin tomar en cuenta que estaba solo; pese a estar en el camino, no lograba comunicación con el grupo.

Fue hasta llegar a la aldea La Soledad que se reunió con su grupo, al rededor de las 17:30 horas. Para ese momento, de los 29 miembros excursionistas, faltaban dos, además de Antonio; 15 minutos después aparecieron. Su grupo, al contrario de otros que continuaban extraviados en el volcán para esa hora, estaba completo. Ya en casa, por las noticias se enteró de que había un grupo extraviado, un instante en el que un escalofrío lo embargó.

Ver las noticias y saber que hacía no menos de dos horas él se había perdido en el mismo lugar que el grupo que no pudo sobrevivir al volcán lo tenía sin palabras. Pensaba en cómo él sí pudo salir y ellos no... un grupo que subió por su cuenta y al mismo tiempo que ellos, explica.

Antonio nunca se enteró de que ellos iban a subir, insiste. Solo le queda imaginar que él pudo ser uno de los fallecidos, y aún en conato de estado de shock al momento de relatar su historia comenta que, al ver las noticias, piensa que si no hubiera actuado rápido, su nombre estaría en esa lista trágica.

Imágenes de archivo del volcán Acatenango.

Jerez recuerda que cuando subía, antes de que todo ocurriera, se topó a Joselyn Yajaira justo en el momento en el que él iba cerrando el grupo de su expedición. Y ella se quedó atrás, después de todo no era de su grupo pero no era un escenario fuera de lo común. No tiene forma de saber si la chica lo siguió o no. Lo que sí reconoce es que al momento de estar en su casa y ver las imágenes de donde encontraron los primeros cuerpos, se dio cuenta de que fue el mismo barranco en el que él estaba. Fue el momento en el que el escalofrío lo atacó más fuerte.

Si era su deber u obligación escoltar a Joselyn cuando la encontró en el camino, si como guía debía preguntarle si conocía el camino, no hay cómo saberlo. Nadie podía prever el resultado en ese momento. Antonio pensó que no había nada de qué preocuparse, pues la condición climática no ameritaba las dudas en ese momento. Ella venía bien, según sus palabras. 

Jerez concluye: "No importa qué tanta experiencia tengás, porque la naturaleza es más fuerte que todos. Será la voluntad de dios... lo que tenga que pasar". 

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