Cuando el odontólogo Augusto Hurtarte sufrió varios derrames e infartos cerebrales, no pensó que encontraría el sentido de su vida en una sencilla afición: pintar cascarones como terapia. Los mismos fueron vendidos para apoyar la lucha contra el cáncer, motivando mucho a Hurtarte. Hoy, su familia continúa el emprendimiento con el proyecto Pintando Sonrisas en Cascarones.

En Guatemala, la fiesta de Carnaval se celebra el día anterior al Miércoles de Ceniza. El juego de los cascarones es tradicional. En este, los niños revientan en las cabezas de sus amigos las cáscaras de huevo rellenas de pedazos de papel y pintadas con diseños.

El Dr. Hurtarte pintando cascarones.

Desde 2009, el programa le ha dado un sentido “más humano” a la celebración. El programa pretende involucrar a niños y familias para que pinten cascarones durante todo el año y así, venderlos para Carnaval. Los fondos de la venta son donados a la Fundación Ayúdame a Vivir para “pintar sonrisas en las caritas de los niños que padecen cáncer”.

Las donaciones van específicamente a la clínica dental del hospital de la Unidad Nacional de Oncología Pediátrica. “Si los niños tienen caries, no pueden recibir la quimioterapia”, agrega María Eugenia.

“Queremos que a través de pintar cascaritas la gente conozca sobre la solidaridad. En cosas tan sencillas como pintar cascarones, podíamos ayudar a la gente”, menciona María Eugenia Hurtarte, hija del odontólogo.

“Han sido casi 10 años de trabajo ininterrumpido y hemos dado pequeños aportes a la Fundación”, comenta Jenny de Hurtarte, esposa del odontólogo. El proyecto ha crecido gracias a la organización de actividades en colegios, en donde para carnaval, se venden los mismos cascarones que los alumnos pintan. Familias y grupos de amigas también se reúnen en casas y dedican un día a la semana a pintar.




Entrega del donativo 2015.

Familias y amigos han contribuido al proyecto.
Los colegios organizan actividades para pintar cascarones.
Donación de cáscaras.
El Grupo las Cascaroncitas se reúne a pintar.

“Nos da satisfacción como un pasatiempo se convirtió en algo tan grande y también nos alegra ver cómo la gente se involucra”, expresa María Eugenia. Y es que la dedicación que las personas le ponen a los cascarones ha hecho que el proyecto cuenta con una sección de cascarones de colección que se venden a un precio más alto.

Estos cascarones oscilan en precio entre Q25 y Q150 por colección. Estos son seleccionados e incluso han llegado a exponerse en centros comerciales y exposiciones privadas como la de la Fundación Rozas Botrán.

Las panaderías son las principales donadoras de cascaritas, también familias y personas se han sumado a la causa recolectando y entregando al proyecto cáscaras de huevos del consumo diario de sus hogares. Se reúnen más de 200 mil cáscaras de huevo en buenas condiciones y listas para pintar.

Así que comienza a guardar las cáscaras de huevo completas y súmate a este emprendimiento para darle una sonrisa a los niños con cáncer.

Fotos: Pintando Sonrisas en Cascarones


Ver comentarios

Comentarios

Valoración General
4