Las relaciones humanas, en particular las de pareja, son complejas pues requieren de madurez y estabilidad emocional para que sumen y aporten a la vida del otro. Sin embargo, muchas personas entran a un noviazgo sin antes conocerse a sí mismos. Lo anterior provoca que los límites del amor “sano” se sobrepasen una y otra vez; y sea susceptible a alcanzar un estado de apego afectivo o de dependencia emocional.

Walter Riso, Doctor en psicología, nacido en Italia, explica que depender de la persona que se ama equivale a entregar el amor propio, el autorespeto y la esencia de uno mismo al otro con el fin de conservar la relación, pese a que esta sea dañina. 


Cuando una persona sufre de apego afectivo con respecto a su pareja empieza a sufrir una despersonalización hasta convertirse en la sombra de su compañero. 

Esto sucede porque el codependiente siente miedo ante la posibilidad de perder al objeto de su apego pues no concibe una vida sin su pareja. Por lo anterior, permite agravios a su persona y personalidad con el propósito exclusivo de satisfacer las expectativas de alguien más y conservarle en su vida. 

La obediencia, la adherencia y la subordinación irracional e ilimitada son características de una relación, en la cual existe dependencia emocional. 

Además, Walter Riso expone en su libro ¿Amar o depender? una serie de características propias de una persona que sufre de apego afectivo:

  1. Pese al mal trato, la dependencia aumenta con el tiempo.
  2. La ausencia o falta de contacto con la pareja produce un síndrome de abstinencia.
  3. Existe un deseo persistente de abandonar la relación, pero sé es incapaz de hacerlo.
  4. La inversión de tiempo y esfuerzo para poder compartir con la pareja se hace a cualquier precio y por encima de todo.
  5. Existe una notable reducción y alteración de la personalidad, desempeño profesional, recreativo y social debido a la relación.
  6. Se continúa alimentando el vínculo afectivo, a pesar de que sé es consciente de lo dañino que resulta dicha relación. 


Los psicólogos coinciden en que detrás de todo apego existe un miedo o incapacidad. 

Es decir que, las personas que sufren de dependencia emocional buscan fuentes de seguridad que calmen sus miedos. Riso identifica en su libro cuatro situaciones de miedo en las que una persona tiende a convertirse en dependiente de su pareja, estas son:






Miedo al desamparo y desprotección:

Creer que uno es incapaz de bastarse por sí mismo. El apego se da hacia la fuente de seguridad que otro pueda proveer.

Miedo al abandono:

No concebir una vida sin la pareja. El apego, en este caso, se da hacia las señales de confiabilidad y permanencia.

Miedo al desamor:

Esto sucede cuando una persona cree que no es “querible”. Este tipo de miedo provoca el apego hacia todas las manifestaciones de afecto y deseo por parte de la pareja.

Miedo a la desaprobación o desprecio:

Se cree que no sé es valioso y, por ende, el apego se da hacia las señales de admiración y reconocimiento.

No obstante, es importante destacar que el apego afectivo hacia una pareja, dentro de límites definidos, es perfectamente normal.

El factor diferencial entre el apego positivo y negativo es que el deseo, el placer, el amor son mutuos y correspondidos. 

Cuando ambos individuos en la relación se sienten amados, el apego que se provoca es sano y beneficioso para la salud psicológica, emocional y hasta física de las personas. Finalmente, es importante comprender que una relación amorosa sana es aquella en la que sus partes son independientes, son capaces de controlar sus miedos al abandono y no permitirían que se cometan agravios a su personalidad en nombre del “amor”.

Por último, Walter Riso, explica que el apego afectivo es prevenible. 

Existen tres premisas, según él, que permiten que las personas mantengan sus relaciones amorosas de forma sana, estas son: la exploración de nuevas experiencias, amistades y personas. La autonomía, es decir encargarse de uno mismo y ser celosos de la libertad personal y alejarse de lo mundano, trabajar en la autorrealización y la estabilidad espiritual.

En conclusión, es importante destacar que una persona que es libre, realizada y exploradora es inmune al apego afectivo. Pues se valora a sí misma y comprende que la otra persona debe sumarle, aportarle y no lo contrario. Lo ideal es aprender a estar solos, porque solo al saber quién eres sabrás cuáles son los límites que debes poner en tu relación afectiva para no volverte dependiente de tu pareja. 

Referencia: ¿Amar o depender? por Walter Riso


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