La música viene de “La Limonada”

De niño su padre le decía “allí les pegan” y estas palabras hacían eco en el fondo del barranco. Aunque a pocas cuadras, parecía que el sonido llegaba desde el cielo y las ganas podían más que la falsa idea que su progenitor puso en su cabeza.

La Limonada fue la primera invasión de tierras que se convirtió en asentamiento en la ciudad de Guatemala. 

Nada era capaz de quitarle las ganas de soplar y que ese aire se convirtiera en melodía. Lo vio en su abuelo, un consumado músico miembro de la escuela marimba orquesta Alma Lourdes, cuando tocaba para las fiestas de los residentes del primer asentamiento de la ciudad capital.

La Limonada, un nombre que lleva consigo una carga muy pesada para Heladio, fue su jardín de infancia. Salir de allí y dejar atrás el estigma que se asocia a sus habitantes, lo consideró siempre un imposible.

El cuarto de cinco hermanos, vio cambiar el mundo y a sus escasos 8 años su hogar se rompió. “Mi papá se fue de la casa y empezó la crisis”, comenta, como si vivir allí no fuera en sí mismo un infortunio.

El poco dinero del que disponían no era suficiente para cubrir las necesidades de las cinco bocas que quedaron solas. Y los ajustes llegaron.

De estudiar en el Instituto Tecún Umán, de la zona 5, Heladio Véliz, recién salido de sexto grado pasó a no tener dónde recibir educación. “Yo ya no quería seguir viviendo así, quería mejorar”, recuerda.

Y entonces, en uno de esos extraños giros de la vida, una organización caritativa ofreció darle una beca para la estudiar en Escuela Militar de Música. Allí el sueño de toda su corta vida se podría realizar “tocar la trompeta” y ver su respiro convertido en armonía.


Así en 2014, Heladio llegó al lugar del que tantas cosas le dijo su papá. “Supe cosas buenas de la escuela porque un tío fue allí, y nunca dijo que le pegaron”, confiesa el joven, quien entonces tenía 14 años.

La cuna de la granadera

Heladio, asiste a la escuela de música donde Rafael Álvarez Ovalle se formó en 1879. Allí 20 maestros en las artes instrumentales buscan hoy especializar a los asistentes en el arte de los instrumentos de viento, relata Job Juárez, profesor y ex alumno.

“Cuando yo era alumno éramos unos 60 alumnos, hoy casi llegamos a los 200”, asiente orgulloso.

Hugo Rodríguez, director de la escuela, asegura que la mayoría de sus estudiantes provienen de áreas marginales. “El grueso del cuerpo estudiantil son niños que vienen de lugares conflictivos y con pocas oportunidades de salir adelante”.

Casos como el de Heladio forman parte del proyecto entre el Ministerio de Educación y la Defensa Nacional para cubrir los costos de servicios educativos. “Mensualmente se pagan Q300 y aquí les damos almuerzo y clases, en el caso de Véliz es una cooperativa la que cubre el costo”, agrega.

A diferencia de otros lugares “aquí la enseñanza es más profesional”. Asegura que la lectoescritura y el método del instrumento son fundamentales para formar grandes músicos.

Un ejemplo reciente, asegura Juárez, es Darío Maldonado. “Estudió aquí y luego se fue a Francia a sacar un doctorado en música y hoy dirige una orquesta en Suiza”.

Heladio quiere seguir los pasos de Maldonado y sueña con dejar atrás la vida en el barranco. Está a dos años de terminar la secundaria y ve en la música el vehículo para sacar a su mamá de la Limonada.

“Ahora soy encargado de grado, mis buenas notas pintan que voy para adelante”, confiesa con una sonrisa en el rostro.

Mientras tanto, de 7 de la mañana a 4 de la tarde dejará la vida en el asentamiento para tocar, con su trompeta, “Cerezo Rosa” en el lugar donde a los niños no les pegan. 


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