¿Cuánto tiempo le toma sobreponerse de la muerte de un ser amado? Para muchos no hay vida que alcance. Hay ausencias definitivas que simplemente no se superan, únicamente aprendemos a vivir con el vacío, nos adaptamos y encontramos fuerzas para dar pasos al frente.

Lidiar con la ausencia de un ser amado es per se complicado. Ahora haga una lectura del escenario de las víctimas del volcán de Fuego: muerte de muchos de sus seres queridos, incertidumbre acerca del paradero de otros, desesperanza de haberlo perdido todo, situación precaria en un albergue temporal, pocas condiciones sanitarias.

A esto súmele la proliferación de infecciones, de enfermedades en la piel y en los ojos, tristeza profunda, falta de fe, abandono estatal… podríamos seguir por lo menos algunos párrafos más. La pregunta obligada y dura es.

Y después de la emergencia… ¿Qué?

La emergencia pasa pausadamente con profundo dolor, las aberrantes equivocaciones de la autoridad responsable de prevenir nos dio muestra de que solo sirve para “coordinar” el rescate de cadáveres. La politización de una institución técnica desnudó la incapacidad de aquellos de quienes la dirigen.

Lo cierto es que la tragedia ocurrió, aunque pudo evitarse. Las cifras oficiales, esas que esconden una realidad aún peor, dan cuenta de 197 desaparecidos, más de 3  mil  albergados, 110 fallecidos y decenas de heridos. Muchas mentiras en un solo enunciado. Y ahora ¿Qué? Claramente urge fortalecer y tecnificar a una institución politizada y sin capacidad. Pero ¿y las víctimas?

¿Recuerdan ustedes el calvario de los damnificados del Cambray II? ¿Cuánto tiempo les tomó recuperarse a los afectados por las tormentas Mitch? ¿A los que perdieron su vivienda y sus cultivos para Stan? La respuesta rápida e inmediata, quizás apresurada: años, lustros, décadas, nunca.

La vida para los afectados por esos desastres jamás volvió a ser la misma, el sol jamás alumbró con la misma intensidad y las secuelas y cicatrices del dolor aún persisten para estas personas. ¿Qué será distinto para las víctimas del volcán de Fuego?

¿Cuánto tiempo durará la ayuda? Tarde o temprano las donaciones mermarán, claramente no por nuestra falta de solidaridad, ni por la falta de empatía. Desde luego que no, pero nadie puede dar para siempre, nadie podrá dedicar su vida al voluntariado y todos sucumbiremos a nuestra cotidianidad, al agobio de nuestros problemas y de subsistir en un país donde reina la desesperanza, una nación inmadura políticamente, empobrecida por los malos manejos del pasado y con condiciones adversas para el crecimiento económico, académico y social.


Este texto no pretende ser concluyente y ante los ojos de mi difunta madre, hoy tengo muchas ganas de equivocarme y pensar que pese al duelo y a la tristeza hay una esperanza para los afectados por este desastre. Ojala me confundiera y esta tragedia dotará de vivienda digna a los afectados, mejores escuelas para los niños y una reactivación económica en el lugar que se tradujera en empleos dignos para los sobrevivientes.

Claramente aunque todo esto sucediera, nadie reparará el trauma y el daño de haber perdido a un ser querido en esas condiciones. Pero el escenario, improbable que describo en los últimos párrafos se vislumbra utópico y sin elementos claros que lo viabilicen.

Me duele ser tan pesimista (realista) pero las experiencias recientes nos han demostrado que cuando una tragedia de estas ocurre, una nube gris se postra casi de forma vitalicia en la cotidianidad de los afectados. Evidentemente la crisis apenas empieza para las sobrevivientes y ahora ¿Qué pasará?

El pueblo, siempre solidario, seguramente dará hasta donde pueda, pero es la autoridad la obligada a darle un tratamiento con soluciones a largo plazo para estas personas. Así que de nueva cuenta estamos desamparados a merced de lo que la autoridad sea capaz de hacer. Y de nuevo la pregunta sin respuesta y después de la emergencia ¿Qué?


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