“Es mi secretaria la que quiero yo, no puedo vivir si no me da su amor…”, los pies de algunos maestros se movían de un lado a otro al ritmo del grupo Rana. Como si se tratara de una fiesta patronal, decenas de educadores, algunos en estado de ebriedad, bailaron en la Plaza de la Constitución el pasado martes. Su lucha: presionar al Organismo Legislativo para la aprobación de una ampliación presupuestaria que serviría para darle cumplimiento al pacto colectivo y aumentar un 5 por ciento el sueldo de los maestros.

Los maestros a menudo demandan mejores salarios, pero no recuerdo haberlos visto marchar en las calles para exigir mejor infraestructura educativa, mayor cobertura o material docente. ¿Por qué? La respuesta es obvia: porque no les interesa realmente la educación de nuestros niños. 

Ayer esos mismos docentes llegaron a la sede del Ministerio de Educación y la tomaron, con complicidad de las autoridades de esa cartera, con el objetivo de incrementar las presiones para el dichoso aumento. El argumento del “líder” magisterial “Joder” Acevedo es que dicho incremento está contemplado en la Ley de Dignificación y Catalogación del Magisterio Nacional, específicamente en el artículo 53.

Es correcto. El artículo en mención del Decreto 1485 existe y, al parecer, Joviel se ha aprendido la lección de memoria. Lo que evita este “maestro”, que ya hace mucho no le enseña a nadie, es que dicha norma no solo habla de aumentos, también hace referencia a evaluaciones de desempeño y calidad de la enseñanza. ¿Qué pasa con estos incumplimientos?

Acerca de la calidad de los docentes que enseñan a nuestros niños

Un estudio titulado ¿Cómo estamos en Educación? Elaborado por Empresarios por la Educación, que buscaba monitorear los indicadores educativos del país (2015), sacó a luz los pobres resultados de las evaluaciones a los docentes.

El documento recabó información de las evaluaciones realizadas por el Ministerio de Educación a los docentes que optaban a una plaza entre los años 2009 y 2014. En promedio, solo el 47 por ciento superó las pruebas de matemáticas y el 39 por ciento las de lenguaje.

En ese contexto no sorprende ver a docentes ebrios utilizar la Plaza de la Constitución tal cual pista de baile. Tampoco sorprende que durante años el magisterio haya sido un leal aliado de los gobernantes de turno a quienes ha mangoneado a su sabor y antojo para poder alcanzar sus espurios y mezquinos intereses.




De todos es sabido que los estudiantes egresados de nivel medio a nivel nacional obtienen pésimos resultados. En los últimos exámenes solo uno de cada diez estudiantes lograron resultados satisfactorios en las pruebas de Matemáticas y solo tres de cada diez lograron niveles satisfactorios en las áreas de lectura, de acuerdo a datos oficiales proporcionados por la cartera educativa.

¿Sorprende? ¿De quién es la culpa? Hay muchos factores que se conjugan para ello: mala infraestructura, escaso material docente, entre otros, pero sin lugar a dudas, el conformismo y mediocridad de estos maestros, que se embriagan y bailan durante una “protesta”, son un gran eslabón del problema.

¿Le confiaría usted a sus hijos a estos docentes? O a un “Joder” Acevedo, quien seguramente ya no puede recordar cuándo fue la última vez que impartió una clase. Curiosamente siempre las demandas de los maestros van en la línea del incremento salarial y cumplimiento a los pactos colectivos.

El magisterio es legalista cuando se trata de fondos pero, insisto, jamás los hemos visto salir a las calles para demandar mejor infraestructura, materiales educativos y mejorar la cobertura a nivel nacional.

Joviel dice que de los Q981 millones, los maestros más antiguos recibirán un poco más de Q300 y los de reciente ingreso (escalafón A) apenas Q150. “Tanto relajo por eso”, indicó al afirmar que son más de 150 mil profesores a nivel nacional.

El problema es que nadie les cree, porque sus demandas son mezquinas y no buscan realmente mejorar la educación, es más se conforman, se ciñen a la ley del mínimo esfuerzo, se dejan utilizar por los gobernantes de turno, a quienes apoyan a cambio de beneficios económicos.

Por supuesto que hay buenos maestros, y no se debe generalizar, pero la pregunta es: ¿Están esos buenos docentes en pleno baile en la Plaza de la Constitución? ¿Tomaron el edificio del Ministerio de Educación? ¿Usted qué cree?


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