Esta es la historia de Marcela* una chica que busca a más víctimas como ella para hacer una denuncia colectiva y adherirse a un caso abierto en el Ministerio Público en contra de un entrenador que prestaba servicios externos para un gimnasio en Panajachel.

Esta es su historia:

Marcela, es originaria de la capital. Después de graduarse de la universidad decidió buscar suerte en Panajachel donde encontró una buena oportunidad de emprendimiento. Así fue como estableció un negocio propio que empezó a construir con éxito.

Ella se define como una chica tímida y de pocos amigos, durante su estadía en ese pequeño pueblo conoció en el 2011 al entrenador privado del gimnasio donde asistía. Recuerda siempre haberlo visto acompañado de extrajeras, poco a poco fue ganándose su confianza, hasta que después de insistir por bastante tiempo logró ser su entrenador personal. “Yo acepté después de darme cuenta que empezó a entrenar a varios médicos, profesionales y extranjeros en al área”, comenta.

El entrenador era educado y mostraba ser respetuoso con sus alumnos, de hecho la trataba de usted y no le decía su nombre sino su título profesional.

Marcela narra que un sábado de 2017 fue a almorzar a un lugar a la orilla del lago donde encontró al entrenador y a unos amigos. El último recuerdo que tiene de ese lugar fue la michelada que se tomó y su narración de lo que viene a su memoria después de ese episodio es la siguiente:

“Me desperté por el frío intenso que había, estaba tirada en el piso de piedra del jardín de mi casa, sin ropa. Como pude me tapé con algo que tenía a la mano, era una toalla. Él estaba al lado mío, se levantó, se vistió y mientras me mostraba una sonrisa me dijo: vístase”.

Su relato continúa así:

“Como pude me vestí, no sabía cómo había llegado allí, ni qué había pasado. Asumo que el entrenador pensó que mis llaves estaban en mi bolsa, solo escuchaba a mis gatos maullar. Como pude me vestí, salí caminando con frío hacia la casa de un amigo. Nunca dije nada a nadie. Traté de vivir como si aquello no hubiera pasado. Sentí vergüenza y asco”.

Marcela se pregunta constantemente ¿Cómo algo así pudo pasar?, ¿En qué momento?.

Su negocio estaba bien acreditado, pero no aguantó seguir su vida cerca de su agresor. Vendió todo y una tarde tomó sus cosas y se regresó a vivir a la capital donde le ha sido difícil comenzar de cero.




Cuando creyó que el tiempo sanaría todo lo que vivió, hace unos días vio un post en Facebook donde hablan de una supuesta agresión sexual del mismo entrenador. La misma historia, las mismas características de lo que le pasó a ella.

Una de las denuncias que se ha hecho en Facebook

Buscó a la víctima y encontraron cosas en común. Era el mismo hombre y en  la historia se repiten situaciones similares que tienen que ver con un trago, inconciencia de la víctima y violación. Las tres mujeres que han puesto en común su historia coinciden en la sonrisa del violador mientras ellas despertaban de su inconciencia.

Buscando más información de lo que sucedió, Marcela encontró una víctima más. Una que sí se atreve a decir su nombre. Se trata de Julia, una extranjera y activista social que radica en Guatemala desde hace varios años.

Ella escribió su testimonio, aun más duro y cruel que el de Marcela. Al leerlo, es inevitable no llorar y sentir ira hacia el tipo que se ganó su confianza y las engañó.

Julia en su relato, que puedes leerlo haciendo click aquí, incluso deja ver que puede ser una red de médicos que apoyan al violador sedando a las víctimas en su bebida. O peor aun, deja entre dicho que podría ser una red de violadores que se ganan a las mujeres que encuentran a su paso, ganándose su confianza.

Parte del Relato de Julia, la última víctima del entrenador. Ella puso una denuncia ante el MP. 

Ya son cuatro las mujeres que han contado una historia similar. Un entrenador educado, simpático y trabajador, un trago y una noche de inconciencia sin saber qué fue lo que pasó. 

Una de ellas ya denunció y Mariana está buscando más víctimas que quieran adherirse al caso para que el Ministerio Público pueda agilizar la investigación y evitar que más mujeres sean víctimas y que la historia no se repita jamás.

Si alguien que lee esta historia pasó por lo mismo y quiere ponerse en contacto con las otras víctimas pueden enviar un correo a metoo502.gt@gmail.com

Denuncia, no calles. Te creemos. 

*Nombre ficticio 


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