Sábado 25 de Febrero 2017

Los patriotas que no eran patriotas

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Roxana Baldetti, Alejandro Sinibaldi, Anabella de León, Gudy Rivera, Armando Paniagua, entre otros prominentes dirigentes de la clica PP en ciernes fueron los nenecos de nivel con los que me tocó compartir.

Como lo expliqué al inicio de las presentes publicaciones, con estos Relatos pretendo dar a conocer las experiencias, anécdotas, acontecimientos, circunstancias y coyunturas que marcaron mi experiencia legislativa cuando tuve el honor de ser Diputado en el Congreso de la República en el período 2008-2012, época en que gobernó el expresidente Álvaro Colom. En esta primera parte he descrito las primeras de cambio y las primeras insinuaciones y provocaciones que se me giraron en ese fango de corrupción y enriquecimiento ilícito que es el Congreso –lo cual denuncié y sigo denunciando y por fortuna el tiempo se está encargando de darme la razón–, pero también me he ocupado de caracterizar a las bancadas y partidos con los que me correspondió compartir experiencia. Habiéndome ocupado con antelación del FRG, la GANA y la UNE, ahora me ocupo de la bancada del partido PATRIOTA (PP).

En 2007 la UNE obtuvo 51 diputaciones, constituyéndose en la primera fuerza; la GANA, 37, constituyéndose en la segunda fuerza; y aunque el partido PATRIOTA fue quien disputó la presidencia en segunda vuelta, únicamente obtuvo 29 diputaciones. En la práctica esto implicó que fuera la tercera fuerza, pero no pasó mucho tiempo para que de la mano de los tránsfugas de la GANA, del FRG, de la UNE, de los UNIONISTAS y casi de todos los partidos políticos tradicionales se convirtiera en la primera fuerza política a pura compraventa de diputados. Es decir, al más fiel estilo chapín. Pero es obligado señalar que esta práctica perversa no era nueva, ya que la UNE, el FRG, la GANA, etcétera, para alcanzar el poder utilizaron el mismo método convirtiendo en moneda de curso corriente esa asquerosa, despreciable y aborrecible práctica conocida como transfuguismo corrupto.

Con el PATRIOTA que más conversé adentro del hemiciclo parlamentario fue con Valentín Gramajo, un tipo pragmático como él solo, que mira la política desde una óptica muy particular y que, venido del Partido Socialista Democrático –PSD–, o sea de la socialdemocracia del fallecido Mario Solórzano Martínez (esa socialdemocracia de derecha, como le denominaba el conocido caricaturista Filóchofo), terminó siendo uno de los hombres de confianza de Otto Pérez Molina. Esto al extremo de que fue el sempiterno secretario de actas del partido y su último secretario general. Alguien me dijo por allí: “Todos los gobiernos de la era democrática, aunque de derecha, mafiosos y corruptos siempre se las han arreglado para tener sus alfombras de izquierda o progresistas, los cuales mediante justificaciones variadas y caricaturescas han justificado su oportunismo y descaro”. El caso de Valentín refrenda dicha expresión y explica, aunque sea en una parte muy reducida, el porqué de la desgraciada realidad de los sectores progresistas y de izquierda en Guatemala, ya que es inexplicable cómo alguien que militó en los espacios socialdemócratas terminó sirviendo ciega y conscientemente a un proyecto marcadamente servil y comprometido con los grupos de poder hegemónico, de derecha, conservadores y de paso con evidente y reconocida tendencia e historia corrupta sin inmutarse o por lo menos sonrojarse. Pero la tragicomedia no llegó solo a eso, ya que es bueno recordar que hasta reconocidos excomandantes guerrilleros y académicos progres terminaron arrodillados frente al “proyecto institucional” de Pérez Molina. “Otto es un hombre de Estado”, me dijo uno de ellos al intentar justificar su descarada participación en dicho proyecto. Y aunque en la práctica el pobre Valentín no tocaba tierra –literalmente– a la hora de la toma de decisiones, para los efectos de mi experiencia legislativa es importante reseñar su triste y desteñido caso. En ocasión de nuestras charlas como Diputados, en tono de burla me dijo: “Vos, tus ideales e ingenuidades no tienen futuro político en Guatemala, en cambio nosotros vamos a gobernar y vamos a permanecer unos 20 años porque el PP va a ser el partido más grande de Guatemala”. Pero, ¿a qué precio, Valentín? Alcancé a expresarle. Y su respuesta a lo Valentín Gramajo fue: al precio que sea. Estoy convencido de que la reducida mente de Valentín nunca alcanzó ni de broma a imaginar el carísimo precio que tendrían que pagar los máximos dirigentes del PP, la gran mayoría hoy tras las duras y frías barras de una cárcel o huyendo como ratas cobardes frente a la tenue luz de la justicia y de la lucha en contra de la corrupción y la impunidad, que les alcanzó justo cuando se creían inalcanzables.

Pero la indiscutible jefa y poder real en la bancada era nada más y nada menos que Ingrid Roxana Baldetti Elías. Mujer guapa, elegante, imponente, altanera, con buena prensa –obviamente por los intereses que representaba–, lista aunque no inteligente, mucho menos brillante, dueña de un discurso básico y tosco, que sabedora del poder y autoridad que le otorgaba su máximo dirigente partidario, el general Pérez Molina, sabía imponer por las buenas o por las malas su conducción y liderazgo. La famosa Prieta Linda, como le denominó Mario Taracena, sabía lo que tenía y como ya todos sabemos, más tarde se convertiría en la primera mujer Vicepresidenta de la República; un poco más tarde en la mujer más influyente del país; y otro poco más adelante en uno de los ejemplos de la mayor vergüenza nacional jamás vista, así como en la más odiada y reconocida corrupta del país, junto con el general Pérez Molina. Cuando compartí con ella ya no quedaba nada de la estilista de cabello que un día fue, o de la censora del golpe en época de Serrano Elías. Era una mujer con ascendente, evidente y amplio poder político, con extensos apoyos empresariales, que desde el Congreso diseñaba y ejecutaba todo el engranaje político corrupto que los llevaría al poder con el apoyo y consentimiento incluso de amplios sectores de los medios de comunicación. Pero Roxana nunca estuvo sola, adentro del hemiciclo y con un chasquido de dedos y con un lenguaje nada amable tenía la capacidad de ordenar la más absurda, torpe y ridícula oposición, el bochinche o escándalo del día o simplemente el abandono del pleno. Con un chasquido de dedos, gente como Armando Paniagua, Anabella de León, Gudy Rivera, Oscar Córdova, Alfredo Cojtí Chiroy, Efraín Asij, Marió Linares, Leonel Sosa, etcétera, ejecutaban a diario sus órdenes. Más adelante la cohorte de asimilados, acarreados, comprados y vendidos tránsfugas de diferentes partidos la acompañaron sin chistar, cuestionar u objetar sus órdenes en el camino a la conquista de la cima del poder.

La bancada PATRIOTA también estaba integrada por un pequeño grupo que se distinguía del resto por provenir del sector empresarial hegemónico y por alegar pedigrís arrebatados históricamente. A este grupo se le conoció como el de los yupis. Ellos eran Alejandro Sinibaldi, Juan Alcázar y Cristian Ross. Aunque de lejos se notaba la disputa de poder, especialmente de Alejandro Sinibaldi con Roxana Baldetti, también era evidente, por un lado, su sometimiento final a las órdenes de esta, y por el otro, el contubernio, consentimiento y compadrazgo de las prácticas corruptas, mafiosas y nada transparentes que ejecutaba la bancada a todo nivel. Se puede afirmar que el sector empresarial que ellos representaban, con posiciones extremadamente duras en cuanto a la defensa del estatus quo y el poder hegemónico, no tenía empacho en “compartir” con la incipiente banda Patriota a pesar de los pesares, lo cual nos demuestra que en esta tierra de infieles, y para nuestra desgracia, cuando de robar y extirpar el dinero del Estado se trata no hay pedigrí que cuente, o diferencia alguna entre nobles y plebeyos, o señores y siervos de la gleba.  

Este era el Partido Patriota con el que yo compartí, evidentemente corrupto y comprometido con el estatus quo y con los sectores tradicionales de poder; integrado de la forma más tradicional y politiquera posible, que apoyado por los sectores tradicionales de poder en todas sus expresiones, aupado incluso por organizaciones sociales y populares, y hasta por la gran mayoría de las autoridades de la propia USAC, nos llegó a gobernar. Todavía me pregunto cómo es posible que el pueblo de Guatemala no haya tenido la capacidad de darse cuenta de la tragedia que se le venía encima. Quizás la excusa de siempre nos ayude a comprender el tamaño de la desgracia nacional: es el caso de que en la elección en donde Pérez Molina se hace Presidente, era optar entre él y Manuel Baldizón; o sea, había que elegir entre el SIDA y el CÁNCER, entre la mara Salvatrucha y la mara Dieciocho, entre la inyección letal o la horca.

Lo cierto del caso es que nos merecemos un futuro diferente y es por esto que hay que mantenerse firme en la lucha. Los vientos de cambio nos deben llevar a cerrar esta negra página de la historia y con ello a enterrar a todos los políticos tradicionales y corruptos que usurpan nuestra Democracia y nos niegan un Estado de Derecho real y una verdadera República. 

BLOG EL CONGRESO DESDE SUS ENTRAÑAS: POR ANÍBAL GARCÍA

Abogado, diputado al Congreso de la República en el período 2007-2011. Candidato a la Presidencia de la República en las elecciones de 2015.

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