¿Has escuchado algo respecto a la supuesta terna finalista? Probablemente sí. En un país con una Población Económicamente Activa –PEA– (individuos en edad de trabajar, que realizaron alguna actividad económica o que están dispuestas a realizarla) que suma de acuerdo a la Encuesta Nacional de Empleo e Ingresos –ENEI– a unos 6.7 millones de personas, muchos buscan a diario una oportunidad que les cambie la vida.

En ese contexto y bajo una economía que se mueve en un 70 por ciento en el sector informal, de acuerdo al mismo estudio, la competencia por un trabajo bien remunerado y con prestaciones se ha convertido en una carrera cuesta arriba.

En efecto miles de guatemaltecos revisan los portales de empleo y los clasificados de los periódicos para encontrar el trabajo soñado y ser de ese selecto 21% que cuenta con cobertura del Seguro Social.

Miles buscan hasta por debajo de las piedras esa oportunidad que les permita desarrollarse profesionalmente y mantener a sus familias. Los requerimientos parecen cada vez más exigentes: título académico, estudios comprobables de postrado, inglés fluido, manejo avanzado de programas informáticos, experiencia comprobable de al menos cinco años en puestos similares y la lista puede continuar.

Todos estos requisitos debes  de haberlos  cumplido antes de los  35 años de edad. Resulta que estás al límite pero tus credenciales te dan como mínimo para competir con otros candidatos en un proceso justo en igualdad de condiciones: falso. 

Desde luego que no lo piensas mucho, actualizas tu hoja de vida, pides tus cartas de referencia, redactas los documentos exigidos (carta de motivación donde menciones tus objetivos y metas trazadas si resultas seleccionado). Haces todo lo que está en tus manos para quedarte con la plaza pero el trabajo está desde luego dado.

Has sido cuidadosamente seleccionado para entregar la papelería requerida y ser parte de la terna y quedarte con el premio de consolación:  tu expediente era muy bueno, pero que finalmente hubo “uno mejor”. Aunque claramente esta no es regla general pues en efecto hay muchas empresas e instituciones públicas responsables y éticas que reclutan con criterios objetivos y mediante procesos serios, lamentablemente si existen procesos viciados e indeseables. Acá algunos testimonios de personas que de una u otra forma lo han notado.  

Varias historias

Por esos caprichos del destino me he enterado, por varios cruces de información y a través del relato de varios candidatos defraudados, que muchas veces la famosa terna es una farsa creada para darle apariencia transparente a una selección a dedo.


Es así, pasa tanto en el ámbito público como en el privado.  “Mi amiga me pidió que enviara mi CV para aplicar a determinada plaza, ella ya sabía que sería contratada pero necesitaba otro perfil para llenar el requisito de la terna finalista. En mi caso fue menos traumático porque al menos sabía que se trataba de un arreglo, pero no es el caso de todos”, cuenta María.

“Me hicieron entregar un plan de trabajo, lo trabajé con esmero e ilusión, pero después me enteré que la plaza estaba dada a otra persona”, lamenta David, quien dijo que alguien muy influyente dentro de la institución a la que aplicaba se lo contó. 

En la iniciativa pública también suele ocurrir, Nohemi cuenta que ella vio, en más de una ocasión, cuando el área de Recursos Humanos empezaba a pedir expedientes para llenar requisitos de convocatoria,  pero que en realidad ya  se sabía quién sería el  ungido para la posición.

Supongo que hasta acá nada de este texto parece descabellado e inverosímil. Ocurre y más de una vez. Te ilusionas, haces planes con tu nueva oportunidad y cuando te enteras hay otra persona seleccionada, revisas su historial profesional en linkedin, sencillas búsquedas en Google y te sorprende saber que la persona que tiene el trabajo de tus sueños, está muy lejos de estar calificada para la posición, ni siquiera tiene las credenciales académicas para tener la plaza y mucho menos la experiencia.

Sencillamente conoció al gerente, director, jefe, coordinador, a alguien que tú no conocías y por eso y solo por eso obtuvo la posición, con la que tú soñabas. El problema no es ni siquiera que la plaza no sea para ti, sino que hayan usado tu expediente, tus cartas e incluso que te hayan citado y te hayan hecho ponerte ese traje, ese vestido oscuro, esas medias con diseño, ese perfume caro y te hayan entrevistado para hacerte perder tu valioso tiempo por un proceso que siempre fue una farsa.

Lo peor es que te enteras por terceros o porque en tu desesperación has llamado para preguntar qué ocurrió con el proceso. “No se preocupe, nosotros le comunicamos cualquier decisión que tomemos”.  ¿Cuántas empresas e instituciones se toman la molestia, esa de dos minutos y medio para al menos quitarte la angustia y la expectativa de encima? Si has leído este texto hasta acá seguramente es porque te ha pasado y porque en la Guate de los cuellos y de las influencias esas  tristemente cosas  como estas ocurren. ¿O no?


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