El miedo a la intimidad y la evitación de acercarse a otra persona es sumamente normal en adultos hoy en día, representando casi un 17% de la población adulta en las culturas occidentales. Como muchos de ustedes entenderán, puede volvernos loco e incluso enojarnos mucho sentirnos rechazados al intentar acercarnos a otra persona. Por otro lado, si somos de los que evitan, nos puede parecer igualmente confuso la manera irracional en la que una pareja demanda esa cercanía y ese cariño. Nos pueden surgir dudas de lo que quieren de nosotros y cómo pueden pensar que no amamos lo suficiente.

Esta manera de interactuar en pareja es totalmente normal, sin embargo, puede que no sea agradable sentirse parte de una relación de este tipo. Para poder empatizar mejor con la otra persona, es importante comprender qué es el miedo a la intimidad y de dónde viene. Así como entender que muchas veces a pesar de que alguien no demuestra sus sentimientos, no significa que no están allí. La mayoría de las veces no es ni siquiera un proceso consciente, sino viene en parte de la biología y el temperamento, y en parte de la forma en la que fuimos educados.

Teorías del Apego

Para entender de mejor manera de dónde sale este miedo, es importante enfocarnos en la famosa teoría del apego de John Bowlby. El apego es una conexión emocional profunda y duradera que conecta a dos personas a lo largo de espacio y tiempo. El primer apego que tenemos usualmente es con nuestra mamá o la persona que se encarga de nosotros cuando somos bebés, y este determina la manera en la cuál nos vamos a relacionar amorosamente y amistosamente con otros, por el resto de nuestras vidas. Es así de significante, ya que nos enseña la manera en la cuál el mundo va a responder a nosotros y nuestras necesidades. Una vez siendo bebés determinamos si el mundo es o no un lugar seguro, es muy difícil cambiar nuestra manera de relacionarnos con este, pues es parte de las memorias que no tenemos al alcance de nuestra consciencia. Es decir, siendo de las cosas más primarias que aprendemos, no recordamos el momento de aprendizaje, solo vivimos a partir de él y por ende, es muy difícil que lleguemos a cuestionarlo.

Según Bowlby, existen cuatro características que determinarán el tipo de apego que nosotros desarrollamos, el tener un refugio seguro, el tener una base segura en una persona, el mantenimiento de la proximidad o cercanía y la cantidad de malestar que nos causa la separación. Si la madre o el cuidador primario, llena todas las necesidades de seguridad del bebé, logrando que él entienda que su madre, aunque se vaya por un período de tiempo, siempre va a regresar, el bebé genera un apego seguro. Este apego le permite no sentirse ansioso en cuanto a las relaciones interpersonales, pues la pareja puede irse y regresar, sin que la persona sienta malestar, ansiedad o miedo a ser abandonado. Son personas que se sienten cómodas confiando en otros y con que otros confíen en ellos. Por otro lado, si la madre a veces cumple con las necesidades y a veces se ausenta por largos períodos de tiempo, el bebé probablemente se volverá muy irritable, tomará a la mamá muy fuerte de los brazos con un profundo miedo de la próxima vez que se vaya y no vuelva. Este bebé crecerá a ser un adulto con apego inseguro-ambivalente, que tendrá relaciones de pareja dependientes, con miedo a ser abandonado. Estas son las personas que usualmente ahogan a sus parejas en amor, pudiendo ser atosigantes, por el miedo a que estas se vayan. Por otro lado, si la madre se va por demasiado tiempo sin regresar, el bebé desarrolla un caparazón que le sirve para no sentirse en necesidad de nadie, cuando la madre vuelve, la recibe con indiferencia. Acostumbra su pequeña mente a saber que no puede depender de otros, por lo que evita acercarse a los demás. Estas son las personas que crecen con miedo a la intimidad, les gusta sentirse independientes y autosuficientes. Prefieren que otros no dependan de ellos y no se consideran vulnerables. Usualmente son adultos que niegan necesitar una relación cercana, incluso pueden ver las relaciones cercanas como innecesarias o poco importantes. Por lo mismo, buscan menos intimidad, esconden sus sentimientos y se distancian de las personas que pueden ser potencial fuente de rechazo.




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Una vez entendemos de dónde viene nuestra manera de relacionarnos con el mundo, es más fácil comprender el por qué de nuestras relaciones interpersonales. Muchas veces la cercanía en las relaciones crea vulnerabilidad y la posibilidad de que sintamos emociones negativas, por lo que para muchos es evitada, mientras que para otros es indispensable y una fuente de ansiedad. Sin embargo, las personas con miedo a la intimidad pueden ser personas muy populares, pues suelen ser exitosas en las competencias y los logros personales. A pesar de esto, son personas que no suelen compartir sus dificultades personales con otros y pueden sentir profunda soledad en ciertos momentos.

Es importante que, como seres humanos, podamos comprender el por qué de la forma en la que nos relacionamos con otros, pidamos ayuda si no estamos conformes con ella y empaticemos con las personas que tienen una forma diferente de hacerlo. Y tú, ¿con qué tipo de apego te identificas?


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