No recuerda muy bien su escuela y sus compañeros de clase ya fallecieron. Es, según ella, la única que vive y de sus días de alumna solo tiene presente que eran 23.

Y podría ser ese recuerdo o el tiempo de que dispone, lo que la llevó a votar. “Vine porque me enseñaron que eran 23 departamentos y si de algo vale mi voto, que lo cuenten”.

Amalia ha sido muy cumplida con la patria. Cada vez que hay una votación, elecciones generales o consultas, ella atiende la cita. Lo hace siempre cerca del medio día, pues es cuando menos “gente” hay en su centro de votación.

“Antes traía mi cédula de vecindad y tenia los sellos de cada votación, pero ahora con el DPI cuesta más acordarse porque ya no ve uno a cuáles ha venido”.

La anciana asegura que hoy fue a votar para dejar claro lo que ella cree. “Los departamentos de Guatemala son 23 no 22 como vienen diciendo”.

De niña, en la década de los 20, sus maestros le hacían aprender de memoria los nombres y las cabeceras de cada uno. Y Belice no era la excepción.

Un mapa en la pared de la clase colgaba y durante la clase de estudios sociales se repasaba geografía nacional. Aprendían los países de Centroamérica y sus capitales, pero en ningún momento les enseñaron una Guatemala sin Belice.




“Nos enseñaron que Guatemala es el país más grande de Centroamérica y que Belice es nuestro, ahora resulta que no y, eso, no es así”.

La anciana nunca llega sola a emitir su voto. Su hija Clara la ha acompañado las últimas dos veces. Y es ella quien la orienta para encontrar la mesa donde le toca.

Aunque se desplaza lento, los pasos de Amalia son firmes y decididos y no le gusta que le tomen del brazo. “A ella le gusta moverse sola, pero cuando tiene que firmar el libro sí hay que ayudarla para que pueda ver bien donde tiene que hacerlo”.

Nunca actualizó sus datos, por ello le toca en las mesas del fondo, las que están bajo toldos y no dentro de los salones de clase del Instituto Imrich Fischmann.

Ella considera que es su deber como ciudadana ir a marcar las papeletas y así expresar su opinión. “Mire hay que hacerlo, es mejor esto que andar en la calle armando relajos. Aquí es donde uno puede decir lo que realmente piensa”.

En la mesa en donde Amalia marcó su boleta otros 600 nombres engrosaban la lista de votantes, en su mayoría personas de la tercera edad. Para cuando ella llegó tan solo 60 habían asistido.

De acuerdo con el Tribunal Supremo Electoral (TSE) el grupo de votantes al que pertenece Amalia representa el 6 por ciento del padrón electoral. “Empadronados mayores de 71 años suman 467 mil 248 personas de los 7 millones 522 mil 920 empadronadas hasta el 14 de enero de 2018”.

Hoy, Amalia le cumplió a Guatemala, a sus recuerdos y a las enseñanzas de sus maestros. “Son 23” dice la anciana y asegura que de estar viva espera poder ir al Fischmann a elegir a sucesor de Jimmy Morales. 


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