María Isabel Veliz Franco tenía 15 años y estaba a dos meses de celebrar su cumpleaños. Trabajaba como vacacionista en un local en la 6a. avenida. El 16 de diciembre de 2001, le había dicho a su mamá, Rosa Elvira Franco, que no se preocupara. Esa noche iba a regresar a la casa con un amigo. Pero nunca llegaron y dos días después reconoció en las noticias a esa joven bonita, coqueta y alegre. Encontraron su cadáver en un sitio baldío en San Cristóbal. Era su hija. “Yo decía: ‘no es ella, no es’, pero sí era ella”, comentó. La madre y el famoso amigo fueron a la morgue a reconocer el cuerpo.

Rosa nunca olvidará el olor de la morgue de ese día. María Isabel había sido violada. Tenía las uñas levantadas, quemaduras de cigarro, signos de estrangulación; también le metieron un cuchillo y una bolsa en la cabeza. Era demasiado para una madre. “Es difícil pensar cuando el dolor es tan fuerte”, comentó. La adolescente fue enterrada el 20 de diciembre; días antes de Navidad.

Rosa Franco

Luego de un tiempo de tristeza y desesperación, Rosa comenzó a investigar por su cuenta la muerte de su hija. A pesar de que la madre había denunciado a la Policía Nacional Civil (PNC) y al Ministerio Público (MP) la desaparición y luego el asesinato de su hija, las autoridades parecían ignorar el caso. “A veces me dan ganas de ir yo misma a buscarlos, pero no soy el MP”, comentó.

“Las autoridades competentes han estado muy apáticas. No tienen un plan, una estrategia, nada”. 

Rosa descubrió que el amigo de María Isabel había sido cómplice del delito. El principal sospechoso del asesinato era un hombre, 30 años mayor, que molestaba a la joven. Tiene vínculos con el crimen organizado. También obtuvo un registro de llamadas del teléfono de su hija. Tres días después del asesinato, el dispositivo fue utilizado en Río Hondo, Zacapa.

“Por muchos años estuve sola en esta lucha”, comentó Rosa, quien debió buscar la justicia en el exterior. Acudió a Amnistía Internacional y denunció el caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Esta dictó, históricamente, la primera sentencia por femicidio en Guatemala: la sentencia Veliz Franco vs. Guatemala.

Fotografía en la oficina de Rosa

Entre los puntos de esta sentencia, se obligaba a las autoridades a investigar y capturar a los responsables del crimen. También, capacitar a todos los funcionarios, fiscales, jueces y demás, para tratar estos casos sin prejuicios. Nada de esto se ha cumplido.

El caso fue y es controversial, ya que en ese momento la auxiliar fiscal que lo llevó y el MP se refirieron a la joven como "una cualquiera" por su vestimenta. Rosa opina que la fiscal se lavó las manos como Poncio Pilatos. “Mandó el caso de una fiscalía a otra. Así estuvo por dos años que pudieron utilizarse para investigar”, agregó.

“Mi hija era coqueta, pero no una cualquiera. Y si lo fuera, todas las mujeres tienen derecho a que se les aplique justicia”.

Las personas señaladas todavía están vivas, pero no las han capturado. “Hay mucho que investigar, hay bastantes pistas y no han actuado. Cada vez son más pequeños los huesitos que hay”, mencionó Rosa. Según ella, si las autoridades hubieran buscado a su hija cuando se presentó la denuncia por desaparición, la habrían encontrado con vida.

A consecuencia de la tragedia, Rosa sufrió un infarto, padece de insomnio por las noches y muchas enfermedades por su sufrimiento. “Y los asesinos, bien gracias. Siguen matando. ¿Qué esperan para detenerlos?”, se preguntó Rosa. 




Incluso, durante un tiempo fue amenazada. Se realizaban operativos de vigilancia en su contra y en su casa. Hombres extraños la visitaban en su trabajo. Uno de ellos le dijo una vez que “se callara el hocico o se la iban a tronar”. Rosa denunció las amenazas a la Procuraduría de los Derechos Humanos y a la CIDH y ahora cuenta con seguridad personal.

Han pasado 17 años desde ese 16 de diciembre. Para Rosa, tanto en el caso de su hija como para miles de mujeres más, existe una completa impunidad. “Yo quiero doblar esa página y decir ‘se hizo’, quiero continuar con mi vida, pero me la cortaron”, dijo la madre. Tiene la esperanza que los sospechosos sean capturados algún día. “La espera desespera y enferma”, agregó.

Rosa continúa en la lucha diaria y ahora ve el lado positivo de la tragedia, como la Alerta Isabel-Claudina, un nuevo mecanismo de búsqueda inmediata de mujeres desaparecidas lanzado por el MP. “Espero que la alerta dé frutos, también quiero justicia para mi hija y otras mujeres”, expresó.

“Le reclamé a Dios en la morgue. ¿Qué pasó?, ¿dónde estabas? Luego le pedí perdón porque solo él decide cuándo y dónde. Todavía le pregunto por qué, pero ahora es para qué. Quizás mi hija fue el camino para que se dieran cosas positivas”.

Rosa cuenta que la alerta fue idea de la exfiscal Thelma Aldana. La nueva fiscal, Consuelo Porras, concretó el proyecto. “Los asuntos han avanzado para bien, pero a costa de la vida de mi hija. ¿Quién me la devolverá? ¿Quién me va a reponer mi salud?”, indicó.

El tiempo transcurre y los sospechosos siguen con vida. Rosa recuerda a su hija con un retrato pintado a mano y varias fotografías de esos días en los que María Isabel lucía hermosa el día de sus 15 años.

La muerte en cifras

De enero a julio de 2018, la PNC reportó 2 mil 216 homicidios y 15 secuestros. Los departamentos con mayor cantidad de ambos delitos son Guatemala y Escuintla. A nivel nacional, el 13 por ciento de los homicidios corresponde a mujeres, mientras que en el departamento de Guatemala es un 18 por ciento. El porcentaje más alto de homicidios de mujeres lo tiene el departamento de Sololá con 29 por ciento del total.

A la fecha, se han emitido más de 146 alertas Isabel-Claudina. Diariamente, se reportan al menos tres casos de mujeres desaparecidas. El 74 por ciento de ellos es reportado por los familiares. El departamento de Guatemala cuenta con más de 40 alertas emitidas, según información del Ministerio Público.

Fotos: Elena Gaytán


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